27 de octubre de 2008

Intermedio y Anuncios

Nuevos cambios en la alineación: despedimos al observante Ariel Montalvo, quien inicia un programa de maestría en Bogotá. Le deseamos mucha suerte a Ariel y sabemos que contamos con sus sugerencias y anotaciones para continuar con este proyecto.

Y ahora, le damos la bienvenida a tres nuevos observantes, Lourdes Hernández Quiñones, Virginia Muñoz y Christian Rinaudo, quienes ya han colaborado con nosotros anteriormente y quienes sabemos enriquecerán el trabajo que se hace desde esta trinchera.

En el video, el grupo Mono Blanco interpreta "Dolores" de su último CD Matanga. Grabación de Juan Ballester, Murcia, España, enero de 2008.

20 de octubre de 2008

Los derechos, la música y la imagen

El pasado 4 de octubre Annette Fradera, consultora, productora y supervisora musical para cine presentó la ponencia "Los derechos, la música y la imagen" en el Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana. En esta presentación se habló sobre los derechos de autor para música en cine y documentales, particularmente sobre el problema que representa para los documentalistas el uso de imágenes donde se registra música ambiental sobre la que hay que pedir (y pagar) derechos.

Agradecemos a Annette que nos permita reproducir su ponencia, llena de ángulos novedosos para mirar el panorama de la creación y el límite de los derechos...

Los derechos, la música y la imagen
Annette Fradera

La música nos maravilla, pero ese bien cultural intangible, gozoso o triste, volátil, que viaja en el aire, también puede ser una pesadilla, pues al fijarse en una película adquiere una tangibilidad tal, que le quita el sueño a realizadores y productores por igual.

Aunque es conocimiento de muchos, difícil resulta hablar en una mesa de música, multiculturalidad y cine sin mencionar a Morricone, Nino Rota, Silvestre Revueltas, Antonio Carlos Jobim, o a Kusturica y Ry Cooder, quienes como compositores para cine nos traen de muy diversas formas, tanto doctas como populares, los aires y sonidos de sus países, de sus comunidades… imprimiendo sellos únicos que no dejan lugar a duda de su procedencia, plasmando su cultura en las bandas sonoras de películas.
No todos los compositores para cine tienen esta cualidad o característica; los hay genéricos y, aunque no privilegien transmitir identidad cultural - porque el mercado así lo pida- sí resuelven en muchos casos el reto de contribuir al buen fluir de la narrativa de los films.

Sin embargo, más que la música compuesta para películas, lo que quiero tratar hoy aquí, aunque sea brevemente, es la música “in situ” de los trabajos de documental y cine directo.

Hablando de multiculturalidad, ¿qué mejor que el documental para tener registros y observar las formas en que la música se presenta y representa en nuestro cotidiano, en nuestras muchas realidades?

En cuanto a la música en sus trabajos, ¿qué problemas enfrentan los documentalistas y realizadores de cine directo?

Al momento de realizar un registro audiovisual, el aire está invadido de sonidos de toda naturaleza; en muchos casos se trata de una verdadera contaminación del espacio sonoro, cuyo respeto parece no importar en este país y en muchos otros de nuestra Iberoamérica...
Un registro documental que no contempla una postproducción de audio –que en todo caso puede llevar a una relativa pérdida del contexto sonoro- se encuentra en un aprieto por el temor de los realizadores al no solicitar permiso y no pagar la cuota que les pidan por todo aquello que se registró en las tomas, a parecer enemigos de los autores de la música que aparece, a ser demandados o sacados de su circuito de exhibición, por mencionar algunos de los inconvenientes…

Para comprender mejor el por qué de las dificultades tan serias y preocupantes relativas a la música, imaginémonos el siguiente escenario:

