Con la detención de María de Jesús Bravo Pagola y Gilberto Martínez Vera se ha abierto una puerta peligrosísima, no solamente en Veracruz, sino en todo México.
Cuando no existe información confiable y transparente, la sociedad construye sus propios canales de comunicación. ¿Por qué tanto miedo a lo que surja de la sociedad y que no es producto de la acción gubernamental? ¿Por qué tanta suspicacia hacia los ciudadanos? Encarcelar a alguien por reproducir información, por más equivocada que sea ésta, en lugar de perseguir a quien asesina y corrompe de forma directa, nos habla de las prioridades de la administración estatal (tener control sobre la información > desmantelar las redes de complicidad y corrupción criminal en el Estado). Por otra parte, se da muestras de la capacidad de recepción crítica de los gobernantes: nula.
Es preocupante el clima de soberbia y opacidad que priva actualmente. Se clausura el camino de la autogestión informativa ciudadana, y el pasado 7 de septiembre se vota en la Cámara de Diputados Federal la iniciativa que adiciona el artículo 412 Bis al Código Penal Federal, suscrita por el diputado Arturo Zamora Jiménez, del Grupo Parlamentario del PRI, (presentada desde enero de 2010) que sanciona como delito electoral con multa y cárcel a quien "injurie o difame" a un actor político.
El autoritarismo está dejando de ser una tentación para los actores políticos y se está tornando realidad.
Sin un clima de libertad de expresión, y de verdadero respeto al contrato social, no es posible hacer crecer en las mejores condiciones el universo expresivo humano. Manos, ojos y boca vendados no generan puentes comunicativos.
Por ello, queremos darle difusión a la carta que Amnistía Internacional México está haciendo circular para pedir al Gobernador del Estado de Veracruz, Javier Duarte Ochoa, la liberación inmediata de María de Jesús Bravo Pagola y Gilberto Martínez Vera, así como exigir sean respetados los derechos a un juicio justo y la libertad de expresión.
Les pedimos a nuestros lectores que si comulgan con las ideas aquí expresadas, por favor firmen la carta que reproducimos a continuación.
La liga a la página con la carta a firmar se encuentra al pie del texto.
__________________________________________________________
Dos personas han sido detenidas en Veracruz, México, con cargos por terrorismo y sabotaje, luego de que se les acusará de publicar mensajes vía Twitter y Facebook. Las investigaciones están en curso y hasta el momento se les ha sido negado el acceso a un proceso judicial justo. En caso de que se les encuentre culpables podrían enfrentar hasta treinta años en prisión.
El 26 de agosto, la periodista local María de Jesús Bravo Pagola (conocida como Maruchi) y el maestro Gilberto Martínez Vera fueron detenidos por la policía en sus casas en la Ciudad de Veracruz, ubicada en la costa este de México. Según las autoridades estatales, ambos habían sido rastreados y arrestados después de que rumores sobre posibles ataques a escuelas locales por grupos criminales circularan a través de las redes sociales el 25 de agosto, lo que dio como resultado que padres de familia recogieran a sus niños y varias escuelas cerraran temporalmente.
El gobierno del estado responsabilizó del pánico a la rápida circulación de falsa información y acusó a María de Jesús Bravo y a Gilberto Martínez Vera de circular la historia en Twiter y Facebok, ambos fueron detenidos y acusados de terrorismo y sabotaje de acuerdo con el Código Penal de Veracruz.
Sr. Javier Duarte Ochoa
Gobernador del estado de Veracruz
Sr. Gobernador,
Le escribo para transmitirle mi honda preocupación por la reciente detención contra la periodista María de Jesús Robles Pagola (conocida como Maruchi) y el maestro Gilberto Martínez Vera el pasado 26 de agosto por cargos de terrorismo y sabotaje, en conexión con publicaciones vía Twitter y Facebook.
Así mismo, le pido se realicen investigaciones inmediatas e imparciales de las denuncias de los detenidos sobre maltrato y coerción, así como la negación al acceso de abogados de su elección durante su detención y juicio por la policía judicial y autoridades.
Adicionalmente, le pido que sean respetados los derechos a un juicio justo y la libertad de expresión; y exijo una revisión completa de la conducta de las autoridades estatales en la detención y acusaciones a María de Jesús Bravo y Gilberto Martínez Vera.
Atentamente,
(nombre del firmante)
http://alzatuvoz.org/twitteros
DESDE LA COSTA ESTE, REFLEXIONES QUINCENALES SOBRE ESA COSA LLAMADA CULTURA...
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12 de septiembre de 2011
9 de febrero de 2009
Balance de las propuestas para la iniciativa de ley
En esta ocasión concluimos la serie sobre las propuestas y perspectivas referentes a la Iniciativa de Ley de Arte, Cultura y Patrimonio del Estado de Veracruz. Lo hacemos con un balance grupal, propuesto por los miembros del Observatorio.
Desde julio de 2008, el Observatorio Cultural Veracruz ha publicado en su blog varias contribuciones para establecer las características básicas que considera deber incluir la iniciativa de Ley para la Cultura, las Artes y el Patrimonio del Estado de Veracruz desde los diferentes campos de la generación, promoción y distribución de las artes y la cultura.
En este marco, también respondió a la convocatoria realizada por la LXI Legislatura del Estado de Veracruz para la presentación de ideas a incluir en esta ley, participando al Foro Arte, Cultura y Patrimonio, realizado en la ciudad y puerto de Veracruz el 8 de agosto de 2008.
Después de este Foro, ha buscado mantener esta dinámica de reflexión colectiva, solicitando a varias actores del sector cultural de Veracruz para recibir y difundir sus dudas, comentarios, propuestas y sugerencias.
Igualmente, trató de obtener informaciones ante los legisladores en cuanto al avance de la iniciativa de ley de tal manera que se mantenga el contacto entre el Estado y la sociedad civil, y que no se olviden los dudas, propuestas y comentarios de los ciudadanos, creadores y gestores culturales que han contribuido a la discusión colectiva.
¿Seis meses después del principio de este proceso, cuales son los elementos generales que podemos sacar de las discusiones que tuvieron lugar en este espacio?
1) Resulta de estas contribuciones tanto del Observatorio como de muchos bloggers invitados que la elaboración de una ley de cultura a nivel estatal representaría un gran avance. En muchos sectores, parece incontestable la falta de una legislación que podría amparar, fomentar, revitalizar, apoyar, regular actividades culturales individuales o colectivas, infraestructuras y espacio públicos destinados a la cultura, centros culturales ciudadanos o comunitarios. Con la condición que tal instrumento legislativo se traduzca en políticas culturales que propicien acciones concretas, que sea pensado como aplicable y que sea aplicado, que sea benéfico para la sociedad, los creadores y todos cuantos participan de los frutas de la cultura, que garantice una continuidad temporal más allá de los cambios electorales, y por supuesto, que no excluya a ciertas expresiones culturales por no considerarlas “valiosas”, “auténticas”, “dignos de interés”, “de buen gusto”, ni a cierto individuos o grupos por su condición social específica.
2) Otro elemento fundamental compartido en este espacio de discusión fue el que consistió en considerar la cultura como un asunto propio, no dependiente de ningún de sus usos sociales, económicos y políticos (lógicas de desarrollo del turismo cultural, de patrimonialización de formas de expresión cultural rentables económicamente en detrimento de otras menos atractivos, de festivalización encaminadas a movilizar las masas populares locales con fin de sacar provecho electoralmente…), cuya finalidad no es generar ganancias, ni ser proyectores de las funciones del gobierno. En este sentido, fue mencionada la idea de separar a nivel institucional la Cultura del Turismo y de crear una Secretaría de Cultura independiente de otras áreas de administración estatal.
3) Por otra parte, resalta también de los debates llevados con los actores invitados involucrados en varias sectores culturales de la producción, difusión, promoción, investigación (música, danza, fotografía, periodismo, cinema, teatro, literatura) la importancia de reconocer la participación ciudadana en la definición, puesta en marcha y evaluación de las políticas culturales con fin de fortalecer la vinculación entre el gobierno y la sociedad civil. Así fueron sugeridas la posibilidad de incorporación de formas de representación de la sociedad dentro del funcionamiento institucional, o la que podría consistir en nombrar entidades capaz de realizar tareas específicas establecidas en el marco de la ley.
4) Aunado a lo anterior, se ha considerado en el blog la importancia con esta ley de inscribir la cultura dentro de una estructura descentralizada y desconcentrada, que proponga una reglamentación de la participación del sector privado (mecenazgo, desgravaciones fiscales), que plantee un marco específico que pueda garantizar la condición no solo jurídica sino social de los artistas y actores culturales, pero también que sea capaz de ejercer una regulación eficiente para que la cultura no sea reducida a un adorno o lugar de recreación de parte de los medios de comunicación del sector privado.
Así, para concluir, lo que quizás aparece como la cosa más compartida por los actores del sector cultural digamos “no comercial” —o sea que se ubican a distancia de las actividades de las estrellas de Televisa o de los grandes circuitos comerciales como le dijo Gilberto Gutiérrez en este blog— es la esperanza de un marco legislativo que permita reconocer su valor (más que su utilidad) y garantizar sus derechos sociales. ¡Ojalá que no sean decepcionados!
Desde julio de 2008, el Observatorio Cultural Veracruz ha publicado en su blog varias contribuciones para establecer las características básicas que considera deber incluir la iniciativa de Ley para la Cultura, las Artes y el Patrimonio del Estado de Veracruz desde los diferentes campos de la generación, promoción y distribución de las artes y la cultura.
En este marco, también respondió a la convocatoria realizada por la LXI Legislatura del Estado de Veracruz para la presentación de ideas a incluir en esta ley, participando al Foro Arte, Cultura y Patrimonio, realizado en la ciudad y puerto de Veracruz el 8 de agosto de 2008.
Después de este Foro, ha buscado mantener esta dinámica de reflexión colectiva, solicitando a varias actores del sector cultural de Veracruz para recibir y difundir sus dudas, comentarios, propuestas y sugerencias.
Igualmente, trató de obtener informaciones ante los legisladores en cuanto al avance de la iniciativa de ley de tal manera que se mantenga el contacto entre el Estado y la sociedad civil, y que no se olviden los dudas, propuestas y comentarios de los ciudadanos, creadores y gestores culturales que han contribuido a la discusión colectiva.
¿Seis meses después del principio de este proceso, cuales son los elementos generales que podemos sacar de las discusiones que tuvieron lugar en este espacio?
1) Resulta de estas contribuciones tanto del Observatorio como de muchos bloggers invitados que la elaboración de una ley de cultura a nivel estatal representaría un gran avance. En muchos sectores, parece incontestable la falta de una legislación que podría amparar, fomentar, revitalizar, apoyar, regular actividades culturales individuales o colectivas, infraestructuras y espacio públicos destinados a la cultura, centros culturales ciudadanos o comunitarios. Con la condición que tal instrumento legislativo se traduzca en políticas culturales que propicien acciones concretas, que sea pensado como aplicable y que sea aplicado, que sea benéfico para la sociedad, los creadores y todos cuantos participan de los frutas de la cultura, que garantice una continuidad temporal más allá de los cambios electorales, y por supuesto, que no excluya a ciertas expresiones culturales por no considerarlas “valiosas”, “auténticas”, “dignos de interés”, “de buen gusto”, ni a cierto individuos o grupos por su condición social específica.
2) Otro elemento fundamental compartido en este espacio de discusión fue el que consistió en considerar la cultura como un asunto propio, no dependiente de ningún de sus usos sociales, económicos y políticos (lógicas de desarrollo del turismo cultural, de patrimonialización de formas de expresión cultural rentables económicamente en detrimento de otras menos atractivos, de festivalización encaminadas a movilizar las masas populares locales con fin de sacar provecho electoralmente…), cuya finalidad no es generar ganancias, ni ser proyectores de las funciones del gobierno. En este sentido, fue mencionada la idea de separar a nivel institucional la Cultura del Turismo y de crear una Secretaría de Cultura independiente de otras áreas de administración estatal.
3) Por otra parte, resalta también de los debates llevados con los actores invitados involucrados en varias sectores culturales de la producción, difusión, promoción, investigación (música, danza, fotografía, periodismo, cinema, teatro, literatura) la importancia de reconocer la participación ciudadana en la definición, puesta en marcha y evaluación de las políticas culturales con fin de fortalecer la vinculación entre el gobierno y la sociedad civil. Así fueron sugeridas la posibilidad de incorporación de formas de representación de la sociedad dentro del funcionamiento institucional, o la que podría consistir en nombrar entidades capaz de realizar tareas específicas establecidas en el marco de la ley.
4) Aunado a lo anterior, se ha considerado en el blog la importancia con esta ley de inscribir la cultura dentro de una estructura descentralizada y desconcentrada, que proponga una reglamentación de la participación del sector privado (mecenazgo, desgravaciones fiscales), que plantee un marco específico que pueda garantizar la condición no solo jurídica sino social de los artistas y actores culturales, pero también que sea capaz de ejercer una regulación eficiente para que la cultura no sea reducida a un adorno o lugar de recreación de parte de los medios de comunicación del sector privado.
Así, para concluir, lo que quizás aparece como la cosa más compartida por los actores del sector cultural digamos “no comercial” —o sea que se ubican a distancia de las actividades de las estrellas de Televisa o de los grandes circuitos comerciales como le dijo Gilberto Gutiérrez en este blog— es la esperanza de un marco legislativo que permita reconocer su valor (más que su utilidad) y garantizar sus derechos sociales. ¡Ojalá que no sean decepcionados!
26 de enero de 2009
Artes y artistas visuales: su inclusión en una iniciativa de ley
En esta ocasión contamos con el texto de Miguel Fematt, fotógrafo, gestor y profesor de esta disciplina. El autor nos ofrece desde Xalapa sus reflexiones sobre el tema. Estas líneas abrevan en sus largos años de experiencia y vitalidad en el campo. El trabajo fotográfico de Fematt comenzó desde 1974 en la Academia de San Carlos. Desde 1978 radica en Xalapa donde es profesor de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana. Entre otras cosas, es miembro fundador del grupo Fotoapertura y promotor principal de "Junio Mes de la Fotografía".
Le agradecemos a Miguel su entusiasta colaboración.
___________________________________________________
Artes y artistas visuales, su inclusión en una iniciativa de ley
Miguel Fematt Enríquez
Un proyecto de ley para promover la producción, circulación y difusión de la obra visual debe asegurar la continuidad de todas sus iniciativas, es decir, que si èsta ley contempla un porcentaje del presupuesto anual del Estado aplicado a éstos temas, ese porcentaje deberá mantenerse y en todo caso, incrementarse, para lograr que los programas en cada capítulo logren llegar a sus metas inmediatas pero también a las de mediano y largo alcance. De ésta manera, tanto las instituciones como las asociaciones civiles y los individuos sabrían que vale la pena realizar en el papel proyectos con una continuidad orgánica y no solamente de resultados inmediatos para satisfacer estadísticas gubernamentales. Se logrará así que los nuevos valores en el área se interesen y se sumen a una política cultural adecuadamente diseñada.
