5 de octubre de 2009

El Centro de Documentación del Son Jarocho en peligro

El espacio del Observatorio se abre esta semana para informarles sobre la situación que atraviesa una organización amiga, El Centro de Documentación del Son Jarocho, ubicado en Jáltipan, Veracruz, y pedirles su ayuda para evitar su desaparición.

El Centro de Documentación del Son Jarocho, fundado por el promotor cultural Ricardo Perry, se ha constituido por una década en plataforma de lanzamiento de múltiples proyectos dirigidos a la reactivación y preservación del son jarocho. En el marco de sus actividades se encuentran talleres de son, de telar y de video, además de la difusión y preservación de materiales documentales relacionados con la cultura jarocha.

El Centro es el hogar de grupos significativos para el proceso de desarrollo del son actual, como Los Cojolites, Son del Mar y Los Chogotzin.

Lamentablemente, el inmueble en el que se ubica el Centro no le pertenece al colectivo que anima todas estas actividades (como ocurre mucho con los proyectos culturales). Actualmente y debido a la muerte de su propietario, quien les cedía el espacio para su uso, el Centro de Documentación enfrenta dos escenarios: la compra del predio o su desalojo.

Un grupo de creadores culturales, promotores y seguidores del trabajo de Ricardo Perry y Los Cojolites se han unido para pedir apoyo al Gobierno del Estado con el fin de adquirir la casa. Esta demanda se publicará bajo la forma de carta pública esta semana con la firma de figuras como Eugenia León, Chavela Vargas y Mono Blanco entre otros.

En el Observatorio creemos que la acción cultural debe depender cada vez menos de la discrecionalidad del aparato de gobierno, pero también creemos que para que esto suceda es necesario que se produzcan las condiciones necesarias para fortalecer a las organizaciones independientes, a los gestores y a los creadores que trabajan con un bien (la cultura) que no es de la misma naturaleza que los bienes de mercado.

Por ello, convocamos a nuestros lectores, a todos aquellos que conozcan y gusten de la música de Los Cojolites, que crean necesario preservar los talleres de telar de cintura de Doña Leocadia Cruz (Premio Nacional de Artes y Tradiciones Populares 2006), que leyeron la revista Son del Sur, que gozaron en el festival de Son Jarocho en Jáltipan, que fandanguearon en el Encuentro de Jaraneros de Chinameca o que aprendieron en el Seminario El Son Jarocho y Otras Culturas en el rancho Luna Negra de la isla de Tacamichapan a que le escriban a Ricardo Perry, a que le manifiesten su apoyo, a que sumen su firma a la carta pública y a que -si pueden- donen dinero para apoyar la compra de la casa del Centro de Documentación.

Para adjuntar su firma de apoyo, escriban al correo electrónico que incluimos líneas abajo (se reciben firmas hasta mañana martes 6 de octubre por la noche).

Aquí les dejamos las ligas a través de la cuales pueden informarse sobre el trabajo del Centro. Además, incluimos el número de cuenta en el que se puede depositar cualquier aportación voluntaria. Cualquier información que requieran, pregunta o comentario que surja entre los interesados puede hacerse al correo de Ricardo.

Porque nos interesa que las iniciativas culturales se desarrollen con las mejores oportunidades, desde acá les agradecemos su interés y su apoyo.
http://centrosonjarocho.blogspot.com/
http://www.youtube.com/user/centrodoc
http://www.myspace.com/loscojolites
elsonjarocho@yahoo.com.mx
Número de cuenta: 7242951, Banamex, Sucursal 0381 (Jáltipan) a nombre de Benito Cortés Padua.