-Por fin se dejó ver en público el más famoso héroe popular que vela por los yerberos y brujos en los mercados de esta ciudad: “Super Brujo”.
El documentalista acude presto, sigiloso e invisible, a querer captar este increíble momento para su documental “Brujos y Yerberos en México, ¿Nuestra última esperanza?”
Llega al mercado, prende la cámara y…

¿Qué música es la que suena?
¿Quién la compuso?
¿Quién la representa o administra?
¿Quién la interpreta?
¿De quién será la grabación que está sonando?
¿Y esa otra? ¡Oh no…! Corte!.. Corte!!
¿Cuánto me va a costar que me den permiso de conservarla en el documental?
¿Cuánto tiempo me llevará tramitarlo?
¿Necesito un abogado?
¿Necesito dos?
¿Hay alguna tarifa , o parámetro de referencia, digo, pa’ saber en que me estoy metiendo?

“¡Auxilio, Socorro!... ya sé, voy a quitarle todo el audio y doblar los testimoniales. Y cuando bailan… pues me traigo a mi primo que toca la guitarra y a ver como lo arreglamos...”

Y en lo que el documentalista se hace todas estas preguntas y se truena las meninges, Super Brujo se hizo una limpia, dio entrevistas, tres vueltas chaparras y se fue. -

Eso… quitémosle el contexto sonoro a los trabajos, la posibilidad de saber si fue grabado en Tepito o en el Mercado de San Juan, si fue en el 2008 o en 1999, si lo que más cantan en los festivales del 10 de Mayo es a Gloria Trevi o a Shakira… ¿a quién le importa? ¿Mexicana o Colombiana? ¡Da igual, es Pop Latino!

Situaciones como la que acabo de narrar, que he visto suceder a menudo, me parecen inaceptables, y expongo aquí mis reflexiones y observaciones en este sentido:

La música que suena en el aire, en las calles, los mercados, las iglesias, donde sea, “in situ” pues, es parte de un contexto social y cultural determinado. Sería absurdo pensar en separarla o eliminarla de un registro documental. Hacer esto es una forma de distorsionar y hasta permutar la historia, las noticias, el contexto de los hechos, dónde ya nadie sabe qué es real, qué es que…

En tiempos donde todo se puede manipular, en que editoras y disqueras pretenden amedrentar, amenazantes e inaccesibles, a los usuarios y realizadores ante el inminente colapso del modelo de negocios y las reglas que ellos mismos establecieron, usufructuaron y agotaron sin reserva, -ojo: seguimos hablando de música- con mas razón hay que echar mano de lo que sea que nos pueda servir para proteger la música contenida en documental, o mejor dicho, proteger a los documentales de quienes reclaman derechos sobre la música que estaba ahí.

Nadie nos pide una autorización o nos paga por invadir nuestro espacio sonoro de la forma tan brutal como sucede hoy en día. Es un tema ausente en la ley sobre todo en lo que se refiere al hecho de convertirnos en “consumidores” aún en contra de nuestra voluntad.

Esa promoción y mercadeo que goza la música a través de los medios y los aparatos de amplificación sonora, corresponde cada vez menos a una selección digamos “natural” del gusto de las personas. Esa selección depende cada vez más de las nuevas tecnologías y sus comunidades de consumo…

El catálogo de música mexicana que prevalece en el “aire” de nuestro espacio sonoro, fue decantado por el gusto popular, la radio y el cine en tiempos pasados.
Después, por los medios de comunicación dispuestos a negociar la programación con las disqueras (la famosa "payola”).

Hoy día está siendo decantado, no por lo que yo llamaría selección natural, sino por lo que queda de las disqueras y las editoras, que muestran muy poco interés en divulgar obra desconocida. El catálogo de música mexicana que podríamos calificar de emblemática se encuentra de cierta suerte “secuestrado” y fuera del alcance, por incosteable, de los realizadores mexicanos.

No todo está perdido, hay que informarnos y ejercer los derechos que protegen los trabajos documentales.