Para el buen logro de ello, se deberá nombrar a los directivos universitarios, municipales y estatales con criterios basados no solamente en el nivel académico de los dirigentes de los departamentos de diseño, promoción y difusión cultural, sino también en su experiencia en el campo especìfico. Tenemos muchos ejemplos locales de directivos improvisados o hueseros. Ya basta.
Un proyecto de ley para nuestra àrea debe contemplar el respeto profesional a quienes ejercen cualquier actividad creativa y a quienes impulsan a los creadores, pues son ellos los que generan la imagen de un Estado. Veracruz ha ganado un lugar en la escena nacional gracias a que anteriores gobiernos han impulsado una buena imagen. Esto debe capitalizarse y aumentarse, pues el arte y la cultura en general conforman el lado humanista de un grupo social. No olvidemos que bastó un sólo gobierno que ofreció el cambio para echar por los suelos la imagen diplomática de nuestro país, ganada y reconocida durante muchos decenios.
Existen en nuestro Estado muchos autores , promotores e intérpretes viejos muriendo de inanición. Ellos deben ser considerados en una ley para que se les otorguen pensiones que les ayuden a tener una vejez digna y a que no anden arrastrando su miseria. El otorgamiento de éstas pensiones deberían contemplar el deber de prodigar sus conocimientos a las nuevas generaciones.
La cultura y el arte deben tener foros suficientes para dar salida a sus iniciativas: museos, teatros y auditorios. Es muy conocida la carencia de ellos en nuestro Estado. En la misma capital faltan espacios. El teatro J. J. Herrera fue adquirido para esos fines y se gastó una buena cantidad del presupuesto durante el actual gobierno y se interrumpió su gestión sin explicación alguna. Un proyecto de ley debe crear los órganos que vigilen la adecuada conclusión de los proyectos que beneficien a nuestra comunidad.
Este proyecto de ley debe contemplar que nuestra área conserve algún tipo de independencia. No puede ser que se encuentre adosada a un organismo que promueve la cultura con un concepto turístico, pues sabemos que esos cargos recaen últimamente en manos de gente inexperta INCLUSO en el àrea principal que les incumbe. A partir de ésta situación, el arte y la cultura estatal han sufrido una evidente caída que muchos manifiestan.
Existen muchos capítulos aún por mencionar, pero considero que he puntualizado algunos que tienen que ver con mi experiencia personal en el campo como autor, promotor y educador de las artes plásticas en nuestro Estado. En éstas áreas he vivido a lo largo de 30 años épocas de esplendor y de decadencia. La actual sería la peor.
Ojalá y sirva de algo.
Le agradecemos a Miguel su entusiasta colaboración.
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Artes y artistas visuales, su inclusión en una iniciativa de ley
Miguel Fematt Enríquez
Un proyecto de ley para promover la producción, circulación y difusión de la obra visual debe asegurar la continuidad de todas sus iniciativas, es decir, que si èsta ley contempla un porcentaje del presupuesto anual del Estado aplicado a éstos temas, ese porcentaje deberá mantenerse y en todo caso, incrementarse, para lograr que los programas en cada capítulo logren llegar a sus metas inmediatas pero también a las de mediano y largo alcance. De ésta manera, tanto las instituciones como las asociaciones civiles y los individuos sabrían que vale la pena realizar en el papel proyectos con una continuidad orgánica y no solamente de resultados inmediatos para satisfacer estadísticas gubernamentales. Se logrará así que los nuevos valores en el área se interesen y se sumen a una política cultural adecuadamente diseñada.
Para el buen logro de ello, se deberá nombrar a los directivos universitarios, municipales y estatales con criterios basados no solamente en el nivel académico de los dirigentes de los departamentos de diseño, promoción y difusión cultural, sino también en su experiencia en el campo especìfico. Tenemos muchos ejemplos locales de directivos improvisados o hueseros. Ya basta.
Un proyecto de ley para nuestra àrea debe contemplar el respeto profesional a quienes ejercen cualquier actividad creativa y a quienes impulsan a los creadores, pues son ellos los que generan la imagen de un Estado. Veracruz ha ganado un lugar en la escena nacional gracias a que anteriores gobiernos han impulsado una buena imagen. Esto debe capitalizarse y aumentarse, pues el arte y la cultura en general conforman el lado humanista de un grupo social. No olvidemos que bastó un sólo gobierno que ofreció el cambio para echar por los suelos la imagen diplomática de nuestro país, ganada y reconocida durante muchos decenios.
Existen en nuestro Estado muchos autores , promotores e intérpretes viejos muriendo de inanición. Ellos deben ser considerados en una ley para que se les otorguen pensiones que les ayuden a tener una vejez digna y a que no anden arrastrando su miseria. El otorgamiento de éstas pensiones deberían contemplar el deber de prodigar sus conocimientos a las nuevas generaciones.
La cultura y el arte deben tener foros suficientes para dar salida a sus iniciativas: museos, teatros y auditorios. Es muy conocida la carencia de ellos en nuestro Estado. En la misma capital faltan espacios. El teatro J. J. Herrera fue adquirido para esos fines y se gastó una buena cantidad del presupuesto durante el actual gobierno y se interrumpió su gestión sin explicación alguna. Un proyecto de ley debe crear los órganos que vigilen la adecuada conclusión de los proyectos que beneficien a nuestra comunidad.
Este proyecto de ley debe contemplar que nuestra área conserve algún tipo de independencia. No puede ser que se encuentre adosada a un organismo que promueve la cultura con un concepto turístico, pues sabemos que esos cargos recaen últimamente en manos de gente inexperta INCLUSO en el àrea principal que les incumbe. A partir de ésta situación, el arte y la cultura estatal han sufrido una evidente caída que muchos manifiestan.
Existen muchos capítulos aún por mencionar, pero considero que he puntualizado algunos que tienen que ver con mi experiencia personal en el campo como autor, promotor y educador de las artes plásticas en nuestro Estado. En éstas áreas he vivido a lo largo de 30 años épocas de esplendor y de decadencia. La actual sería la peor.
Ojalá y sirva de algo.
29 de diciembre de 2008
La lectura en la Ley de Arte y Cultura de Veracruz
Para concluir con nuestra serie dedicada a la posibilidad de una Ley de Cultura, Arte y Patrimonio para el Estado de Veracruz, en el Observatorio haremos análisis sobre los principales ejes en los que se sustentan las legislaciones culturales. En esta ocasión, iniciamos con el tema de la lectura.
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En Veracruz existe una Ley para el fomento de la lectura y el libro. Sin embargo, es letra muerta. Allí se habla de un Consejo Veracruzano de Fomento para el Libro y la Lectura que hasta el momento no se ha integrado y que tendría mucho por hacer en estas tierras. La ley número 866 publicada en la Gaceta Oficial del Gobierno del Estado el viernes 22 de junio del 2007, fue incluso anterior a la nacional que al parecer sólo ha servido para limpiar la culpa de los gobiernos panistas, al postergar legislaciones necesarias. ¿Qué pasa, entonces, en la entidad?
En Veracruz este año se ha planteado el interés del ejecutivo estatal y de la legislatura en plantear una nueva Ley para la Cultura, las Artes y el Patrimonio-nombre largo y complejo-y para ello se convocó a mediados del año, a diversos foros en los que participaron distintos agentes involucrados en la gestión cultural, la creación, la promoción y la investigación. Hasta el momento está pendiente el transcurrir de dicha propuesta.
De hacerse una nueva legislación en Veracruz en torno a la cultura y las artes, ¿qué pasará, entonces, con la Ley para el fomento de la lectura y el libro? Es de pensarse que se deroguen las leyes anteriores que tratan los mismos asuntos. Sin embargo, habrá que considerar varios puntos en su redacción. Por ejemplo, resulta curioso que la actual Ley para el libro y la lectura se dirige más hacia al ámbito educativo que al cultural. No es que eso sea incorrecto, pero sí es incompleto. En la educación primaria se enseña a leer y a escribir, y con ello adquirimos esa lectura utilitaria que nos facilitará nuestro deambular cotidiano al interpretar los signos con los que nos enfrentemos a diario. Pero el fomento de la lectura y el libro no se quedan en las lecciones de la educación elemental. Van más allá de las aulas. De allí que sea necesario que al incluir el apartado del libro y la lectura en la nueva ley para la cultura, las artes y el patrimonio, se considere no sólo el aspecto de la lectura utilitaria, sino también aquel que tiene que ver con lo placentero y con otras posibilidades que brinda el acercamiento con la letra impresa, como es la posibilidad de dotar de significado a nuestra existencia en un mundo cada vez más caótico; esa opción de resignificar no sólo a nuestra propia persona, sino a todo cuanto nos rodea. Tales experiencias han sido ya estudiadas en Francia por la antropóloga Michel Petit, con migrantes africanos; asimismo el asunto ha sido observado con los jóvenes participantes en la guerrilla colombiana o víctimas de ésta. Los hombres y mujeres entrevistados por Petit, hicieron énfasis en la importancia que tuvo la lectura para encontrar de nuevo sentido a sus vidas y luchar por mejores condiciones sociales para ellos mismos y sus familias.
No se trata de que a través de la palabra escrita se pretenda dar solución a la problemática social, pero sí de incidir, de alguna manera en ella, para dotar de herramientas fundamentales a los ciudadanos y participar de la democracia cultural.
Sin duda, tal y como lo plantea la Ley para el fomento de la lectura y el libro de Veracruz, la promoción de la lectura debe ser asumida como una política de gobierno. Para ello será necesario convocar a todos los sectores de la sociedad: instituciones de gobierno, asociaciones civiles, la sociedad civil, agrupaciones de padres de familia, libreros, editores, promotores de lectura, así como instituciones académicas, con el propósito de que entre los distintos sectores se puede tejer una red de acciones que atraigan a los lectores. Se trata, pues, de hacer conciencia de que la promoción de la lectura es un asunto que debe mirarse desde ángulos muy diversos, insistiendo en todas las posibilidades educativas y culturales que puede brindar a quienes participan de ella; tener presente que el analfabetismo es excluyente y la lectura es liberadora.
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En Veracruz existe una Ley para el fomento de la lectura y el libro. Sin embargo, es letra muerta. Allí se habla de un Consejo Veracruzano de Fomento para el Libro y la Lectura que hasta el momento no se ha integrado y que tendría mucho por hacer en estas tierras. La ley número 866 publicada en la Gaceta Oficial del Gobierno del Estado el viernes 22 de junio del 2007, fue incluso anterior a la nacional que al parecer sólo ha servido para limpiar la culpa de los gobiernos panistas, al postergar legislaciones necesarias. ¿Qué pasa, entonces, en la entidad?
En Veracruz este año se ha planteado el interés del ejecutivo estatal y de la legislatura en plantear una nueva Ley para la Cultura, las Artes y el Patrimonio-nombre largo y complejo-y para ello se convocó a mediados del año, a diversos foros en los que participaron distintos agentes involucrados en la gestión cultural, la creación, la promoción y la investigación. Hasta el momento está pendiente el transcurrir de dicha propuesta.
De hacerse una nueva legislación en Veracruz en torno a la cultura y las artes, ¿qué pasará, entonces, con la Ley para el fomento de la lectura y el libro? Es de pensarse que se deroguen las leyes anteriores que tratan los mismos asuntos. Sin embargo, habrá que considerar varios puntos en su redacción. Por ejemplo, resulta curioso que la actual Ley para el libro y la lectura se dirige más hacia al ámbito educativo que al cultural. No es que eso sea incorrecto, pero sí es incompleto. En la educación primaria se enseña a leer y a escribir, y con ello adquirimos esa lectura utilitaria que nos facilitará nuestro deambular cotidiano al interpretar los signos con los que nos enfrentemos a diario. Pero el fomento de la lectura y el libro no se quedan en las lecciones de la educación elemental. Van más allá de las aulas. De allí que sea necesario que al incluir el apartado del libro y la lectura en la nueva ley para la cultura, las artes y el patrimonio, se considere no sólo el aspecto de la lectura utilitaria, sino también aquel que tiene que ver con lo placentero y con otras posibilidades que brinda el acercamiento con la letra impresa, como es la posibilidad de dotar de significado a nuestra existencia en un mundo cada vez más caótico; esa opción de resignificar no sólo a nuestra propia persona, sino a todo cuanto nos rodea. Tales experiencias han sido ya estudiadas en Francia por la antropóloga Michel Petit, con migrantes africanos; asimismo el asunto ha sido observado con los jóvenes participantes en la guerrilla colombiana o víctimas de ésta. Los hombres y mujeres entrevistados por Petit, hicieron énfasis en la importancia que tuvo la lectura para encontrar de nuevo sentido a sus vidas y luchar por mejores condiciones sociales para ellos mismos y sus familias.
No se trata de que a través de la palabra escrita se pretenda dar solución a la problemática social, pero sí de incidir, de alguna manera en ella, para dotar de herramientas fundamentales a los ciudadanos y participar de la democracia cultural.
Sin duda, tal y como lo plantea la Ley para el fomento de la lectura y el libro de Veracruz, la promoción de la lectura debe ser asumida como una política de gobierno. Para ello será necesario convocar a todos los sectores de la sociedad: instituciones de gobierno, asociaciones civiles, la sociedad civil, agrupaciones de padres de familia, libreros, editores, promotores de lectura, así como instituciones académicas, con el propósito de que entre los distintos sectores se puede tejer una red de acciones que atraigan a los lectores. Se trata, pues, de hacer conciencia de que la promoción de la lectura es un asunto que debe mirarse desde ángulos muy diversos, insistiendo en todas las posibilidades educativas y culturales que puede brindar a quienes participan de ella; tener presente que el analfabetismo es excluyente y la lectura es liberadora.
17 de noviembre de 2008
Por una Ley que incentive la actividad teatral comunitaria
Este post le corresponde a Carlos Vigil, director del Grupo Teatrando del Puerto de Veracruz, y quien escribe sobre lo que una Ley de Cultura debería tomar en cuenta desde la perspectiva de la comunidad teatral.
Carlos es director, dramaturgo y actor con una larga trayectoria. Ha sido alumno de Jean Marie Binoche, Luis de Tavira, Emilio Carballido y Luis Mario Moncada entre otros. Sus textos se han publicado en Tramoya de la Universidad Veracruzana, y desde hace más de diez años dirige el grupo Teatrando, del cual es fundador.
Gracias, Carlos, por integrar nuevos puntos de vista a nuestra expectativa sobre la legislación cultural...