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Centro de Documentación del Son Jarocho
Creado en 1999 en la ciudad de Jáltipan, Veracruz, México, el Centro de Documentación del Son Jarocho tiene como finalidad el trabajar en proyectos culturales que ayuden a preservar la historia y la cultura del sur de Veracruz, y su eje es el son jarocho, logrando a lo largo de 10 años de existencia un trabajo que ha permitido que en los municipios de Cosoleacaque, Chinameca y Jáltipan niños y jóvenes volvieran a tocar el son jarocho, reintegrando en los eventos sociales y comunitarios la fiesta del fandango, que es la fiesta tradicional de nuestra tierra, los músicos, cantadores, bailadores, publico alrededor de una tarima de madera que disputan parejas o grupos de mujeres según sea el son que interpreten los jaraneros.

A partir de este trabajo se ha integrado varias agrupaciones que hoy forman parte de una cantidad de mas de doscientos grupos que integran este nuevo renacer del son jarocho de estos días.

Eventos culturales
El centro dentro y fuera de sus instalaciones organiza diversos eventos culturales.
Llevamos trece años dirigiendo el Encuentro de Jaraneros de Chinameca en el marco de las fiestas patronales de la Virgen de la Concepción.
Desde hace quince años celebramos nuestro Festival de Son Jarocho y Otras Músicas en Játipan.
Realizamos desde hace ocho años el Seminario El Son Jarocho y Otras Culturas en el rancho Luna Negra en la isla de Tacamichapan.
El Centro es el lugar de trabajo del Grupo Los Cojolites, además de albergar a los grupos Son del Mar y Los Chogotzin.

Biblioteca
Nuestra biblioteca es el núcleo del Centro, pues en ella se concentra los textos, mapas, discos, videos, fotografías y todo el material que nos ayuda a comprender nuestros orígenes y nuestra cultura. Desde su fundación, es diariamente visitada sobre todo por niños enviados por los maestros de la localidad para conocernos a nosotros mismos.

Talleres de enseñanza
En el centro se imparten cursos a niños y jóvenes de forma gratuita. En estos talleres se aprende a apreciar la música del son jarocho (zapateado, ejecución de instrumentos, canto y versada), la elaboración del vestido antiguo en telar de cintura, la elaboración de objetos de barro siguiendo el estudio de las formas, métodos y técnicas desde los antiguos olmecas. También hemos realizado cursos y talleres para tocar las ramas tradicionales, y para realizar grabados, dibujo, y pintura.

El taller de son jarocho a cargo de Benito Cortes Padua, integrante de Los Cojolites, tiene diez años de existencia y es el de mayor duración en la historia del son jarocho. A lo largo de estos años se han formado ya a cientos de jóvenes y niños en el conocimiento de nuestra música y ello ha permitido el surgimiento de nuevos grupos de son jarocho.

La revista Son del Sur
En 1995 iniciamos la revista Son del Sur y a la fecha se han editado 10 números, que han recogido testimonios, crónicas, poesías y estudios académicos sobre el son jarocho y la cultura de nuestros pueblos. La revista se ha convertido en una fuerte de información sobre la historia y la cultura del sur de Veracruz. Sus páginas han recogido textos de diversos especialistas nacionales y extranjeros dedicados al conocimiento de la música y la cultura veracruzana, y hoy es referencia obligada para todos los que quieran conocer el pasado y el presente de esta región.

Taller de video Mirar pa’ dentro
A la fecha se han realizado tres ediciones del Taller de video Mirar pa’ dentro, taller que permite el ejercicio de la creatividad a través del ejercicio de mirar, al hacer que los participantes, en su mayoría músicos de son jarocho y estudiantes de la región, convivan y se apoyen mutuamente con videocámaras, grabaciones de voces, música, poesía, dando origen a la creación, lo que sin duda, fomenta el desarrollo de cada uno de ellos. Además, al finalizar este taller se invita a la comunidad de Jáltipan a ver los resultados. El Taller tiene la finalidad de aprender una técnica al mismo tiempo que se conoce nuestra historia, nuestra cultura y nuestra vida actual.

28 de septiembre de 2009

Intermedio

Sinópsis histórica de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX).
Corto documental conmemorativo producido por la Universidad Veracruzana por el 80° aniversario de la Orquesta (1929 - 2009).