Primero, y sin entrar aun a otras ideas relativas a las nuevas formas de modelos de negocios por venir , he aquí algunos conceptos que contempla la ley y cosas que se pueden hacer para escenarios como los que he descrito anteriormente:

-El derecho de cita, que permite la utilización de fragmentos incluso con intenciones de crítica, siempre y cuando se respeten los derechos morales del autor (otorgando su crédito).

-Enlistar en créditos las canciones si se saben los títulos, los autores, si saben los nombres, y de lo que no se sepa, aclarar, también en créditos, que es desconocido para el realizador.

-Obtener la información para créditos que pueda proveer la SACM o una búsqueda razonable. Actuar de buena fe en este sentido, sin fines de lucro, sin que la música sea el fin del documental.

-No caer en el error de sacar audios por temor a tener que pagar derechos de sincronización cuando no están sincronizando; están captando lo que está en el aire, y repito, el audio se convierte en parte de el contexto que determina aspectos como geografía, época, clase social, usos y costumbres, etc., y por lo tanto es parte indisociable del documental directo.

-Asesorarse debidamente con abogados especializados en la materia de manera preventiva y no sufrir después. Recurrir a la UNAM, a la SOGEM, a la misma SACM que tendría que ofrecer información y soluciones.

-Exigir en las escuelas de cine y de medios de comunicación una educación jurídica más actual, precisa y útil. No temer a lo legal, hacer consultas grupales para abatir costos y divulgar el conocimiento adquirido entre colegas sobre la marcha.

- Recurrir a Creative Commons (creativecommons.org)

Lo que viene: Creative Commons

CC es una forma de normar o reglamentar lo que hoy no contempla la ley de derechos de autor y Copyright, de una forma directa, con la decisión del creador o autor.

Y cito un fragmento de la definición tomada de su página oficial:
“Creative Commons define el espacio que se encuentra entre el espectro de la protección absoluta de los derechos de autor - Todos los derechos reservados� - y el dominio público - Ningún derecho reservado� -. Las licencias te ayudan a conservar tus derechos autorales invitando a usar tu obra bajo el esquema de ‘Algunos derechos reservados’.

“Creative Commons nace como proyecto gracias a la iniciativa de Lawrence Lessig, profesor de derecho de la Universidad de Stanford y estudioso de los fenómenos sociales y culturales del ciberespacio. CC es una organización sin fines de lucro que persigue como principal objetivo ofrecer licencias modelo que faciliten la distribución y uso de contenidos.”

CC no pretende sustituir la ley de derechos de autor, al contrario, tal ley es necesaria para normar muchas cosas, es un complemento que matiza el uso y usufructo de una obra. Abre muchísimas posibilidades. Es el momento histórico de repensar los paradigmas de la industria y no esperar a que colapse del todo para empezar a buscar opciones. Es un momento emocionante para pensar en todas las posibilidades e imaginar hasta dónde podemos llegar.

El mercado de la cinematografía, así como el de la música, siempre han observado una resistencia a los cambios dado que operan con un modelo de negocios muy lucrativo que conocen bien, y no es de sorprenderse que, ante la llegada de nuevas formas y modelos, antes de cambiar, pretendan controlar. Ya se adaptarán después de ganar todas las batallas legales aunque pierdan todas las batallas socioculturales y tecnológicas, y esto sólo con el fin de retrasar los inminentes cambios que vendrán.

El cine, como la música, donde la Cultura y la Industria se encuentran y las contradicciones están a la orden del día, también tienen todo por reinventar en cuanto a modelos de negocios.

Mucho se ha hablado en este Congreso del asunto y sabemos que los modelos de distribución y exhibición que conocemos hoy, las leyes que protegen a unos y no a otros, los incentivos para la producción, etc., etc., están muy lejos de ser una respuesta a las necesidades de divulgación y recuperación de los films.