______________________________________________
Por una Ley que incentive la actividad teatral comunitaria
Carlos Vigil Peña
Aclaro que las siguientes consideraciones se refieren a la actividad que realizan los grupos conformados por ciudadanos, de diversos orígenes y profesiones, que han optado por el teatro como actividad creadora y que durante largo tiempo han persistido en su labor a pesar del escaso o nulo interés mostrado por instituciones culturales locales.
Para empezar se debe reconocer a la actividad teatral comunitaria como práctica cultural insustituible de la sociedad; y no caer, rendidos ante la parafernalia comercial cinematográfica-televisiva dirigida a las grandes masas de consumidores, en la tentación de clasificarla en los anaqueles de lo caduco.
Aunque parezca obvio, no olvidemos que el teatro requiere de tres elementos fundamentales para existir: actores, un espacio y público.
El primer elemento existe en ciudades y pueblos pequeños, no en cantidad que entusiasme y tampoco como resultado de estrategias políticas educativas, sino como una demostración de la necesidad humana de asirse a un medio que le posibilite expresarse.
Al segundo, el espacio consagrado a la ceremonia teatral, se le ha transformado en las ciudades, en salas de gran aforo y de costo fuera del alcance de los grupos teatrales comunitarios que se ven obligados a peregrinar buscando cobijo en algún lugar carente, por lo general, de las condiciones mínimas que requieren actores y público para el disfrute de la experiencia escénica ; mientras que en las poblaciones pequeñas es prácticamente inexistente con la consiguiente sentencia de efímera o irregular vida para los grupos.
El tercer elemento, al igual que el primero en condiciones de tenaz sobrevivencia, no deja de manifestar su interés por el Teatro hecho en su localidad, fortaleciendo así la existencia heroica de los grupos comunitarios en los que se ve representado.
Es necesario que se legisle la implementación de una política cultural que:
Reconozca y favorezca la labor que desempeñan los grupos teatrales comunitarios como catalizadores de la necesidad de expresión artística latente en toda población.
Considere fundamental la creación de espacios físicos, Teatros Comunitarios, acondicionados y destinados para el desarrollo de la actividad teatral que desempeñan estos grupos.
Promueva la creación de circuitos artísticos regionales y se apoye la participación de los grupos en los mismos, con la finalidad de enriquecer su desarrollo cultural de los participantes y de las comunidades.
Permita a los grupos teatrales comunitarios pagar en especie sus obligaciones fiscales, ya que su propósito fundamental no es generar ganancias ya que sus escasos ingresos, cuando los tienen, están destinados a la sobrevivencia de la labor grupal.
Promueva las actividades realizadas por los grupos con el propósito de acrecentar el interés del público por las manifestaciones culturales de su comunidad.
Las anteriores son algunas condiciones que permitirían ampliar el espectro cultural y el disfrute de los que ejercen la actividad teatral en sus respectivas comunidades.
Carlos es director, dramaturgo y actor con una larga trayectoria. Ha sido alumno de Jean Marie Binoche, Luis de Tavira, Emilio Carballido y Luis Mario Moncada entre otros. Sus textos se han publicado en Tramoya de la Universidad Veracruzana, y desde hace más de diez años dirige el grupo Teatrando, del cual es fundador.
Gracias, Carlos, por integrar nuevos puntos de vista a nuestra expectativa sobre la legislación cultural...
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Por una Ley que incentive la actividad teatral comunitaria
Carlos Vigil Peña
Aclaro que las siguientes consideraciones se refieren a la actividad que realizan los grupos conformados por ciudadanos, de diversos orígenes y profesiones, que han optado por el teatro como actividad creadora y que durante largo tiempo han persistido en su labor a pesar del escaso o nulo interés mostrado por instituciones culturales locales.
Para empezar se debe reconocer a la actividad teatral comunitaria como práctica cultural insustituible de la sociedad; y no caer, rendidos ante la parafernalia comercial cinematográfica-televisiva dirigida a las grandes masas de consumidores, en la tentación de clasificarla en los anaqueles de lo caduco.
Aunque parezca obvio, no olvidemos que el teatro requiere de tres elementos fundamentales para existir: actores, un espacio y público.
El primer elemento existe en ciudades y pueblos pequeños, no en cantidad que entusiasme y tampoco como resultado de estrategias políticas educativas, sino como una demostración de la necesidad humana de asirse a un medio que le posibilite expresarse.
Al segundo, el espacio consagrado a la ceremonia teatral, se le ha transformado en las ciudades, en salas de gran aforo y de costo fuera del alcance de los grupos teatrales comunitarios que se ven obligados a peregrinar buscando cobijo en algún lugar carente, por lo general, de las condiciones mínimas que requieren actores y público para el disfrute de la experiencia escénica ; mientras que en las poblaciones pequeñas es prácticamente inexistente con la consiguiente sentencia de efímera o irregular vida para los grupos.
El tercer elemento, al igual que el primero en condiciones de tenaz sobrevivencia, no deja de manifestar su interés por el Teatro hecho en su localidad, fortaleciendo así la existencia heroica de los grupos comunitarios en los que se ve representado.
Es necesario que se legisle la implementación de una política cultural que:
Reconozca y favorezca la labor que desempeñan los grupos teatrales comunitarios como catalizadores de la necesidad de expresión artística latente en toda población.
Considere fundamental la creación de espacios físicos, Teatros Comunitarios, acondicionados y destinados para el desarrollo de la actividad teatral que desempeñan estos grupos.
Promueva la creación de circuitos artísticos regionales y se apoye la participación de los grupos en los mismos, con la finalidad de enriquecer su desarrollo cultural de los participantes y de las comunidades.
Permita a los grupos teatrales comunitarios pagar en especie sus obligaciones fiscales, ya que su propósito fundamental no es generar ganancias ya que sus escasos ingresos, cuando los tienen, están destinados a la sobrevivencia de la labor grupal.
Promueva las actividades realizadas por los grupos con el propósito de acrecentar el interés del público por las manifestaciones culturales de su comunidad.
Las anteriores son algunas condiciones que permitirían ampliar el espectro cultural y el disfrute de los que ejercen la actividad teatral en sus respectivas comunidades.
3 de noviembre de 2008
Comentarios en torno a la idea de la creación de una Ley de Cultura en el Estado de Veracruz
En esta entrega, presentamos las opiniones de Armando Chacha en torno a la creación de una ley de cultura para Veracruz.
Armando, sonero, trovador y antropólogo originario de Santiago Tuxtla, cuenta con cuatro producciones discográficas (Biografía rota, Litorales, Matamba y Río de Son). En su última grabación, Río Son, colaboran músicos y compositores como Armando Rosas, Arturo Márquez y Mono Blanco. Como funcionario público, Armando ha sido coordinador general del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) del Conaculta y Director del Centro INAH Veracruz.
Gracias, Armando, por participar en este foro... La primera de varias, esperamos.
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Comentarios en torno a la idea de la creación de una Ley de Cultura en el Estado de Veracruz
Armando Chacha
1. La elaboración de una ley de cultura para nuestro estado representará un gran avance debido a que propiciará progresos en esta materia dentro de marcos de referencia, derechos y obligaciones para la sociedad y el Estado. Es decir, se abrirá la puerta al ejercicio de la ley. Sin embargo, será necesario que ésta posea una serie de valores para que sea benéfica para la sociedad, los creadores, las comunidades y todos cuantos participan de los frutos de la cultura. Hay experiencias en México donde crear una ley o una estructura institucional como las secretarías no se ha traducido necesariamente en una mejora en las condiciones para los creadores individuales y colectivos, un fortalecimiento y escenarios futuros para las culturas y creaciones asociadas a las identidades colectivas, ni en la libertad de expresión y creación. Por eso es importante preguntarse para qué una ley y qué regulará. El objetivo de la ley debe ser el establecimiento de reglas para que quienes serán regulados tengan y encuentren en ella las condiciones adecuadas para su mejor desarrollo en un objetivo superior que para el caso son las culturas veracruzanas.
2. En primer lugar la ley debe poner por delante el interés público y social por sobre el interés privado, personal o minoritario. El carácter social está íntimamente relacionado con el sentido y la génesis de la cultura.
3. Debe reconocer primordialmente la herencia cultural de los veracruzanos que hoy día tiene vigor y forma parte sustancial del desarrollo integral de la sociedad. Me refiero al patrimonio arqueológico e histórico existente en el territorio, considerando para ello las regulaciones y leyes existentes en la materia; las culturas de los grupos indígenas ancestrales que actualmente son parte sustancial de la cultura en el estado; reivindicar las expresiones y la historia cultural de los afro veracruzanos porque sin ellos no es comprensible nuestro presente y nuestro futuro, darle un lugar preponderante a las costumbres y tradiciones de los pueblos, comunidades y ciudades, alentar la creatividad individual y grupal asociada al arte universal y a las nuevas formas que se generan en las ciudades como resultado entre otras, de la modernidad y la globalización.
4. En la ley se debe de expresar el reconocimiento a la diversidad étnica y a la pluralidad de culturas como fundamento de nuestra riqueza y como elementos concomitantes del desarrollo en los distintos ámbitos de nuestra vida. La cultura no es el último eslabón del desarrollo y el presupuesto gubernamental, está en el centro de la calidad de vida del ciudadano y de la sociedad.
5. Debe considerar la participación ciudadana en la definición de políticas y en la toma de decisiones, mediante mecanismos de representación, con el fin de fortalecer la vinculación de gobierno y sociedad. Participación para fortalecer la democracia en la cultura y mejorar la cultura democrática. Es necesaria la democratización de los bienes y servicios para que las mayorías tengan acceso al disfrute y aprovechamiento de la infraestructura cultural existente, o generar nueva de acuerdo a mapas donde se definen las carencias de los bienes y servicios culturales.
6. Garantizar el respeto a la libertad de creación y la libertad de expresión de los creadores y fortalecer el diálogo entre las culturas y el ejercicio de la tolerancia, como signo de una sociedad incluyente y un gobierno que gobierna para todos.
7. Proteger los derechos de autores colectivos propios de las culturas étnicas y tradicionales, la flora y fauna nativa y las tecnologías propias.
8. En cuanto a los medios de comunicación si bien los concesionarios son privados, la ley ya los determina como de interés público, por ello debido a sus altos niveles de audiencia, será importante que destinen tiempo para difundir la cultura y las obras de autor significativas por su trascendencia para la identidad y por sus altos contenidos estéticos y calidad o en los casos en que las tradiciones presenten situaciones de vulnerabilidad que amerite su difusión sostenida.
9. Incorporar una categoría que garantice que los personajes del arte y la cultura, difundan y capaciten a las nuevas generaciones otorgándoles reconocimiento, nombramiento y remuneración hasta su muerte, sobre todo en el ámbito indígena y popular donde se carece de este tipo de reconocimientos.
10. Crear por primera vez en la historia de nuestro país la figura del Ombusdman de la cultura que proteja los derechos de los ciudadanos, los grupos y las comunidades.
11. Dar relevancia a la atención de los niños y jóvenes con políticas y programas específicos destinados a generar movimientos culturales en el Estado, en una perspectiva de largo plazo para propiciar la innovación desde la cultura propia del veracruzano y sentar las bases para el fortalecimiento de las culturas veracruzanas para las próximas tres generaciones que sostendrán el diálogo con otras culturas del país y del mundo.
12. La ley debe traer como consecuencia la creación de una nueva institución, con nivel de Secretaría, con una estructura moderna, donde la desconcentración, la descentralización, la coordinación de esfuerzos y la incorporación de formas de representación de la sociedad en su seno le permitan dimensionar extraordinariamente su accionar. Se trata de crear un organismo ágil, eficiente y moderno.
La ley de cultura, valga la redundancia, debe traer beneficios para la cultura, para sus creadores y comunidades, para el desarrollo integral de los veracruzanos. Debe antes que nada orientarse a fortalecer la cultura veracruzana, la identidad y nuestra tradición cultural, propiciar el diálogo y enriquecimiento, incorporar los aportes de lo mejor de las tradiciones culturales y del arte que se desarrollan en el contexto de la nación y propiciar el diálogo con las culturas del mundo.
Armando, sonero, trovador y antropólogo originario de Santiago Tuxtla, cuenta con cuatro producciones discográficas (Biografía rota, Litorales, Matamba y Río de Son). En su última grabación, Río Son, colaboran músicos y compositores como Armando Rosas, Arturo Márquez y Mono Blanco. Como funcionario público, Armando ha sido coordinador general del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) del Conaculta y Director del Centro INAH Veracruz.
Gracias, Armando, por participar en este foro... La primera de varias, esperamos.
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Comentarios en torno a la idea de la creación de una Ley de Cultura en el Estado de Veracruz
Armando Chacha
1. La elaboración de una ley de cultura para nuestro estado representará un gran avance debido a que propiciará progresos en esta materia dentro de marcos de referencia, derechos y obligaciones para la sociedad y el Estado. Es decir, se abrirá la puerta al ejercicio de la ley. Sin embargo, será necesario que ésta posea una serie de valores para que sea benéfica para la sociedad, los creadores, las comunidades y todos cuantos participan de los frutos de la cultura. Hay experiencias en México donde crear una ley o una estructura institucional como las secretarías no se ha traducido necesariamente en una mejora en las condiciones para los creadores individuales y colectivos, un fortalecimiento y escenarios futuros para las culturas y creaciones asociadas a las identidades colectivas, ni en la libertad de expresión y creación. Por eso es importante preguntarse para qué una ley y qué regulará. El objetivo de la ley debe ser el establecimiento de reglas para que quienes serán regulados tengan y encuentren en ella las condiciones adecuadas para su mejor desarrollo en un objetivo superior que para el caso son las culturas veracruzanas.
2. En primer lugar la ley debe poner por delante el interés público y social por sobre el interés privado, personal o minoritario. El carácter social está íntimamente relacionado con el sentido y la génesis de la cultura.
3. Debe reconocer primordialmente la herencia cultural de los veracruzanos que hoy día tiene vigor y forma parte sustancial del desarrollo integral de la sociedad. Me refiero al patrimonio arqueológico e histórico existente en el territorio, considerando para ello las regulaciones y leyes existentes en la materia; las culturas de los grupos indígenas ancestrales que actualmente son parte sustancial de la cultura en el estado; reivindicar las expresiones y la historia cultural de los afro veracruzanos porque sin ellos no es comprensible nuestro presente y nuestro futuro, darle un lugar preponderante a las costumbres y tradiciones de los pueblos, comunidades y ciudades, alentar la creatividad individual y grupal asociada al arte universal y a las nuevas formas que se generan en las ciudades como resultado entre otras, de la modernidad y la globalización.
4. En la ley se debe de expresar el reconocimiento a la diversidad étnica y a la pluralidad de culturas como fundamento de nuestra riqueza y como elementos concomitantes del desarrollo en los distintos ámbitos de nuestra vida. La cultura no es el último eslabón del desarrollo y el presupuesto gubernamental, está en el centro de la calidad de vida del ciudadano y de la sociedad.