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21 de septiembre de 2009

Fandango, comunidad y regeneración cultural

Fernando Guadarrama
(Segunda de dos partes)


“El paisaje y la costumbre de un pueblo son el fundamento de su arte y de su cultura”.
Miguel Covarrubias. El sur de México.

“Cada cultura es una galaxia que alberga la experiencia y percepción del mundo, a partir de las cuales surge la comprensión de uno mismo y de los demás, y de la realidad a nuestro alrededor”. Regeneración cultural. Unitierra.

Fandango y regeneración cultural
Partiendo de la definición médico-biológica de la palabra regeneración*, a falta de otras fuentes comprensibles, me atrevo a pensar que regenerar la cultura puede ser el proceso que un pueblo emprende con propia voluntad y autonomía, para la restauración de la comunidad, la identidad, la tradición y la costumbre, dañados, enfermos o mutilados por la corrosión cancerosa que causan la desintegración, la enajenación, el desprecio y el olvido.

Pero, cuando hablamos de comunidad y de la reconstrucción de los delicados tejidos tangibles e intangibles de su cultura, surge la pregunta obligada: ¿Es eso posible? ¿Se puede regenerar la cultura de un pueblo?

Si entendiéramos por cultura jarocha solamente la celebración del fandango y la interpretación de su música y su versada tradicional, olvidándonos del mundo que les ha dado origen, y observamos los resultados obtenidos después de 30 años de divulgación y enseñanza de lo que hoy llamamos el Movimiento jaranero, sobre todo en las ciudades, se podría contestar en principio que sí.

A simple vista se puede hoy apreciar, en fiestas como la de Tlacotalpan, una “explosión demográfica” de jaraneros y de grupos que han surgido durante este periodo. De igual modo sucede si revisamos el aumento significativo de festivales, encuentros y fandangos, además de la producción de discos, libros, videos y programas de radio en Veracruz y más allá de sus fronteras. Se podría hablar incluso de implantación o trasplante de culturas, ya que nos estamos valiendo de términos médicos, para explicar la proliferación del movimiento fandanguero en ciudades y países en los que no podemos hablar de regeneración, puesto que el fandango no era propio de esos lugares.

Sin embargo, si analizamos con más detalle el mapa original de la tradición fandanguera, que no se ubica en las ciudades sino en los pueblos campesinos del Sotavento rural, el panorama que nos encontramos es muy diferente: comunidades enteras divididas por las religiones, la pobreza y la migración, y enajenadas por las nuevas músicas y formas de hacer la fiesta impuestas desde afuera. Hoy para los grandes festejos, bodas, quince años o fiestas patronales, se contratan conjuntos musicales que llegan a los pueblos cargados de enormes equipos, bocinas y formas de hacer ruido. Estos nuevos grupos son los que animan los bailes con los ritmos de moda, como el reguetón, la tecnocumbia y el narcocorrido. Allí los fandangos, el son jarocho y las antiguas formas comunitarias de hacer la fiesta se han ido extinguiendo poco a poco, aún en los propios pueblos de donde son originarios los músicos más emblemáticos del movimiento jaranero, como es el caso de Tres Zapotes, La Boca de San Miguel y El Hato, en donde nacieron los Gutiérrez, los Vega y los Utrera.

Más allá de lo que opinan quienes piensan que el son y el fandango se han revitalizado y viven hoy en su mejor momento, la realidad es que en el mundo jarocho original la costumbre desaparece, como han ido desapareciendo sus selvas, sus ríos y sus pueblos, arrasados por la llegada del mundo moderno. Las mismas grandes maquinarias que tumbaron las selvas del llano para sembrarlas de caña en los años sesentas del siglo pasado, y amarraron para siempre la vida de su gente a los ingenios azucareros, son las que han ido destronconando su cultura festiva, adecuándola a los nuevos tiempos de la sociedad urbana agroindustrial.