Hay que ser optimistas: existe una gran comunidad emergente en el mundo con una visión moderna y con futuro que permite la participación activa de los autores y creadores, que contempla nuevas prácticas sociales con nuevas tecnologías. Antes era impensable hacer una divulgación de obra por cuenta propia como resulta posible hoy.

Veremos nuevas formas descentralizadas; antes las opciones que prevalecían en cine era “Cultura Hollywoodense” o “Cultura Ninguna”, ahora eso está fuera de discusión, las opciones aparecen y las están adoptando las nuevas generaciones creando sus comunidades en red en donde comparten, compran, venden y consumen en general cantidades incalculables de bienes culturales.

Importantes ventajas son las que ofrecen el “filesharing” y el “open source” a cualquier ciudadano del mundo, permitiéndole acceso al conocimiento y a todos los contenidos con la punta de los dedos. Un horizonte infinito de educación y cultura …cada ciudadano se puede enriquecer de una forma que no ha sido vista desde hace mas de 150 años con el advenimiento de las bibliotecas públicas.

Y cada creador tiene las mismas posibilidades en el otro sentido, que su obra viaje y sea conocida, consumida y hasta utilizada si lo desea.

Yo no creo que los consumidores no quieran pagar a los artistas, pero sí creo que hay notables señales que indican que los consumidores no quieren pagar a las grandes corporaciones con quienes se relaciona más la manipulación del mercado, de medios, la censura e incluso la libertad de crear.

Sobre lo libre y lo gratuito; el concepto de lo “free”…


Las estrategias que se manifiestan hoy en día para consumir a menor costo productos audiovisuales son campo amplio y minado de discusión. Reflexionar sobre la complejidad de fenómenos como la retención irrestricta de derechos de posesión, la piratería y las estrategias de creación, distribución y adquisición de productos culturales se vuelve cada vez más urgente. Sin embargo, no podemos negar que si se flexibilizan las fórmulas del mercado y se negocia de forma justa entre creadores, distribuidores y consumidores, podríamos producir una economía de la cultura más viva, vibrante y propositiva, cuando el control y la restricción en estos tiempos solo ahuyenta a los jóvenes talentos que encuentran otras salidas por la red.

Será un proceso difícil y turbulento, pero así es como veremos revolucionar a las industrias culturales y el mercado para los creadores. Y seamos realistas, lejos de una cultura con una aproximación individualista tan ejercida entre los 60’s y los 90’s, hoy día los proyectos colectivos como el cine son los que atraen más a los jóvenes y prometen más largo alcance.

Antes de terminar mi intervención, quisiera expresar mi sincero agradecimiento al Dr. Cesar Callejas (UNAM) y a la Mtra. Ishtar Cardona.

Gracias por su atención.

13 de octubre de 2008

Intermedio


Mono Blanco y la Cofradía de San Antonio en la portada de la revista music:life
http://musiclife.com.mx/index.php

ADELANTAMOS A NUESTROS LECTORES QUE LA SEMANA QUE ENTRA SE ANUNCIARÁN CAMBIOS EN EL BLOG...

PRÓXIMO POST: Lunes 20 de octubre

6 de octubre de 2008

La “cultura” y la sarna en los medios

En primer lugar, nos congratulamos por la elevación a rango constitucional del Derecho a la Cultura, y esperamos que esta acción, llena de buenas intenciones, sea la señal de salida para que se generen iniciativas destinadas a llenar los huecos legales que inmovilizan la creación y promoción cultural en nuestro país.

Después de este párrafo festivo-reflexivo, le damos la bienvenida a Omar Piña, escritor y periodista cultural, compañero blogger autor del blog asteriscos y subrayados y antiguo director de la sección de cultura del Milenio Diario de Xalapa.
En esta ocasión, y siguiendo con el tema de la necesidad y las aristas de una legislación que dote de base jurídica a la acción cultural en nuestro Estado y en nuestro país, Omar reflexiona sobre el cruce de legislación sobre cultura y medios de comunicación.