5. Debe considerar la participación ciudadana en la definición de políticas y en la toma de decisiones, mediante mecanismos de representación, con el fin de fortalecer la vinculación de gobierno y sociedad. Participación para fortalecer la democracia en la cultura y mejorar la cultura democrática. Es necesaria la democratización de los bienes y servicios para que las mayorías tengan acceso al disfrute y aprovechamiento de la infraestructura cultural existente, o generar nueva de acuerdo a mapas donde se definen las carencias de los bienes y servicios culturales.
6. Garantizar el respeto a la libertad de creación y la libertad de expresión de los creadores y fortalecer el diálogo entre las culturas y el ejercicio de la tolerancia, como signo de una sociedad incluyente y un gobierno que gobierna para todos.
7. Proteger los derechos de autores colectivos propios de las culturas étnicas y tradicionales, la flora y fauna nativa y las tecnologías propias.
8. En cuanto a los medios de comunicación si bien los concesionarios son privados, la ley ya los determina como de interés público, por ello debido a sus altos niveles de audiencia, será importante que destinen tiempo para difundir la cultura y las obras de autor significativas por su trascendencia para la identidad y por sus altos contenidos estéticos y calidad o en los casos en que las tradiciones presenten situaciones de vulnerabilidad que amerite su difusión sostenida.
9. Incorporar una categoría que garantice que los personajes del arte y la cultura, difundan y capaciten a las nuevas generaciones otorgándoles reconocimiento, nombramiento y remuneración hasta su muerte, sobre todo en el ámbito indígena y popular donde se carece de este tipo de reconocimientos.
10. Crear por primera vez en la historia de nuestro país la figura del Ombusdman de la cultura que proteja los derechos de los ciudadanos, los grupos y las comunidades.
11. Dar relevancia a la atención de los niños y jóvenes con políticas y programas específicos destinados a generar movimientos culturales en el Estado, en una perspectiva de largo plazo para propiciar la innovación desde la cultura propia del veracruzano y sentar las bases para el fortalecimiento de las culturas veracruzanas para las próximas tres generaciones que sostendrán el diálogo con otras culturas del país y del mundo.
12. La ley debe traer como consecuencia la creación de una nueva institución, con nivel de Secretaría, con una estructura moderna, donde la desconcentración, la descentralización, la coordinación de esfuerzos y la incorporación de formas de representación de la sociedad en su seno le permitan dimensionar extraordinariamente su accionar. Se trata de crear un organismo ágil, eficiente y moderno.
La ley de cultura, valga la redundancia, debe traer beneficios para la cultura, para sus creadores y comunidades, para el desarrollo integral de los veracruzanos. Debe antes que nada orientarse a fortalecer la cultura veracruzana, la identidad y nuestra tradición cultural, propiciar el diálogo y enriquecimiento, incorporar los aportes de lo mejor de las tradiciones culturales y del arte que se desarrollan en el contexto de la nación y propiciar el diálogo con las culturas del mundo.
20 de octubre de 2008
Los derechos, la música y la imagen
El pasado 4 de octubre Annette Fradera, consultora, productora y supervisora musical para cine presentó la ponencia "Los derechos, la música y la imagen" en el Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana. En esta presentación se habló sobre los derechos de autor para música en cine y documentales, particularmente sobre el problema que representa para los documentalistas el uso de imágenes donde se registra música ambiental sobre la que hay que pedir (y pagar) derechos.
Agradecemos a Annette que nos permita reproducir su ponencia, llena de ángulos novedosos para mirar el panorama de la creación y el límite de los derechos...
Los derechos, la música y la imagen
Annette Fradera
La música nos maravilla, pero ese bien cultural intangible, gozoso o triste, volátil, que viaja en el aire, también puede ser una pesadilla, pues al fijarse en una película adquiere una tangibilidad tal, que le quita el sueño a realizadores y productores por igual.
Aunque es conocimiento de muchos, difícil resulta hablar en una mesa de música, multiculturalidad y cine sin mencionar a Morricone, Nino Rota, Silvestre Revueltas, Antonio Carlos Jobim, o a Kusturica y Ry Cooder, quienes como compositores para cine nos traen de muy diversas formas, tanto doctas como populares, los aires y sonidos de sus países, de sus comunidades… imprimiendo sellos únicos que no dejan lugar a duda de su procedencia, plasmando su cultura en las bandas sonoras de películas.
No todos los compositores para cine tienen esta cualidad o característica; los hay genéricos y, aunque no privilegien transmitir identidad cultural - porque el mercado así lo pida- sí resuelven en muchos casos el reto de contribuir al buen fluir de la narrativa de los films.
Sin embargo, más que la música compuesta para películas, lo que quiero tratar hoy aquí, aunque sea brevemente, es la música “in situ” de los trabajos de documental y cine directo.
Hablando de multiculturalidad, ¿qué mejor que el documental para tener registros y observar las formas en que la música se presenta y representa en nuestro cotidiano, en nuestras muchas realidades?
En cuanto a la música en sus trabajos, ¿qué problemas enfrentan los documentalistas y realizadores de cine directo?
Al momento de realizar un registro audiovisual, el aire está invadido de sonidos de toda naturaleza; en muchos casos se trata de una verdadera contaminación del espacio sonoro, cuyo respeto parece no importar en este país y en muchos otros de nuestra Iberoamérica...
Un registro documental que no contempla una postproducción de audio –que en todo caso puede llevar a una relativa pérdida del contexto sonoro- se encuentra en un aprieto por el temor de los realizadores al no solicitar permiso y no pagar la cuota que les pidan por todo aquello que se registró en las tomas, a parecer enemigos de los autores de la música que aparece, a ser demandados o sacados de su circuito de exhibición, por mencionar algunos de los inconvenientes…
Para comprender mejor el por qué de las dificultades tan serias y preocupantes relativas a la música, imaginémonos el siguiente escenario:
-Por fin se dejó ver en público el más famoso héroe popular que vela por los yerberos y brujos en los mercados de esta ciudad: “Super Brujo”.
El documentalista acude presto, sigiloso e invisible, a querer captar este increíble momento para su documental “Brujos y Yerberos en México, ¿Nuestra última esperanza?”
Llega al mercado, prende la cámara y…
¿Qué música es la que suena?
¿Quién la compuso?
¿Quién la representa o administra?
¿Quién la interpreta?
¿De quién será la grabación que está sonando?
¿Y esa otra? ¡Oh no…! Corte!.. Corte!!
¿Cuánto me va a costar que me den permiso de conservarla en el documental?
¿Cuánto tiempo me llevará tramitarlo?
¿Necesito un abogado?
¿Necesito dos?
¿Hay alguna tarifa , o parámetro de referencia, digo, pa’ saber en que me estoy metiendo?
“¡Auxilio, Socorro!... ya sé, voy a quitarle todo el audio y doblar los testimoniales. Y cuando bailan… pues me traigo a mi primo que toca la guitarra y a ver como lo arreglamos...”
Y en lo que el documentalista se hace todas estas preguntas y se truena las meninges, Super Brujo se hizo una limpia, dio entrevistas, tres vueltas chaparras y se fue. -
Eso… quitémosle el contexto sonoro a los trabajos, la posibilidad de saber si fue grabado en Tepito o en el Mercado de San Juan, si fue en el 2008 o en 1999, si lo que más cantan en los festivales del 10 de Mayo es a Gloria Trevi o a Shakira… ¿a quién le importa? ¿Mexicana o Colombiana? ¡Da igual, es Pop Latino!
Situaciones como la que acabo de narrar, que he visto suceder a menudo, me parecen inaceptables, y expongo aquí mis reflexiones y observaciones en este sentido:
La música que suena en el aire, en las calles, los mercados, las iglesias, donde sea, “in situ” pues, es parte de un contexto social y cultural determinado. Sería absurdo pensar en separarla o eliminarla de un registro documental. Hacer esto es una forma de distorsionar y hasta permutar la historia, las noticias, el contexto de los hechos, dónde ya nadie sabe qué es real, qué es que…
En tiempos donde todo se puede manipular, en que editoras y disqueras pretenden amedrentar, amenazantes e inaccesibles, a los usuarios y realizadores ante el inminente colapso del modelo de negocios y las reglas que ellos mismos establecieron, usufructuaron y agotaron sin reserva, -ojo: seguimos hablando de música- con mas razón hay que echar mano de lo que sea que nos pueda servir para proteger la música contenida en documental, o mejor dicho, proteger a los documentales de quienes reclaman derechos sobre la música que estaba ahí.
Nadie nos pide una autorización o nos paga por invadir nuestro espacio sonoro de la forma tan brutal como sucede hoy en día. Es un tema ausente en la ley sobre todo en lo que se refiere al hecho de convertirnos en “consumidores” aún en contra de nuestra voluntad.
Esa promoción y mercadeo que goza la música a través de los medios y los aparatos de amplificación sonora, corresponde cada vez menos a una selección digamos “natural” del gusto de las personas. Esa selección depende cada vez más de las nuevas tecnologías y sus comunidades de consumo…
El catálogo de música mexicana que prevalece en el “aire” de nuestro espacio sonoro, fue decantado por el gusto popular, la radio y el cine en tiempos pasados.
Después, por los medios de comunicación dispuestos a negociar la programación con las disqueras (la famosa "payola”).
Hoy día está siendo decantado, no por lo que yo llamaría selección natural, sino por lo que queda de las disqueras y las editoras, que muestran muy poco interés en divulgar obra desconocida. El catálogo de música mexicana que podríamos calificar de emblemática se encuentra de cierta suerte “secuestrado” y fuera del alcance, por incosteable, de los realizadores mexicanos.
No todo está perdido, hay que informarnos y ejercer los derechos que protegen los trabajos documentales.
Primero, y sin entrar aun a otras ideas relativas a las nuevas formas de modelos de negocios por venir , he aquí algunos conceptos que contempla la ley y cosas que se pueden hacer para escenarios como los que he descrito anteriormente:
-El derecho de cita, que permite la utilización de fragmentos incluso con intenciones de crítica, siempre y cuando se respeten los derechos morales del autor (otorgando su crédito).
-Enlistar en créditos las canciones si se saben los títulos, los autores, si saben los nombres, y de lo que no se sepa, aclarar, también en créditos, que es desconocido para el realizador.
-Obtener la información para créditos que pueda proveer la SACM o una búsqueda razonable. Actuar de buena fe en este sentido, sin fines de lucro, sin que la música sea el fin del documental.
-No caer en el error de sacar audios por temor a tener que pagar derechos de sincronización cuando no están sincronizando; están captando lo que está en el aire, y repito, el audio se convierte en parte de el contexto que determina aspectos como geografía, época, clase social, usos y costumbres, etc., y por lo tanto es parte indisociable del documental directo.
-Asesorarse debidamente con abogados especializados en la materia de manera preventiva y no sufrir después. Recurrir a la UNAM, a la SOGEM, a la misma SACM que tendría que ofrecer información y soluciones.
-Exigir en las escuelas de cine y de medios de comunicación una educación jurídica más actual, precisa y útil. No temer a lo legal, hacer consultas grupales para abatir costos y divulgar el conocimiento adquirido entre colegas sobre la marcha.
- Recurrir a Creative Commons (creativecommons.org)
Lo que viene: Creative Commons
CC es una forma de normar o reglamentar lo que hoy no contempla la ley de derechos de autor y Copyright, de una forma directa, con la decisión del creador o autor.
Y cito un fragmento de la definición tomada de su página oficial:
“Creative Commons define el espacio que se encuentra entre el espectro de la protección absoluta de los derechos de autor - Todos los derechos reservados� - y el dominio público - Ningún derecho reservado� -. Las licencias te ayudan a conservar tus derechos autorales invitando a usar tu obra bajo el esquema de ‘Algunos derechos reservados’.
“Creative Commons nace como proyecto gracias a la iniciativa de Lawrence Lessig, profesor de derecho de la Universidad de Stanford y estudioso de los fenómenos sociales y culturales del ciberespacio. CC es una organización sin fines de lucro que persigue como principal objetivo ofrecer licencias modelo que faciliten la distribución y uso de contenidos.”
CC no pretende sustituir la ley de derechos de autor, al contrario, tal ley es necesaria para normar muchas cosas, es un complemento que matiza el uso y usufructo de una obra. Abre muchísimas posibilidades. Es el momento histórico de repensar los paradigmas de la industria y no esperar a que colapse del todo para empezar a buscar opciones. Es un momento emocionante para pensar en todas las posibilidades e imaginar hasta dónde podemos llegar.
El mercado de la cinematografía, así como el de la música, siempre han observado una resistencia a los cambios dado que operan con un modelo de negocios muy lucrativo que conocen bien, y no es de sorprenderse que, ante la llegada de nuevas formas y modelos, antes de cambiar, pretendan controlar. Ya se adaptarán después de ganar todas las batallas legales aunque pierdan todas las batallas socioculturales y tecnológicas, y esto sólo con el fin de retrasar los inminentes cambios que vendrán.
El cine, como la música, donde la Cultura y la Industria se encuentran y las contradicciones están a la orden del día, también tienen todo por reinventar en cuanto a modelos de negocios.
Mucho se ha hablado en este Congreso del asunto y sabemos que los modelos de distribución y exhibición que conocemos hoy, las leyes que protegen a unos y no a otros, los incentivos para la producción, etc., etc., están muy lejos de ser una respuesta a las necesidades de divulgación y recuperación de los films.
Hay que ser optimistas: existe una gran comunidad emergente en el mundo con una visión moderna y con futuro que permite la participación activa de los autores y creadores, que contempla nuevas prácticas sociales con nuevas tecnologías. Antes era impensable hacer una divulgación de obra por cuenta propia como resulta posible hoy.
Veremos nuevas formas descentralizadas; antes las opciones que prevalecían en cine era “Cultura Hollywoodense” o “Cultura Ninguna”, ahora eso está fuera de discusión, las opciones aparecen y las están adoptando las nuevas generaciones creando sus comunidades en red en donde comparten, compran, venden y consumen en general cantidades incalculables de bienes culturales.
Importantes ventajas son las que ofrecen el “filesharing” y el “open source” a cualquier ciudadano del mundo, permitiéndole acceso al conocimiento y a todos los contenidos con la punta de los dedos. Un horizonte infinito de educación y cultura …cada ciudadano se puede enriquecer de una forma que no ha sido vista desde hace mas de 150 años con el advenimiento de las bibliotecas públicas.
Y cada creador tiene las mismas posibilidades en el otro sentido, que su obra viaje y sea conocida, consumida y hasta utilizada si lo desea.
Yo no creo que los consumidores no quieran pagar a los artistas, pero sí creo que hay notables señales que indican que los consumidores no quieren pagar a las grandes corporaciones con quienes se relaciona más la manipulación del mercado, de medios, la censura e incluso la libertad de crear.