Y es que la cultura jarocha, su fiesta y sus sones, no se entenderían sin el mundo que les dio sustento y sin la gente que ha escrito los versos que lo nombran. Gente de mar y montaña, de selvas y ríos, de pesca y cacería, de llanos y pantanales, de ceibas, apompos y frutales, de ganado y arreo, de a caballo y canoa, de pájaros carpinteros y gavilanes, de otate y palma real, en resumen: de “agua y tierra”, como lo dice aquel verso que cantan Andrés Vega y el grupo Mono Blanco en el son del “Aguacero”. Dicho de otro modo, sin la vivencia de los hombres y mujeres que habitaron en ese mundo de mil colores, sabores y aromas no habría ni fiesta, ni canto, ni poesía.

A eso habría que agregar que la cultura no es una sola ni es estática. Que está en contante cambio e interacción. Si vemos así la cultura jarocha de hoy, con una visión más amplia, miraríamos con tristeza un mundo habitado por familias que fueron y siguen siendo de campesinos, pescadores, vaqueros y ejidatarios, venidos a menos por la crisis de un modelo agroindustrial fracasado. Convertidos muchos de ellos en obreros de fábricas contaminantes o simplemente en mano de obra itinerante que anda buscando la vida de un lado a otro, mientras sus familias viven y trabajan en tierras empobrecidas y sus ríos y sus mares se mueren intoxicados. Si ante este panorama pensamos en la regeneración cultural, tal vez estemos creyendo en un imposible. Sin embargo, es allí donde el trabajo por la regeneración tiene sentido.

Los jarochos, de muchas maneras, se reconocen aún en su tradición y hoy día no son pocas las poblaciones que han decidido reivindicar su cultura y revivir sus fandangos, aunque las instituciones culturales o los municipios no los apoyen. Los resultados obtenidos por la gente que ha dedicado años de trabajo independiente a la enseñanza y difusión del Son y el Fandango en sus pueblos y regiones de origen, demuestran que al menos en esta faceta de su cultura la regeneración puede ser posible, a pesar de los muchos pendientes. Sólo será completa cuando los pueblos jarochos recuperen la vida de su tierra, sus ríos y sus mares, y detengan la migración que los desangra de a poco. Mientras tanto, siempre que siga vivo lo que Patricio Hidalgo ha llamado el canto de la memoria, toda esperanza es posible.

Fuera de cualquier discurso teórico, la regeneración cultural es un esfuerzo de todos los días para quienes sin respaldo oficial trabajan en sus pueblos por decisión propia. Allí deberían de gastarse los dineros públicos destinados a la cultura, en becas y recursos de apoyo para esos promotores permanentes, y no en eventos y festivales de relumbrón que muchas de las veces poco ayudan a que la cultura popular siga vigente.

Finalmente pienso, aunque casi parezca un sueño, que la regeneración de la cultura fandanguera tendrá que ir de la mano de la recuperación de su cultura campesina y de su entorno natural, puesto que, desaparecidas sus selvas y sus animales, muertos sus ríos, envenenada su tierra y desintegrados sus pueblos, no se a que le podrán cantar los jarochos del mundo que viene.

*Regeneración: La reconstrucción que hace un organismo vivo por sí mismo de sus partes perdidas o dañadas. RAE.

14 de septiembre de 2009

Intermedio

Video de la rola Kuamimikiliztli, versión en náhuatl de la canción Cuento de Locura, originalmente editada en el disco El día de la Noche por LA NUN.K MUERTA REBELIÓN, grupo originario de Orizaba, Veracruz.

Este video se grabó en el concierto de clausura del Primer Foro Nacional Juvenil Nahuatl, llevado a cabo en Tehuipango en abril de 2007, ante un publico conformado mayoritariamente por estudiantes universitarios nahua hablantes.