La “cultura” y la sarna en los medios
Omar Piña

Los correctores de estilo que —a veces- se afanan en las salas de redacción de los medios en que he laborado, pareciera que tienen un acuerdo implícito para referirse a la sección de cultura (y su contenido, es obvio) con un apodo que genera risas pero que a la vez refiere una visión en conjunto. Le llaman “Tortura.” Y no es porque la relacionen con una torta, su acidez verbal es clara: tiene que ver con el tormento. ¿Es un sacrificio leer y corregir quizá la parte más amable (además del resultado de los Pronósticos) que los lectores tendrán frente a sus ojos en la edición del siguiente día?

El ancla no sólo es responsabilidad de los correctores y sus términos peyorativos. Jefes de información y directivos soslayan su preocupación sobre el contenido de la sección cultural. Todos saben de antemano que las noticias allí publicadas no darán rebambaramba a menos que se trate del hurto de una obra considerada patrimonio artístico o el deceso de un santón encumbrado en el barroquísimo e intrincado altar del sector llamado Cultura.

¿A quién le interesan las noticias o textos con carácter de divulgación que se incluyen en la sección cultural de un medio de información? Hay tres entidades: protagonistas, emisores y receptores. La aseveración que indica: “si apareces, existes”, quizá tenga validez desde el punto de partida que considera que todo medio informativo tiene funciones sociales. Por tanto, lo que se publica va, obviamente, dirigido a un público. Pero en el caso de los medios (que se suponen abiertos o destinados a la población en general) habrá que indagar si todas las secciones están destinadas al grueso del consumidor y en todo caso, si el consumidor las acepta.

Las cotizaciones, precios al alza y baja de la Bolsa de valores dan cuenta del comportamiento del mercado; la página de las ofertas del día promovidas por los supermercados dan opciones al comprador inmediato. La cotización se ubica en sección financiera, la oferta cotidiana tiene cabida en las secciones general o de sociales. ¿Qué sección recibe mayor atención de parte del público? Y en el caso específico de la “cultura” pongamos sobre la mesa únicamente dos preguntas que, por su maña en el planteamiento, conducirán a respuestas evidentes. La primera, ¿es más interesante informarse sobre el deterioro de un inmueble considerado patrimonio artístico o la precaria condición en que vive una otrora celebridad de la farándula? Segunda, ¿qué monto interesa más, el incautado a un narcotraficante o el financiamiento destinado a las becas para el estímulo a la creación artística?

Las cifras no hablan, pero se interpretan. Los portales electrónicos de los medios informativos sitúan en sus páginas de inicio una valoración de las noticias más leídas. Se trata de un criterio “automático” impuesto por los lectores, no directamente de las casas editoriales. En agosto de 2008, el portal de El Universal sólo reportó como noticia “más leída” del sector cultural la muerte de dos personajes mexicanos: el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda y el escritor Alejandro Aura. En los días restantes, al grueso del público, ninguna noticia del sector cultura le valió atención necesaria como para ubicarla en el sitio de las más consultadas.

La situación de la cultura en México es desalentadora, la falta de acuerdos y consensos impide que se atienda a los nuevos sectores (niños y jóvenes). La intención de protagonistas y divulgadores es viable, pero a 20 años de creado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) el debate sigue abierto y las soluciones son tan distantes que ni siquiera existe una ley federal en materia de Cultura y adolecemos de un Ministerio o una Secretaría de Cultura; todo se nos queda en Consejo, Instituto, Dirección o adorno.

¿Hay una ley que obligue a los medios informativos a sostener una sección de cultura en sus espacios? No. Como tampoco hay intención de los medios por fomentar una especialización entre sus reporteros y de allí la falta de ampliación de las secciones, carteleras incluyentes (son casi un milagro las que ordenan las instituciones públicas a través de las inserciones pagadas), crítica y valoración artísticas, espacios destinados a fungir como escaparate de obra y una labor editorial para valorar los alcances y los retrocesos. Sin un lugar para el debate público, las actividades artísticas, recreativas y académicas serán para consumo interno o bien la caloría extra para engordar la egoteca de los creadores.