Sobre lo libre y lo gratuito; el concepto de lo “free”…
Las estrategias que se manifiestan hoy en día para consumir a menor costo productos audiovisuales son campo amplio y minado de discusión. Reflexionar sobre la complejidad de fenómenos como la retención irrestricta de derechos de posesión, la piratería y las estrategias de creación, distribución y adquisición de productos culturales se vuelve cada vez más urgente. Sin embargo, no podemos negar que si se flexibilizan las fórmulas del mercado y se negocia de forma justa entre creadores, distribuidores y consumidores, podríamos producir una economía de la cultura más viva, vibrante y propositiva, cuando el control y la restricción en estos tiempos solo ahuyenta a los jóvenes talentos que encuentran otras salidas por la red.
Será un proceso difícil y turbulento, pero así es como veremos revolucionar a las industrias culturales y el mercado para los creadores. Y seamos realistas, lejos de una cultura con una aproximación individualista tan ejercida entre los 60’s y los 90’s, hoy día los proyectos colectivos como el cine son los que atraen más a los jóvenes y prometen más largo alcance.
Antes de terminar mi intervención, quisiera expresar mi sincero agradecimiento al Dr. Cesar Callejas (UNAM) y a la Mtra. Ishtar Cardona.
Gracias por su atención.
Agradecemos a Annette que nos permita reproducir su ponencia, llena de ángulos novedosos para mirar el panorama de la creación y el límite de los derechos...
Los derechos, la música y la imagen
Annette Fradera
La música nos maravilla, pero ese bien cultural intangible, gozoso o triste, volátil, que viaja en el aire, también puede ser una pesadilla, pues al fijarse en una película adquiere una tangibilidad tal, que le quita el sueño a realizadores y productores por igual.
Aunque es conocimiento de muchos, difícil resulta hablar en una mesa de música, multiculturalidad y cine sin mencionar a Morricone, Nino Rota, Silvestre Revueltas, Antonio Carlos Jobim, o a Kusturica y Ry Cooder, quienes como compositores para cine nos traen de muy diversas formas, tanto doctas como populares, los aires y sonidos de sus países, de sus comunidades… imprimiendo sellos únicos que no dejan lugar a duda de su procedencia, plasmando su cultura en las bandas sonoras de películas.
No todos los compositores para cine tienen esta cualidad o característica; los hay genéricos y, aunque no privilegien transmitir identidad cultural - porque el mercado así lo pida- sí resuelven en muchos casos el reto de contribuir al buen fluir de la narrativa de los films.
Sin embargo, más que la música compuesta para películas, lo que quiero tratar hoy aquí, aunque sea brevemente, es la música “in situ” de los trabajos de documental y cine directo.
Hablando de multiculturalidad, ¿qué mejor que el documental para tener registros y observar las formas en que la música se presenta y representa en nuestro cotidiano, en nuestras muchas realidades?
En cuanto a la música en sus trabajos, ¿qué problemas enfrentan los documentalistas y realizadores de cine directo?
Al momento de realizar un registro audiovisual, el aire está invadido de sonidos de toda naturaleza; en muchos casos se trata de una verdadera contaminación del espacio sonoro, cuyo respeto parece no importar en este país y en muchos otros de nuestra Iberoamérica...
Un registro documental que no contempla una postproducción de audio –que en todo caso puede llevar a una relativa pérdida del contexto sonoro- se encuentra en un aprieto por el temor de los realizadores al no solicitar permiso y no pagar la cuota que les pidan por todo aquello que se registró en las tomas, a parecer enemigos de los autores de la música que aparece, a ser demandados o sacados de su circuito de exhibición, por mencionar algunos de los inconvenientes…
Para comprender mejor el por qué de las dificultades tan serias y preocupantes relativas a la música, imaginémonos el siguiente escenario:
-Por fin se dejó ver en público el más famoso héroe popular que vela por los yerberos y brujos en los mercados de esta ciudad: “Super Brujo”.
El documentalista acude presto, sigiloso e invisible, a querer captar este increíble momento para su documental “Brujos y Yerberos en México, ¿Nuestra última esperanza?”
Llega al mercado, prende la cámara y…
¿Qué música es la que suena?
¿Quién la compuso?
¿Quién la representa o administra?
¿Quién la interpreta?
¿De quién será la grabación que está sonando?
¿Y esa otra? ¡Oh no…! Corte!.. Corte!!
¿Cuánto me va a costar que me den permiso de conservarla en el documental?
¿Cuánto tiempo me llevará tramitarlo?
¿Necesito un abogado?
¿Necesito dos?
¿Hay alguna tarifa , o parámetro de referencia, digo, pa’ saber en que me estoy metiendo?
“¡Auxilio, Socorro!... ya sé, voy a quitarle todo el audio y doblar los testimoniales. Y cuando bailan… pues me traigo a mi primo que toca la guitarra y a ver como lo arreglamos...”
Y en lo que el documentalista se hace todas estas preguntas y se truena las meninges, Super Brujo se hizo una limpia, dio entrevistas, tres vueltas chaparras y se fue. -
Eso… quitémosle el contexto sonoro a los trabajos, la posibilidad de saber si fue grabado en Tepito o en el Mercado de San Juan, si fue en el 2008 o en 1999, si lo que más cantan en los festivales del 10 de Mayo es a Gloria Trevi o a Shakira… ¿a quién le importa? ¿Mexicana o Colombiana? ¡Da igual, es Pop Latino!
Situaciones como la que acabo de narrar, que he visto suceder a menudo, me parecen inaceptables, y expongo aquí mis reflexiones y observaciones en este sentido:
La música que suena en el aire, en las calles, los mercados, las iglesias, donde sea, “in situ” pues, es parte de un contexto social y cultural determinado. Sería absurdo pensar en separarla o eliminarla de un registro documental. Hacer esto es una forma de distorsionar y hasta permutar la historia, las noticias, el contexto de los hechos, dónde ya nadie sabe qué es real, qué es que…
En tiempos donde todo se puede manipular, en que editoras y disqueras pretenden amedrentar, amenazantes e inaccesibles, a los usuarios y realizadores ante el inminente colapso del modelo de negocios y las reglas que ellos mismos establecieron, usufructuaron y agotaron sin reserva, -ojo: seguimos hablando de música- con mas razón hay que echar mano de lo que sea que nos pueda servir para proteger la música contenida en documental, o mejor dicho, proteger a los documentales de quienes reclaman derechos sobre la música que estaba ahí.
Nadie nos pide una autorización o nos paga por invadir nuestro espacio sonoro de la forma tan brutal como sucede hoy en día. Es un tema ausente en la ley sobre todo en lo que se refiere al hecho de convertirnos en “consumidores” aún en contra de nuestra voluntad.
Esa promoción y mercadeo que goza la música a través de los medios y los aparatos de amplificación sonora, corresponde cada vez menos a una selección digamos “natural” del gusto de las personas. Esa selección depende cada vez más de las nuevas tecnologías y sus comunidades de consumo…
El catálogo de música mexicana que prevalece en el “aire” de nuestro espacio sonoro, fue decantado por el gusto popular, la radio y el cine en tiempos pasados.
Después, por los medios de comunicación dispuestos a negociar la programación con las disqueras (la famosa "payola”).
Hoy día está siendo decantado, no por lo que yo llamaría selección natural, sino por lo que queda de las disqueras y las editoras, que muestran muy poco interés en divulgar obra desconocida. El catálogo de música mexicana que podríamos calificar de emblemática se encuentra de cierta suerte “secuestrado” y fuera del alcance, por incosteable, de los realizadores mexicanos.
No todo está perdido, hay que informarnos y ejercer los derechos que protegen los trabajos documentales.
Primero, y sin entrar aun a otras ideas relativas a las nuevas formas de modelos de negocios por venir , he aquí algunos conceptos que contempla la ley y cosas que se pueden hacer para escenarios como los que he descrito anteriormente:
-El derecho de cita, que permite la utilización de fragmentos incluso con intenciones de crítica, siempre y cuando se respeten los derechos morales del autor (otorgando su crédito).
-Enlistar en créditos las canciones si se saben los títulos, los autores, si saben los nombres, y de lo que no se sepa, aclarar, también en créditos, que es desconocido para el realizador.
-Obtener la información para créditos que pueda proveer la SACM o una búsqueda razonable. Actuar de buena fe en este sentido, sin fines de lucro, sin que la música sea el fin del documental.
-No caer en el error de sacar audios por temor a tener que pagar derechos de sincronización cuando no están sincronizando; están captando lo que está en el aire, y repito, el audio se convierte en parte de el contexto que determina aspectos como geografía, época, clase social, usos y costumbres, etc., y por lo tanto es parte indisociable del documental directo.
-Asesorarse debidamente con abogados especializados en la materia de manera preventiva y no sufrir después. Recurrir a la UNAM, a la SOGEM, a la misma SACM que tendría que ofrecer información y soluciones.
-Exigir en las escuelas de cine y de medios de comunicación una educación jurídica más actual, precisa y útil. No temer a lo legal, hacer consultas grupales para abatir costos y divulgar el conocimiento adquirido entre colegas sobre la marcha.
- Recurrir a Creative Commons (creativecommons.org)
Lo que viene: Creative Commons
CC es una forma de normar o reglamentar lo que hoy no contempla la ley de derechos de autor y Copyright, de una forma directa, con la decisión del creador o autor.
Y cito un fragmento de la definición tomada de su página oficial:
“Creative Commons define el espacio que se encuentra entre el espectro de la protección absoluta de los derechos de autor - Todos los derechos reservados� - y el dominio público - Ningún derecho reservado� -. Las licencias te ayudan a conservar tus derechos autorales invitando a usar tu obra bajo el esquema de ‘Algunos derechos reservados’.
“Creative Commons nace como proyecto gracias a la iniciativa de Lawrence Lessig, profesor de derecho de la Universidad de Stanford y estudioso de los fenómenos sociales y culturales del ciberespacio. CC es una organización sin fines de lucro que persigue como principal objetivo ofrecer licencias modelo que faciliten la distribución y uso de contenidos.”
CC no pretende sustituir la ley de derechos de autor, al contrario, tal ley es necesaria para normar muchas cosas, es un complemento que matiza el uso y usufructo de una obra. Abre muchísimas posibilidades. Es el momento histórico de repensar los paradigmas de la industria y no esperar a que colapse del todo para empezar a buscar opciones. Es un momento emocionante para pensar en todas las posibilidades e imaginar hasta dónde podemos llegar.
El mercado de la cinematografía, así como el de la música, siempre han observado una resistencia a los cambios dado que operan con un modelo de negocios muy lucrativo que conocen bien, y no es de sorprenderse que, ante la llegada de nuevas formas y modelos, antes de cambiar, pretendan controlar. Ya se adaptarán después de ganar todas las batallas legales aunque pierdan todas las batallas socioculturales y tecnológicas, y esto sólo con el fin de retrasar los inminentes cambios que vendrán.
El cine, como la música, donde la Cultura y la Industria se encuentran y las contradicciones están a la orden del día, también tienen todo por reinventar en cuanto a modelos de negocios.
Mucho se ha hablado en este Congreso del asunto y sabemos que los modelos de distribución y exhibición que conocemos hoy, las leyes que protegen a unos y no a otros, los incentivos para la producción, etc., etc., están muy lejos de ser una respuesta a las necesidades de divulgación y recuperación de los films.
Hay que ser optimistas: existe una gran comunidad emergente en el mundo con una visión moderna y con futuro que permite la participación activa de los autores y creadores, que contempla nuevas prácticas sociales con nuevas tecnologías. Antes era impensable hacer una divulgación de obra por cuenta propia como resulta posible hoy.
Veremos nuevas formas descentralizadas; antes las opciones que prevalecían en cine era “Cultura Hollywoodense” o “Cultura Ninguna”, ahora eso está fuera de discusión, las opciones aparecen y las están adoptando las nuevas generaciones creando sus comunidades en red en donde comparten, compran, venden y consumen en general cantidades incalculables de bienes culturales.
Importantes ventajas son las que ofrecen el “filesharing” y el “open source” a cualquier ciudadano del mundo, permitiéndole acceso al conocimiento y a todos los contenidos con la punta de los dedos. Un horizonte infinito de educación y cultura …cada ciudadano se puede enriquecer de una forma que no ha sido vista desde hace mas de 150 años con el advenimiento de las bibliotecas públicas.
Y cada creador tiene las mismas posibilidades en el otro sentido, que su obra viaje y sea conocida, consumida y hasta utilizada si lo desea.
Yo no creo que los consumidores no quieran pagar a los artistas, pero sí creo que hay notables señales que indican que los consumidores no quieren pagar a las grandes corporaciones con quienes se relaciona más la manipulación del mercado, de medios, la censura e incluso la libertad de crear.
Sobre lo libre y lo gratuito; el concepto de lo “free”…
Las estrategias que se manifiestan hoy en día para consumir a menor costo productos audiovisuales son campo amplio y minado de discusión. Reflexionar sobre la complejidad de fenómenos como la retención irrestricta de derechos de posesión, la piratería y las estrategias de creación, distribución y adquisición de productos culturales se vuelve cada vez más urgente. Sin embargo, no podemos negar que si se flexibilizan las fórmulas del mercado y se negocia de forma justa entre creadores, distribuidores y consumidores, podríamos producir una economía de la cultura más viva, vibrante y propositiva, cuando el control y la restricción en estos tiempos solo ahuyenta a los jóvenes talentos que encuentran otras salidas por la red.
Será un proceso difícil y turbulento, pero así es como veremos revolucionar a las industrias culturales y el mercado para los creadores. Y seamos realistas, lejos de una cultura con una aproximación individualista tan ejercida entre los 60’s y los 90’s, hoy día los proyectos colectivos como el cine son los que atraen más a los jóvenes y prometen más largo alcance.
Antes de terminar mi intervención, quisiera expresar mi sincero agradecimiento al Dr. Cesar Callejas (UNAM) y a la Mtra. Ishtar Cardona.
Gracias por su atención.
6 de octubre de 2008
La “cultura” y la sarna en los medios
En primer lugar, nos congratulamos por la elevación a rango constitucional del Derecho a la Cultura, y esperamos que esta acción, llena de buenas intenciones, sea la señal de salida para que se generen iniciativas destinadas a llenar los huecos legales que inmovilizan la creación y promoción cultural en nuestro país.
Después de este párrafo festivo-reflexivo, le damos la bienvenida a Omar Piña, escritor y periodista cultural, compañero blogger autor del blog asteriscos y subrayados y antiguo director de la sección de cultura del Milenio Diario de Xalapa.