La Nun. K Muerta Rebelión participará en el 2do. Foro Nacional de Jóvenes Hablantes de Lenguas Originarias (continuación del evento de 2007) el 24 de septiembre en la Universidad Intercultural Veracruzana (UVI) sede El Espinal, Totonacapan, Veracruz.

http://www.myspace.com/lanunk
http://www.laboratorioescenico.org/

7 de septiembre de 2009

Fandango, comunidad y regeneración cultural

Continuando con las ponencias que se presentaron en el evento El Fandango Jarocho, un mundo de vida, damos paso a Fernando Guadarrama, entrañable compañero del son jarocho, gran versador, activista y promotor de proyectos ecológicos y de desarrollo sustentable. Nacido en Córdoba, estudiante en Xalapa, trabajador de causas justas en Zongolica y desde 1987 radicado en la Sierra de Oaxaca. Miembro fundador de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez. Fundador y coordinador de la organización Pueblo Jaguar A.C.
Y para los que lo queremos, es el Carnal Guada...

Muchas gracias, carnalito, por dejarnos tu texto para que otros lo lean. Ojalá no sea la última.

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Fandango, comunidad y regeneración cultural
Fernando Guadarrama

(Primera de dos partes)

"No hay nada mas futuro que el pasado americano, aquel que nos habla de comunidad y amor a la tierra…"
Eduardo Galeano. El libro de los abrazos.

"Lo jarocho no es la ropa, el sombrero y la jarana, es árbol que en la sabana tiene raíz, tronco y copa, es la fronda que lo arropa y el tronco que la sostiene, y la raíz que mantiene nuestra cultura de pie, es el futuro que fue, es el pasado que viene".

Fandango y comunidad
Toda fiesta tradicional en Veracruz, en México, en América Latina y en el Mundo, es de por sí un acto comunitario. Los días de fiesta son diferentes a todos los demás, se les espera y se les prepara con especial atención, para celebrar ocasiones y fechas importantes. El fandango jarocho no es la excepción.

Los motivos de la celebración pueden ser varios: la fiesta del pueblo, un acontecimiento familiar, una boda, un bautizo, un cumpleaños, un nacimiento e incluso la muerte de un ser querido, a quién se le vela y se le acompaña con sones hasta la última morada.

En el Sotavento veracruzano, como en cualquier región del país, las celebraciones comunitarias por excelencia son las fiestas patronales, que se ofrecen a los santos y a sus santuarios, y que se rigen principalmente por el calendario católico, aunque muchas conserven aspectos de origen prehispánico.

Durante los días de fiesta, el pueblo o la familia que celebra comparte lo mejor que tiene para atender a los visitantes e invitados. Se ofrece siempre lo que se ha recibido o se recibirá, porque las fiestas se van repitiendo de pueblo en pueblo y de casa en casa, y el que es invitado hoy será el anfitrión mañana.

Las fiestas van tejiendo al celebrarse y repetirse una invisible e indestructible red social que integra familias, pueblos y regiones enteras. Es tan fuerte y tan antigua esta costumbre, que aún estando lejos son miles quienes regresan a su casa y a su pueblo el día de la fiesta.

En las montañas indígenas de Oaxaca, en donde nacen los mil arroyos que alimentan al río Papaloapan, la red de compadrazgos que existe entre ciudadanos de distintos pueblos vecinos, que se visitan recíprocamente con motivo de sus fiestas patronales, es un enorme tejido cultural que va más allá de las fronteras político administrativas que marcan los municipios.

En algunos casos extraordinarios este vínculo tan fuerte que se da entre la gente y sus fiestas rebasa incluso los límites nacionales, porque muchos de los que llegan o regresan son migrantes. En el caso del Llano veracruzano, aún siendo pueblos mestizos, muchas de las costumbres indígenas se repiten.