La falta de una legislación que ampare a todas las áreas consideradas como actividades o patrimonios culturales afecta al mismo ejercicio en los medios de comunicación. Por una parte, el periodismo cultural raramente se presenta como opción en las carreras que forman comunicadores, ese terreno aún es subjetivo y ¿de qué forma un solo reportero puede abarcar todas las disciplinas artísticas? O mejor dicho, ¿cómo puede ejercer una correcta divulgación o una crítica? No hay una base jurídica que fomente un punto de partida y entonces la noticia cultural queda a la zaga de los gustos o bien del mero reporte que únicamente da cuenta de inauguraciones y presentaciones.

La obvia incapacidad de ejercer críticas o evaluaciones no afecta sólo al medio y al público lector. Es un problema que va más a fondo, la incipiente crítica jamás fungirá como acicate para que los organismos públicos encargados de la administración y gestión cultural sean mostrados a la opinión pública tanto en sus aciertos como en sus fallas. En apariencia no ocurre nada porque además de la falta de preparación no hay tiempo para dar seguimiento a las notas y así poder efectuar la medición de los impactos. Las secciones de cultura no tienen una nómina generosa, como la política y por lo regular un medio contrata a una sola persona para cubrir las funciones de coordinador, reportero, fotógrafo e incluso formador de la propia sección (en el medio impreso).

Si bien la especialización en el periodismo cultural es un proyecto que se queda en las buenas intenciones, la falta de preparación no lo es todo. Los bajos salarios que perciben los empleados de los medios obligan a que un mismo reportero busque trabajo en la mayor cantidad de empresas posibles y su reporte se convierta en una base similar que varía según la función del soporte al que va dirigido: información rápida y apenas digerida que se difunde igual en prensa, radio y televisión. Si la media salarial es de cuatro mil pesos mensuales, difícilmente un periodista de cultura trabajará para un solo medio. Y si la exigencia diaria es cubrir una sección que abarca disciplinas tan variadas, es más complicado que el divulgador encuentre tiempo disponible para sopesar la información y darle un tratamiento de periodismo de fondo.

Los medios locales que más pueden abarcar los terrenos culturales lo hacen mediante la colaboración, donde la remuneración es obtener un cierto prestigio de crítico ante la comunidad de creadores y practicantes. En la mayoría de los casos los colaboradores son especialistas en su tema (cine, danza, pintura, literatura, etcétera) pero carecen de la formación que permita la correcta divulgación periodística y a veces las columnas se convierten en un diálogo de sordos. Añadamos que la falta de pago evita la aparición constante de los espacios de crítica, ¿cómo puede, un coordinador de cultura, obligar la entrega puntual y correcta del material que, de manera gratuita, le proporcionan sus colaboradores?

La cultura será una coyuntura milagrosa en los medios hasta que no se legisle y regule su verdadera función social que no es adorno o recreación sino la manifestación más sublime de lo humano.

laberinto_ver@yahoo.com.mx
http://asteriscoysubrayados.blogspot.com/

3 de octubre de 2008

Se aprueba constitucionalmente el derecho a la cultura...

Dos de octubre:

"Por unanimidad de 334 votos en favor, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó ayer la iniciativa de reforma constitucional para garantizar el acceso de las personas a la cultura y salvaguardar los derechos de autor."
http://www.jornada.unam.mx/2008/10/03/index.php?section=cultura&article=a07n1cul

"El pleno de la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad la reforma que eleva a rango constitucional el derecho a la cultura, para garantizar que toda persona tenga acceso y disfrute de los bienes y servicios que tiene el Estado en ese ámbito."
http://www.milenio.com/mexico/milenio/nota.asp?id=665077&sec=8