En esta ocasión, y siguiendo con el tema de la necesidad y las aristas de una legislación que dote de base jurídica a la acción cultural en nuestro Estado y en nuestro país, Omar reflexiona sobre el cruce de legislación sobre cultura y medios de comunicación.
La “cultura” y la sarna en los medios
Omar Piña
Los correctores de estilo que —a veces- se afanan en las salas de redacción de los medios en que he laborado, pareciera que tienen un acuerdo implícito para referirse a la sección de cultura (y su contenido, es obvio) con un apodo que genera risas pero que a la vez refiere una visión en conjunto. Le llaman “Tortura.” Y no es porque la relacionen con una torta, su acidez verbal es clara: tiene que ver con el tormento. ¿Es un sacrificio leer y corregir quizá la parte más amable (además del resultado de los Pronósticos) que los lectores tendrán frente a sus ojos en la edición del siguiente día?
El ancla no sólo es responsabilidad de los correctores y sus términos peyorativos. Jefes de información y directivos soslayan su preocupación sobre el contenido de la sección cultural. Todos saben de antemano que las noticias allí publicadas no darán rebambaramba a menos que se trate del hurto de una obra considerada patrimonio artístico o el deceso de un santón encumbrado en el barroquísimo e intrincado altar del sector llamado Cultura.
¿A quién le interesan las noticias o textos con carácter de divulgación que se incluyen en la sección cultural de un medio de información? Hay tres entidades: protagonistas, emisores y receptores. La aseveración que indica: “si apareces, existes”, quizá tenga validez desde el punto de partida que considera que todo medio informativo tiene funciones sociales. Por tanto, lo que se publica va, obviamente, dirigido a un público. Pero en el caso de los medios (que se suponen abiertos o destinados a la población en general) habrá que indagar si todas las secciones están destinadas al grueso del consumidor y en todo caso, si el consumidor las acepta.
Las cotizaciones, precios al alza y baja de la Bolsa de valores dan cuenta del comportamiento del mercado; la página de las ofertas del día promovidas por los supermercados dan opciones al comprador inmediato. La cotización se ubica en sección financiera, la oferta cotidiana tiene cabida en las secciones general o de sociales. ¿Qué sección recibe mayor atención de parte del público? Y en el caso específico de la “cultura” pongamos sobre la mesa únicamente dos preguntas que, por su maña en el planteamiento, conducirán a respuestas evidentes. La primera, ¿es más interesante informarse sobre el deterioro de un inmueble considerado patrimonio artístico o la precaria condición en que vive una otrora celebridad de la farándula? Segunda, ¿qué monto interesa más, el incautado a un narcotraficante o el financiamiento destinado a las becas para el estímulo a la creación artística?
Las cifras no hablan, pero se interpretan. Los portales electrónicos de los medios informativos sitúan en sus páginas de inicio una valoración de las noticias más leídas. Se trata de un criterio “automático” impuesto por los lectores, no directamente de las casas editoriales. En agosto de 2008, el portal de El Universal sólo reportó como noticia “más leída” del sector cultural la muerte de dos personajes mexicanos: el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda y el escritor Alejandro Aura. En los días restantes, al grueso del público, ninguna noticia del sector cultura le valió atención necesaria como para ubicarla en el sitio de las más consultadas.
La situación de la cultura en México es desalentadora, la falta de acuerdos y consensos impide que se atienda a los nuevos sectores (niños y jóvenes). La intención de protagonistas y divulgadores es viable, pero a 20 años de creado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) el debate sigue abierto y las soluciones son tan distantes que ni siquiera existe una ley federal en materia de Cultura y adolecemos de un Ministerio o una Secretaría de Cultura; todo se nos queda en Consejo, Instituto, Dirección o adorno.
¿Hay una ley que obligue a los medios informativos a sostener una sección de cultura en sus espacios? No. Como tampoco hay intención de los medios por fomentar una especialización entre sus reporteros y de allí la falta de ampliación de las secciones, carteleras incluyentes (son casi un milagro las que ordenan las instituciones públicas a través de las inserciones pagadas), crítica y valoración artísticas, espacios destinados a fungir como escaparate de obra y una labor editorial para valorar los alcances y los retrocesos. Sin un lugar para el debate público, las actividades artísticas, recreativas y académicas serán para consumo interno o bien la caloría extra para engordar la egoteca de los creadores.
La falta de una legislación que ampare a todas las áreas consideradas como actividades o patrimonios culturales afecta al mismo ejercicio en los medios de comunicación. Por una parte, el periodismo cultural raramente se presenta como opción en las carreras que forman comunicadores, ese terreno aún es subjetivo y ¿de qué forma un solo reportero puede abarcar todas las disciplinas artísticas? O mejor dicho, ¿cómo puede ejercer una correcta divulgación o una crítica? No hay una base jurídica que fomente un punto de partida y entonces la noticia cultural queda a la zaga de los gustos o bien del mero reporte que únicamente da cuenta de inauguraciones y presentaciones.
La obvia incapacidad de ejercer críticas o evaluaciones no afecta sólo al medio y al público lector. Es un problema que va más a fondo, la incipiente crítica jamás fungirá como acicate para que los organismos públicos encargados de la administración y gestión cultural sean mostrados a la opinión pública tanto en sus aciertos como en sus fallas. En apariencia no ocurre nada porque además de la falta de preparación no hay tiempo para dar seguimiento a las notas y así poder efectuar la medición de los impactos. Las secciones de cultura no tienen una nómina generosa, como la política y por lo regular un medio contrata a una sola persona para cubrir las funciones de coordinador, reportero, fotógrafo e incluso formador de la propia sección (en el medio impreso).
Si bien la especialización en el periodismo cultural es un proyecto que se queda en las buenas intenciones, la falta de preparación no lo es todo. Los bajos salarios que perciben los empleados de los medios obligan a que un mismo reportero busque trabajo en la mayor cantidad de empresas posibles y su reporte se convierta en una base similar que varía según la función del soporte al que va dirigido: información rápida y apenas digerida que se difunde igual en prensa, radio y televisión. Si la media salarial es de cuatro mil pesos mensuales, difícilmente un periodista de cultura trabajará para un solo medio. Y si la exigencia diaria es cubrir una sección que abarca disciplinas tan variadas, es más complicado que el divulgador encuentre tiempo disponible para sopesar la información y darle un tratamiento de periodismo de fondo.
Los medios locales que más pueden abarcar los terrenos culturales lo hacen mediante la colaboración, donde la remuneración es obtener un cierto prestigio de crítico ante la comunidad de creadores y practicantes. En la mayoría de los casos los colaboradores son especialistas en su tema (cine, danza, pintura, literatura, etcétera) pero carecen de la formación que permita la correcta divulgación periodística y a veces las columnas se convierten en un diálogo de sordos. Añadamos que la falta de pago evita la aparición constante de los espacios de crítica, ¿cómo puede, un coordinador de cultura, obligar la entrega puntual y correcta del material que, de manera gratuita, le proporcionan sus colaboradores?
La cultura será una coyuntura milagrosa en los medios hasta que no se legisle y regule su verdadera función social que no es adorno o recreación sino la manifestación más sublime de lo humano.
laberinto_ver@yahoo.com.mx
http://asteriscoysubrayados.blogspot.com/
Después de este párrafo festivo-reflexivo, le damos la bienvenida a Omar Piña, escritor y periodista cultural, compañero blogger autor del blog asteriscos y subrayados y antiguo director de la sección de cultura del Milenio Diario de Xalapa.
En esta ocasión, y siguiendo con el tema de la necesidad y las aristas de una legislación que dote de base jurídica a la acción cultural en nuestro Estado y en nuestro país, Omar reflexiona sobre el cruce de legislación sobre cultura y medios de comunicación.
La “cultura” y la sarna en los medios
Omar Piña
Los correctores de estilo que —a veces- se afanan en las salas de redacción de los medios en que he laborado, pareciera que tienen un acuerdo implícito para referirse a la sección de cultura (y su contenido, es obvio) con un apodo que genera risas pero que a la vez refiere una visión en conjunto. Le llaman “Tortura.” Y no es porque la relacionen con una torta, su acidez verbal es clara: tiene que ver con el tormento. ¿Es un sacrificio leer y corregir quizá la parte más amable (además del resultado de los Pronósticos) que los lectores tendrán frente a sus ojos en la edición del siguiente día?
El ancla no sólo es responsabilidad de los correctores y sus términos peyorativos. Jefes de información y directivos soslayan su preocupación sobre el contenido de la sección cultural. Todos saben de antemano que las noticias allí publicadas no darán rebambaramba a menos que se trate del hurto de una obra considerada patrimonio artístico o el deceso de un santón encumbrado en el barroquísimo e intrincado altar del sector llamado Cultura.
¿A quién le interesan las noticias o textos con carácter de divulgación que se incluyen en la sección cultural de un medio de información? Hay tres entidades: protagonistas, emisores y receptores. La aseveración que indica: “si apareces, existes”, quizá tenga validez desde el punto de partida que considera que todo medio informativo tiene funciones sociales. Por tanto, lo que se publica va, obviamente, dirigido a un público. Pero en el caso de los medios (que se suponen abiertos o destinados a la población en general) habrá que indagar si todas las secciones están destinadas al grueso del consumidor y en todo caso, si el consumidor las acepta.
Las cotizaciones, precios al alza y baja de la Bolsa de valores dan cuenta del comportamiento del mercado; la página de las ofertas del día promovidas por los supermercados dan opciones al comprador inmediato. La cotización se ubica en sección financiera, la oferta cotidiana tiene cabida en las secciones general o de sociales. ¿Qué sección recibe mayor atención de parte del público? Y en el caso específico de la “cultura” pongamos sobre la mesa únicamente dos preguntas que, por su maña en el planteamiento, conducirán a respuestas evidentes. La primera, ¿es más interesante informarse sobre el deterioro de un inmueble considerado patrimonio artístico o la precaria condición en que vive una otrora celebridad de la farándula? Segunda, ¿qué monto interesa más, el incautado a un narcotraficante o el financiamiento destinado a las becas para el estímulo a la creación artística?
Las cifras no hablan, pero se interpretan. Los portales electrónicos de los medios informativos sitúan en sus páginas de inicio una valoración de las noticias más leídas. Se trata de un criterio “automático” impuesto por los lectores, no directamente de las casas editoriales. En agosto de 2008, el portal de El Universal sólo reportó como noticia “más leída” del sector cultural la muerte de dos personajes mexicanos: el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda y el escritor Alejandro Aura. En los días restantes, al grueso del público, ninguna noticia del sector cultura le valió atención necesaria como para ubicarla en el sitio de las más consultadas.
La situación de la cultura en México es desalentadora, la falta de acuerdos y consensos impide que se atienda a los nuevos sectores (niños y jóvenes). La intención de protagonistas y divulgadores es viable, pero a 20 años de creado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) el debate sigue abierto y las soluciones son tan distantes que ni siquiera existe una ley federal en materia de Cultura y adolecemos de un Ministerio o una Secretaría de Cultura; todo se nos queda en Consejo, Instituto, Dirección o adorno.
¿Hay una ley que obligue a los medios informativos a sostener una sección de cultura en sus espacios? No. Como tampoco hay intención de los medios por fomentar una especialización entre sus reporteros y de allí la falta de ampliación de las secciones, carteleras incluyentes (son casi un milagro las que ordenan las instituciones públicas a través de las inserciones pagadas), crítica y valoración artísticas, espacios destinados a fungir como escaparate de obra y una labor editorial para valorar los alcances y los retrocesos. Sin un lugar para el debate público, las actividades artísticas, recreativas y académicas serán para consumo interno o bien la caloría extra para engordar la egoteca de los creadores.
La falta de una legislación que ampare a todas las áreas consideradas como actividades o patrimonios culturales afecta al mismo ejercicio en los medios de comunicación. Por una parte, el periodismo cultural raramente se presenta como opción en las carreras que forman comunicadores, ese terreno aún es subjetivo y ¿de qué forma un solo reportero puede abarcar todas las disciplinas artísticas? O mejor dicho, ¿cómo puede ejercer una correcta divulgación o una crítica? No hay una base jurídica que fomente un punto de partida y entonces la noticia cultural queda a la zaga de los gustos o bien del mero reporte que únicamente da cuenta de inauguraciones y presentaciones.
La obvia incapacidad de ejercer críticas o evaluaciones no afecta sólo al medio y al público lector. Es un problema que va más a fondo, la incipiente crítica jamás fungirá como acicate para que los organismos públicos encargados de la administración y gestión cultural sean mostrados a la opinión pública tanto en sus aciertos como en sus fallas. En apariencia no ocurre nada porque además de la falta de preparación no hay tiempo para dar seguimiento a las notas y así poder efectuar la medición de los impactos. Las secciones de cultura no tienen una nómina generosa, como la política y por lo regular un medio contrata a una sola persona para cubrir las funciones de coordinador, reportero, fotógrafo e incluso formador de la propia sección (en el medio impreso).
Si bien la especialización en el periodismo cultural es un proyecto que se queda en las buenas intenciones, la falta de preparación no lo es todo. Los bajos salarios que perciben los empleados de los medios obligan a que un mismo reportero busque trabajo en la mayor cantidad de empresas posibles y su reporte se convierta en una base similar que varía según la función del soporte al que va dirigido: información rápida y apenas digerida que se difunde igual en prensa, radio y televisión. Si la media salarial es de cuatro mil pesos mensuales, difícilmente un periodista de cultura trabajará para un solo medio. Y si la exigencia diaria es cubrir una sección que abarca disciplinas tan variadas, es más complicado que el divulgador encuentre tiempo disponible para sopesar la información y darle un tratamiento de periodismo de fondo.
Los medios locales que más pueden abarcar los terrenos culturales lo hacen mediante la colaboración, donde la remuneración es obtener un cierto prestigio de crítico ante la comunidad de creadores y practicantes. En la mayoría de los casos los colaboradores son especialistas en su tema (cine, danza, pintura, literatura, etcétera) pero carecen de la formación que permita la correcta divulgación periodística y a veces las columnas se convierten en un diálogo de sordos. Añadamos que la falta de pago evita la aparición constante de los espacios de crítica, ¿cómo puede, un coordinador de cultura, obligar la entrega puntual y correcta del material que, de manera gratuita, le proporcionan sus colaboradores?
La cultura será una coyuntura milagrosa en los medios hasta que no se legisle y regule su verdadera función social que no es adorno o recreación sino la manifestación más sublime de lo humano.
laberinto_ver@yahoo.com.mx
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22 de septiembre de 2008
Ideas para la iniciativa de Ley de Cultura: usos culturales del espacio urbano
El día de hoy, compartimos con ustedes las reflexiones y propuestas sobre usos culturales del espacio urbano de Brenda Galván López. Ella es arquitecta y doctorante en Arquitectura y Protección del Patrimonio en la Universidad de Newcastle, en Inglaterra. Es un gusto contarla entre nuestros bloggeros invitadas a discurrir sobre la iniciativa de Ley de Arte y Cultura para el Estado, deseada y necesaria...
Ideas para la iniciativa de Ley de Cultura:
usos culturales del espacio urbano
Brenda Galván López
Las ideas que a continuación se exponen buscan contribuir a la Iniciativa de Ley de Cultura en el Estado de Veracruz. Este interés surge a partir de experiencias vinculadas con proyectos urbanos que afectan nuestras ciudades y las manifestaciones culturales existentes. A continuación se exponen algunas consideraciones relacionadas con: 1) el uso y apropiación de los espacios públicos como lugares de prácticas culturales, 2) la creación de mecanismos que fortalezcan las manifestaciones culturales existentes y 3) la consideración de la ciudad pensada para sus habitantes, productores de cultura.
1)
El acceso libre a la ciudad es uno de los derechos prioritarios de cualquier ciudadano. El uso de los espacios públicos hasta hace algunas décadas no se consideraba como tema de discusión en relación a su uso libre. Sin embargo, hoy es relevante porque la creación de las áreas públicas para la convivencia es casi nula y en cierta medida la aparición de las plazas comerciales (entre otros espacios de consumo y recreación) se han generalizado como espacios de encuentro.
Además los espacios públicos, como calles, plazas o parques urbanos que existen actualmente se ven amenazados por una tendencia que los perfila como espacios de consumo para el goce de unos cuantos. Por este motivo es necesario crear mecanismos que faciliten el libre acceso físico y psicológico a estos espacios para que puedan ser usados y apropiados por el mayor número de personas posible. Así pues, será posible incluir desde la población más joven a la de edad mas avanzada en donde hombres y mujeres se sientan de igual manera bienvenidos. La consideración de estos lugares como espacios incluyentes es relevante como ejercicio práctico y directo de una sociedad democrática. La trascendencia cultural del uso de los espacios públicos es que sirven como lugares de producción y práctica de varias manifestaciones artístico-culturales contemporáneas.
2)
En cuanto a las manifestaciones culturales que toman lugar en los espacios públicos, pueden ser generadas en dos maneras (sin descartar otras formas): a) por los propios integrantes de comunidades que llevan a cabo actividades con valores e intereses compartidos, y b) por las instituciones que trabajan bajo determinadas estructuras en favor de las actividades culturales. Es necesario que entre ambos grupos exista un dialogo para el logro de acuerdos. Esto permitirá fortalecer los intereses de la comunidad y su sentido de pertenencia. Además de que se podrá dar continuidad a las manifestaciones culturales actuales sin que sean impuestas o devenga un escaparate de actividades carentes de contenido social, donde la mayoría de la población se sienta ajena a esas actividades. Es importante evitar en la población el aumento de una actitud pasiva y contemplativa y provocar, por el contrario, una activa y propositiva.
3)
Por otra parte, existen muchos intereses vinculados a la cultura, y uno de ellos es el del turismo cultural. Si bien es cierto que este aspecto es importante, también lo es reflexionar que la ciudad antes que nada, pertenece a aquellos que la habitan. Por lo tanto, las manifestaciones culturales existentes deben ser pensadas en beneficio de ellos mismos. Si se considera apoyar de manera estratégica las iniciativas locales desde las esferas políticas para asegurar su continuidad y fortalecimiento, existe menor riesgo de la desaparición de las mismas y mayor autenticidad en sus prácticas, lo cual además de todo agrega valor a la oferta turística.
Lo que pasa en los espacios públicos de las ciudades muestra parte de nuestra cultura. Veracruz es afortunado ya que muchos lugares cuentan con grupos locales orgullosos de sus prácticas culturales. Es importante que esta iniciativa de ley considere mecanismos de diálogo y trabajo en conjunto. Además de que se considere la importancia del libre ejercicio de las manifestaciones culturales en los espacios públicos dentro de una convivencia incluyente y un ambiente de confianza y tranquilidad.
Ideas para la iniciativa de Ley de Cultura:
usos culturales del espacio urbano
Brenda Galván López
Las ideas que a continuación se exponen buscan contribuir a la Iniciativa de Ley de Cultura en el Estado de Veracruz. Este interés surge a partir de experiencias vinculadas con proyectos urbanos que afectan nuestras ciudades y las manifestaciones culturales existentes. A continuación se exponen algunas consideraciones relacionadas con: 1) el uso y apropiación de los espacios públicos como lugares de prácticas culturales, 2) la creación de mecanismos que fortalezcan las manifestaciones culturales existentes y 3) la consideración de la ciudad pensada para sus habitantes, productores de cultura.
1)
El acceso libre a la ciudad es uno de los derechos prioritarios de cualquier ciudadano. El uso de los espacios públicos hasta hace algunas décadas no se consideraba como tema de discusión en relación a su uso libre. Sin embargo, hoy es relevante porque la creación de las áreas públicas para la convivencia es casi nula y en cierta medida la aparición de las plazas comerciales (entre otros espacios de consumo y recreación) se han generalizado como espacios de encuentro.
Además los espacios públicos, como calles, plazas o parques urbanos que existen actualmente se ven amenazados por una tendencia que los perfila como espacios de consumo para el goce de unos cuantos. Por este motivo es necesario crear mecanismos que faciliten el libre acceso físico y psicológico a estos espacios para que puedan ser usados y apropiados por el mayor número de personas posible. Así pues, será posible incluir desde la población más joven a la de edad mas avanzada en donde hombres y mujeres se sientan de igual manera bienvenidos. La consideración de estos lugares como espacios incluyentes es relevante como ejercicio práctico y directo de una sociedad democrática. La trascendencia cultural del uso de los espacios públicos es que sirven como lugares de producción y práctica de varias manifestaciones artístico-culturales contemporáneas.
2)
En cuanto a las manifestaciones culturales que toman lugar en los espacios públicos, pueden ser generadas en dos maneras (sin descartar otras formas): a) por los propios integrantes de comunidades que llevan a cabo actividades con valores e intereses compartidos, y b) por las instituciones que trabajan bajo determinadas estructuras en favor de las actividades culturales. Es necesario que entre ambos grupos exista un dialogo para el logro de acuerdos. Esto permitirá fortalecer los intereses de la comunidad y su sentido de pertenencia. Además de que se podrá dar continuidad a las manifestaciones culturales actuales sin que sean impuestas o devenga un escaparate de actividades carentes de contenido social, donde la mayoría de la población se sienta ajena a esas actividades. Es importante evitar en la población el aumento de una actitud pasiva y contemplativa y provocar, por el contrario, una activa y propositiva.
3)
Por otra parte, existen muchos intereses vinculados a la cultura, y uno de ellos es el del turismo cultural. Si bien es cierto que este aspecto es importante, también lo es reflexionar que la ciudad antes que nada, pertenece a aquellos que la habitan. Por lo tanto, las manifestaciones culturales existentes deben ser pensadas en beneficio de ellos mismos. Si se considera apoyar de manera estratégica las iniciativas locales desde las esferas políticas para asegurar su continuidad y fortalecimiento, existe menor riesgo de la desaparición de las mismas y mayor autenticidad en sus prácticas, lo cual además de todo agrega valor a la oferta turística.
Lo que pasa en los espacios públicos de las ciudades muestra parte de nuestra cultura. Veracruz es afortunado ya que muchos lugares cuentan con grupos locales orgullosos de sus prácticas culturales. Es importante que esta iniciativa de ley considere mecanismos de diálogo y trabajo en conjunto. Además de que se considere la importancia del libre ejercicio de las manifestaciones culturales en los espacios públicos dentro de una convivencia incluyente y un ambiente de confianza y tranquilidad.
8 de septiembre de 2008
¿Qué Ley de Cultura quiero?
En esta ocasión, y siguiendo con el tema de la legislación cultural, invitamos al músico y promotor cultural Gilberto Gutiérrez, fundador y director del grupo Mono Blanco, a que participara reflexionando sobre lo que desde su punto de vista tendrían que tomar en cuenta los legisladores a la hora de crear una Ley de Cultura.
Agradecemos a Gilberto su disposición para este ejercicio, y esperamos que no sea la última vez que colabora con nosotros.
¿Qué Ley de Cultura quiero?
Gilberto Gutiérrez Silva
Como promotor y creador cultural, considero que la cultura tradicional guarda una gran importancia en la identidad individual, de la nación y de la patria.
En el caso de la música tradicional, que conlleva la danza y la poesía, me parece que lo más importante es que se establezcan un conjunto de leyes que apoyen a quienes las practican y por ende las mantienen, especialmente en la actualidad donde la cultura tradicional tiene que competir en desventaja con la cultura de gran consumo comercial que imponen los medios de comunicación y donde no hay espacios para manifestaciones que no venden a gran escala, como aquellas más enraizadas en la tradición. Los únicos medios de comunicación que dedican algunos espacios a la vasta cultura tradicional no tienen alcance nacional en los medios abiertos y solamente acceden a estos espacios quienes tienen, por ejemplo, televisión de paga o pueden desplazarse para apreciar en el lugar mismo fiestas tradicionales, festivales o eventos en las comunidades.
A mi parecer, una Ley de Cultura que favorezca el desarrollo de las expresiones artísticas ligadas a las culturas tradicionales debería tomar en cuenta las siguientes consideraciones:
• Que se considere dentro del marco jurídico la existencia y el desarrollo de espacios culturales autogestivos, entendiendo que su finalidad no es generar ganancias ni ser proyectores de las funciones del gobierno, y encontrando mecanismos que no los sometan a tener una infraestructura de operación igual a las de las grandes empresas o corporaciones.
• Que a los músicos que se dedican a la tradición se les dé trato preferencial a nivel fiscal, o por lo menos se consideren sus diferencias en la calidad y cantidad del ingreso, y que la Secretaría de Hacienda no les dé el mismo trato que a las estrellas de Televisa o de los grandes circuitos comerciales.
• Que se abran espacios en los medios dedicados la música tradicional mexicana, entendiendo que si no existe un escaparate que muestre las manifestaciones de las culturas locales, no podrá crearse un gusto y un público que, más allá de volverlas fenómeno de consumo, permita que los músicos que se dedican a esto puedan vivir de lo que hacen.
• Que en oposición a la producción de eventos grandilocuentes como los que realizan las grandes corporaciones del entretenimiento y de la comunicación, además de las instituciones de gobierno, se encuentren mecanismos y formatos más modestos, pero más constantes para presentar y promover la cultura popular.
• Que los festivales que se autodenominen como culturales incluyan un programa de música mexicana.
Estas son mis consideraciones sobre los temas que deben tratarse a la hora de pensar en un conjunto de leyes o regulaciones sobre la vida cultural en nuestro Estado y en nuestro País.
Agradecemos a Gilberto su disposición para este ejercicio, y esperamos que no sea la última vez que colabora con nosotros.
¿Qué Ley de Cultura quiero?
Gilberto Gutiérrez Silva
Como promotor y creador cultural, considero que la cultura tradicional guarda una gran importancia en la identidad individual, de la nación y de la patria.
En el caso de la música tradicional, que conlleva la danza y la poesía, me parece que lo más importante es que se establezcan un conjunto de leyes que apoyen a quienes las practican y por ende las mantienen, especialmente en la actualidad donde la cultura tradicional tiene que competir en desventaja con la cultura de gran consumo comercial que imponen los medios de comunicación y donde no hay espacios para manifestaciones que no venden a gran escala, como aquellas más enraizadas en la tradición. Los únicos medios de comunicación que dedican algunos espacios a la vasta cultura tradicional no tienen alcance nacional en los medios abiertos y solamente acceden a estos espacios quienes tienen, por ejemplo, televisión de paga o pueden desplazarse para apreciar en el lugar mismo fiestas tradicionales, festivales o eventos en las comunidades.
A mi parecer, una Ley de Cultura que favorezca el desarrollo de las expresiones artísticas ligadas a las culturas tradicionales debería tomar en cuenta las siguientes consideraciones:
• Que se considere dentro del marco jurídico la existencia y el desarrollo de espacios culturales autogestivos, entendiendo que su finalidad no es generar ganancias ni ser proyectores de las funciones del gobierno, y encontrando mecanismos que no los sometan a tener una infraestructura de operación igual a las de las grandes empresas o corporaciones.
• Que a los músicos que se dedican a la tradición se les dé trato preferencial a nivel fiscal, o por lo menos se consideren sus diferencias en la calidad y cantidad del ingreso, y que la Secretaría de Hacienda no les dé el mismo trato que a las estrellas de Televisa o de los grandes circuitos comerciales.
• Que se abran espacios en los medios dedicados la música tradicional mexicana, entendiendo que si no existe un escaparate que muestre las manifestaciones de las culturas locales, no podrá crearse un gusto y un público que, más allá de volverlas fenómeno de consumo, permita que los músicos que se dedican a esto puedan vivir de lo que hacen.
• Que en oposición a la producción de eventos grandilocuentes como los que realizan las grandes corporaciones del entretenimiento y de la comunicación, además de las instituciones de gobierno, se encuentren mecanismos y formatos más modestos, pero más constantes para presentar y promover la cultura popular.
• Que los festivales que se autodenominen como culturales incluyan un programa de música mexicana.
Estas son mis consideraciones sobre los temas que deben tratarse a la hora de pensar en un conjunto de leyes o regulaciones sobre la vida cultural en nuestro Estado y en nuestro País.
11 de agosto de 2008
Propuesta para el Foro de la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Veracruz. Iniciativa de Ley en Arte y Cultura
Segunda de dos partes partes.
Los puntos mencionados anteriormente son elementos generales que consideramos fundamentales para el funcionamiento de esta ley. Asimismo, no queremos dejar de puntualizar algunos aspectos específicos que consideramos nodales en la creación de este instrumento jurídico.
• Pensamos que las nociones de patrimonio y tradición que derivan del pensamiento nacionalista post-revolucionario, las cuales se refieren esencialmente al catálogo de monumentos históricos o de expresiones folclóricas, deben ampliarse. Creemos necesario mirar al presente más allá de los alabastros y tarjetas postales, pues todos los días vivimos y construimos expresiones simbólicas, las cuales son susceptibles de transformarse en memoria cultural, y por lo tanto en tradición. Es decir, de convertirse en un referente cabal del colectivo humano que lo produce y lo reproduce. Sabemos que la edificación social y orgánica de una tradición implica largos periodos de tiempo, aún más para ser considerado patrimonio. Sin embargo, la noción de patrimonio con la que se elabore esta ley debe ser abierta, flexible y capaz de identificar las manifestaciones y espacios que por su relevancia cultural puedan fungir como tal, reconocerlos y establecer mecanismos para su preservación.
• Otro asunto fundamental se refiere a la producción artístico-cultural y los individuos o colectivos que la ejercen. A pesar de las posibilidades de establecer nuevos diálogos con entornos propios y ajenos que la obra artística nos puede brindar, a pesar de la admiración que se le pueda profesar al productor cultural en razón del valor simbólico de su oficio, es bien sabido que las condiciones de vida de estos productores distan mucho de ser óptimas, y en consecuencia del desarrollo histórico de las tareas creativas, al creador cultural se le otorga hoy en día un lugar marginal y poco claro en la estructura social. Por lo tanto, creemos que esta ley puede convertirse en el marco ideal para reivindicar el trabajo artístico. Con esto, hablamos de la posibilidad de ejercer los derechos que históricamente se han ganado los trabajadores: seguridad social, contratos dignos, regímenes fiscales claros que observen las características particulares del trabajo artístico –intermitencia, contratos cortos- así como la completa libertad de expresión en su labor creativa.
• Por otra parte, creemos que también esta ley puede devenir el espacio para establecer los deberes de estos creadores y que correspondan de forma clara y reglamentada al desarrollo económico y social del país con sus tareas creativas.
• Además, en tiempos de economía de libre mercado, apoyamos una clara reglamentación de la participación del sector privado en las artes, sea como contratista, mecenas o productor cultural. Mientras más claro sea el marco fiscal de acción de este sector, mayor y más eficaz será su inserción en las actividades artístico-culturales.
• Otro punto que consideramos que debe volverse más visible en la iniciativa que nos ocupa, es la preservación de la memoria histórica documentada, así como la amplia necesidad que existe en el medio de conocer y sistematizar las diferentes expresiones culturales existentes en el Estado. Lo anterior, debe ir de la mano de asegurar la investigación sistemática y documentada sobre el tema. Mientras la investigación en materia cultural se practique de forma residual no habrá modo de establecer criterios sistemáticos y claros para la planeación y desarrollo de las tareas de promoción y gestión necesarias, evitando así que se recurra a criterios inmediatos, superficiales y en ocasiones avocados al mero lucimiento, que suelen tener poco impacto en la población y sus formas de percibir, practicar y reproducir la cultura.
Estas son nuestras ideas, que en ejercicio de nuestra libertad de expresión hemos decido hacer públicas. Creemos que si esta iniciativa de ley aspira a ser integral, eficaz y perdurable, necesitamos mirar más allá de los contextos específicos de gobierno y sus particularidades políticas. Estamos intentando construir una nación más democrática, basada en instituciones que se orienten y trabajen por el desarrollo y bienestar de la sociedad: pensamos que este foro, que este intercambio de ideas, debe de anclarse en este principio.
Los puntos mencionados anteriormente son elementos generales que consideramos fundamentales para el funcionamiento de esta ley. Asimismo, no queremos dejar de puntualizar algunos aspectos específicos que consideramos nodales en la creación de este instrumento jurídico.
• Pensamos que las nociones de patrimonio y tradición que derivan del pensamiento nacionalista post-revolucionario, las cuales se refieren esencialmente al catálogo de monumentos históricos o de expresiones folclóricas, deben ampliarse. Creemos necesario mirar al presente más allá de los alabastros y tarjetas postales, pues todos los días vivimos y construimos expresiones simbólicas, las cuales son susceptibles de transformarse en memoria cultural, y por lo tanto en tradición. Es decir, de convertirse en un referente cabal del colectivo humano que lo produce y lo reproduce. Sabemos que la edificación social y orgánica de una tradición implica largos periodos de tiempo, aún más para ser considerado patrimonio. Sin embargo, la noción de patrimonio con la que se elabore esta ley debe ser abierta, flexible y capaz de identificar las manifestaciones y espacios que por su relevancia cultural puedan fungir como tal, reconocerlos y establecer mecanismos para su preservación.
• Otro asunto fundamental se refiere a la producción artístico-cultural y los individuos o colectivos que la ejercen. A pesar de las posibilidades de establecer nuevos diálogos con entornos propios y ajenos que la obra artística nos puede brindar, a pesar de la admiración que se le pueda profesar al productor cultural en razón del valor simbólico de su oficio, es bien sabido que las condiciones de vida de estos productores distan mucho de ser óptimas, y en consecuencia del desarrollo histórico de las tareas creativas, al creador cultural se le otorga hoy en día un lugar marginal y poco claro en la estructura social. Por lo tanto, creemos que esta ley puede convertirse en el marco ideal para reivindicar el trabajo artístico. Con esto, hablamos de la posibilidad de ejercer los derechos que históricamente se han ganado los trabajadores: seguridad social, contratos dignos, regímenes fiscales claros que observen las características particulares del trabajo artístico –intermitencia, contratos cortos- así como la completa libertad de expresión en su labor creativa.
• Por otra parte, creemos que también esta ley puede devenir el espacio para establecer los deberes de estos creadores y que correspondan de forma clara y reglamentada al desarrollo económico y social del país con sus tareas creativas.
• Además, en tiempos de economía de libre mercado, apoyamos una clara reglamentación de la participación del sector privado en las artes, sea como contratista, mecenas o productor cultural. Mientras más claro sea el marco fiscal de acción de este sector, mayor y más eficaz será su inserción en las actividades artístico-culturales.
• Otro punto que consideramos que debe volverse más visible en la iniciativa que nos ocupa, es la preservación de la memoria histórica documentada, así como la amplia necesidad que existe en el medio de conocer y sistematizar las diferentes expresiones culturales existentes en el Estado. Lo anterior, debe ir de la mano de asegurar la investigación sistemática y documentada sobre el tema. Mientras la investigación en materia cultural se practique de forma residual no habrá modo de establecer criterios sistemáticos y claros para la planeación y desarrollo de las tareas de promoción y gestión necesarias, evitando así que se recurra a criterios inmediatos, superficiales y en ocasiones avocados al mero lucimiento, que suelen tener poco impacto en la población y sus formas de percibir, practicar y reproducir la cultura.
Estas son nuestras ideas, que en ejercicio de nuestra libertad de expresión hemos decido hacer públicas. Creemos que si esta iniciativa de ley aspira a ser integral, eficaz y perdurable, necesitamos mirar más allá de los contextos específicos de gobierno y sus particularidades políticas. Estamos intentando construir una nación más democrática, basada en instituciones que se orienten y trabajen por el desarrollo y bienestar de la sociedad: pensamos que este foro, que este intercambio de ideas, debe de anclarse en este principio.
28 de julio de 2008
Propuesta para el Foro de la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Veracruz. Iniciativa de Ley en Arte y Cultura
En esta ocasión dedicaremos nuestras reflexiones a establecer las características básicas que consideramos debe incluir la iniciativa de Ley para la Cultura y las Artes de Veracruz. El ejercicio que hoy proponemos responde de manera directa a la convocatoria realizada por la LXI Legislatura del Estado de Veracruz para la presentación de ideas a incluir en esta ley. Hemos decidido participar como ciudadanos interesados, y como parte de este proceso queremos compartir nuestros pensamientos al respecto, en este foro que nos interpela directamente como actores del sector cultural. Este documento será presentado el 8 de Agosto de este año en el Foro a realizarse en la ciudad y puerto de Veracruz.
Primera de dos partes.
Para comenzar consideramos que esta iniciativa debe tener muy claro el papel del Estado en la construcción de esta herramienta jurídica, de forma tal que promueva una mejor convivencia social. Este aspecto se da por descartado, sin embargo hay que recordar que las vías a través de las cuales se elaboran las leyes dependen directamente de los compromisos que el Estado asume en sus diferentes quehaceres sociales. Históricamente, el Estado ha sido el principal promotor, administrador, patrón y mecenas de la vida artístico cultural en nuestro país. Aunque los tiempos del nacionalismo revolucionario operacional terminaron hace ya más de tres décadas, las expectativas de la población sobre el papel del Estado en la cultura se mantienen sólidas. Por lo tanto, consideramos que esta ley tiene que nacer de acuerdo a su tiempo y espacio –contexto de libre mercado global; y en esta situación el Estado ha disminuido drásticamente su participación en la vida social de los pueblos.
Por otra parte, para garantizar la cabal operatividad de esta ley en gestación es necesario que no esté sujeta a situaciones temporales –como la de los gobiernos en turno-, modas en discurso o que excluya de algún modo ciertas expresiones culturales (por no considerarlas "valiosas") o a ciertos individuos o grupos sociales por su condición social específica.
Además, otro elemento capital es que la ley debe percibir a la cultura y sus tareas de modo independiente y no supeditadas a alguna instancia que se superponga administrativamente. Esto con la intención de neutralizar las formas de organización inestables y garantizar la preservación del sector dentro de sus propios derroteros. Además hay que recalcar un hecho que por obvio solemos olvidar: la centralidad de la cultura como eje identitario y factor de desarrollo de los pueblos. Por lo tanto, no es posible concebir que este importante aspecto de la vida social esté supeditado a algún otro sector, al cual arbitrariamente se le ha considerado más importante. Como ha ocurrido cuando este rubro ha sido regido por las secretarías de Educación y de Turismo. Más aún, estos ministerios ya tienen tareas complicadas en sus manos y pedirles que se encarguen de un área que no constituye su objeto de trabajo y para el cual no tienen tiempo, nos parece que resulta poner la Iglesia en manos de Lutero.
Aunado a lo anterior, consideramos que con la intención de avalar y fortalecer las actividades artístico-culturales, este instrumento legislativo debe nombrar instituciones y estructuras garantes, que realicen y promuevan las tareas establecidas en esta ley, las cuales para tener líneas claras de acción deben ir acompañadas de reglamentos de cada área, como las áreas de patrimonio, fomento a la lectura, creación artística y arte popular, entre otras. De este modo podremos asegurar el funcionamiento de las instituciones y conocer sus mecanismos y fundamentos, sin que se reinventen los preceptos y/o se modifiquen las funciones periódicamente. En este punto creemos pertinente aclarar que hablamos de los fundamentos, no de las tareas o de los modos de realizarlos, pues entendemos que las culturas vivas tienden a modificarse de acuerdo a los tiempos y a su capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias. Nos referimos a los preceptos básicos de derecho a la cultura, la creación y al patrimonio cultural colectivo, que deben de sostenerse como públicos y susceptibles de ser gozados, ejecutados, observados y aprehendidos por todos los ciudadanos.
Un elemento general más, para el que solicitamos atención, es el hecho de que si bien algunas de las expresiones culturales, mediante su transmisión y práctica son susceptibles de ser explotadas económicamente, no tiene en este aspecto su valor primario, sino en la identificación proveedora de sentido colectivo al grupo que la comparte. Como si en realidad fuera necesario, hemos de recalcar que una vez que las expresiones se modifican para ostentar un sentido comercial y se privilegia este aspecto, estas manifestaciones tienden a vaciarse de sentido y perder su razón de ser, por más patrocinadores que ostenten. Por lo tanto, consideramos básico privilegiar el sentido simbólico de la cultura, sobre el comercial, diplomático, turístico, educativo o cualquier otro con que se pudiera asociar y a los cuales pudiese servir.
Primera de dos partes.
Para comenzar consideramos que esta iniciativa debe tener muy claro el papel del Estado en la construcción de esta herramienta jurídica, de forma tal que promueva una mejor convivencia social. Este aspecto se da por descartado, sin embargo hay que recordar que las vías a través de las cuales se elaboran las leyes dependen directamente de los compromisos que el Estado asume en sus diferentes quehaceres sociales. Históricamente, el Estado ha sido el principal promotor, administrador, patrón y mecenas de la vida artístico cultural en nuestro país. Aunque los tiempos del nacionalismo revolucionario operacional terminaron hace ya más de tres décadas, las expectativas de la población sobre el papel del Estado en la cultura se mantienen sólidas. Por lo tanto, consideramos que esta ley tiene que nacer de acuerdo a su tiempo y espacio –contexto de libre mercado global; y en esta situación el Estado ha disminuido drásticamente su participación en la vida social de los pueblos.
Por otra parte, para garantizar la cabal operatividad de esta ley en gestación es necesario que no esté sujeta a situaciones temporales –como la de los gobiernos en turno-, modas en discurso o que excluya de algún modo ciertas expresiones culturales (por no considerarlas "valiosas") o a ciertos individuos o grupos sociales por su condición social específica.
Además, otro elemento capital es que la ley debe percibir a la cultura y sus tareas de modo independiente y no supeditadas a alguna instancia que se superponga administrativamente. Esto con la intención de neutralizar las formas de organización inestables y garantizar la preservación del sector dentro de sus propios derroteros. Además hay que recalcar un hecho que por obvio solemos olvidar: la centralidad de la cultura como eje identitario y factor de desarrollo de los pueblos. Por lo tanto, no es posible concebir que este importante aspecto de la vida social esté supeditado a algún otro sector, al cual arbitrariamente se le ha considerado más importante. Como ha ocurrido cuando este rubro ha sido regido por las secretarías de Educación y de Turismo. Más aún, estos ministerios ya tienen tareas complicadas en sus manos y pedirles que se encarguen de un área que no constituye su objeto de trabajo y para el cual no tienen tiempo, nos parece que resulta poner la Iglesia en manos de Lutero.
Aunado a lo anterior, consideramos que con la intención de avalar y fortalecer las actividades artístico-culturales, este instrumento legislativo debe nombrar instituciones y estructuras garantes, que realicen y promuevan las tareas establecidas en esta ley, las cuales para tener líneas claras de acción deben ir acompañadas de reglamentos de cada área, como las áreas de patrimonio, fomento a la lectura, creación artística y arte popular, entre otras. De este modo podremos asegurar el funcionamiento de las instituciones y conocer sus mecanismos y fundamentos, sin que se reinventen los preceptos y/o se modifiquen las funciones periódicamente. En este punto creemos pertinente aclarar que hablamos de los fundamentos, no de las tareas o de los modos de realizarlos, pues entendemos que las culturas vivas tienden a modificarse de acuerdo a los tiempos y a su capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias. Nos referimos a los preceptos básicos de derecho a la cultura, la creación y al patrimonio cultural colectivo, que deben de sostenerse como públicos y susceptibles de ser gozados, ejecutados, observados y aprehendidos por todos los ciudadanos.
Un elemento general más, para el que solicitamos atención, es el hecho de que si bien algunas de las expresiones culturales, mediante su transmisión y práctica son susceptibles de ser explotadas económicamente, no tiene en este aspecto su valor primario, sino en la identificación proveedora de sentido colectivo al grupo que la comparte. Como si en realidad fuera necesario, hemos de recalcar que una vez que las expresiones se modifican para ostentar un sentido comercial y se privilegia este aspecto, estas manifestaciones tienden a vaciarse de sentido y perder su razón de ser, por más patrocinadores que ostenten. Por lo tanto, consideramos básico privilegiar el sentido simbólico de la cultura, sobre el comercial, diplomático, turístico, educativo o cualquier otro con que se pudiera asociar y a los cuales pudiese servir.
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