Una fiesta importante del Sotavento jarocho que reúne a varios estados de la República es la del Cristo Negro del Santuario, en Otatitlán, Veracruz, que hoy se celebra el día 3 de mayo (originalmente estas fiestas se celebraban en septiembre, pero se cambiaron a mayo para evitar las lluvias). En esta fecha llegan al Santuario miles de peregrinos desde las cercanas montañas de Oaxaca y Puebla. Aunque lejana en el tiempo pero no en el olvido, esta fiesta celebraba al viejo Señor Yacatecutli, “el del negro bastón”, patrón de los caminantes y de los Pochtecas o comerciantes del mundo prehispánico, hoy sustituido por el Cristo Negro.

Como en la mayoría de las regiones rurales de México, los fandangos jarochos reflejan y representan el mestizaje, pues los indígenas, los españoles, los africanos y los afrocaribeños no sólo mezclaron sus genes, comidas, palabras y músicas, sino sus creencias y desde luego, sus fiestas.

Así pues, aunque muchas de nuestras fiestas principales sean parte del calendario cristiano y estén dedicadas a los santos patronos, a las Vírgenes y a los Cristos de los santuarios, se siguen celebrando en las mismas fechas y lugares importantes del calendario agrícola mesoamericano, en donde se honraba a las antiguas deidades de la tierra, el agua, el viento, la fertilidad, etc.

Tal es el caso de otra de las fiestas grandes del Sotavento jarocho, la del 1 y 2 de febrero, dedicada a la Virgen de la Candelaria, que tiene su sede principal en la ribereña e histórica ciudad de Tlacotalpan. Allí mismo y en las mismas fechas que marcaban el inicio del calendario mexica se realizaban las celebraciones en honor a la Chalchiuhtlicue, Diosa del agua.

Hoy día, muchos sin saberlo y sin vocación religiosa de ningún tipo, y otros con conocimiento de causa, músicos, bailadores, bailadoras, poetas, versadores y simples observadores, provenientes de cualquier lugar de Veracruz, de México y del Mundo, nos reunimos en Tlacotalpan cada que inicia febrero. Nos juntamos a celebrar un viejo ritual mestizo, que se expresa en una fiesta fandanguera que dura varias noches. Con ese acto, consiente o inconsciente, ayudamos y nos ayudamos a que la tradición y la vida continúen. Por unos días somos una comunidad reunida a orillas de la tarima. No hay diferencia ni distingos y si algo que nos junta: la ganas de compartir la música, el baile, los versos, la fiesta y la madrugada.

Esta manera festiva de hacer comunidad se repite cada vez que nos reúne el fandango, por el motivo que sea, en El Hato, en La Boca, en Santiago, en Tlacotalpan, en Tuxtepec, en Playa Vicente, en Chacalapa, en el Santuario, en La Huaca, en el Casón, en el Patio Muñoz, en Santa Ana, California o en Tlalpan, DF.

El investigador y sonero Ricardo Pérez Montfort nos comentaba recientemente, durante una conferencia que impartió en Oaxaca sobre el Son jarocho, que los mazatecos de San Pedro Ixcatlán, pueblo cuenqueño cercano a Tuxtepec que todavía practica la tradición del fandango de “arpa y jarana”, le llaman “hacer gozona” a la realización de esta fiesta.

En toda la Sierra Norte de Oaxaca, mixe, zapoteca, chinanteca y mazateca, la vieja costumbre de hacer gozona significa lo mismo: ayuda mutua, reciprocidad y correspondencia, lo que en el Llano veracruzano llamamos mano vuelta y en los Valles Centrales de Oaxaca es la Guelaguetza. La gozona consiste en intercambiar ayuda en trabajo o en especie, sin haber dinero de por medio, y ha sido desde siempre una forma comunitaria de hacer la vida. Se hace gozona para preparar la tierra y sembrar una milpa, para cuidarla y cosecharla, para cortar, acarrear y beneficiar el café, para construir una casa y también para hacer la fiesta. El fandango, entendido así por los mazatecos de Ixcatlán, es una forma de compartir, de dar y de recibir y de hacer juntos el festejo.

Este sentimiento comunitario de fiesta compartida es tal vez lo que más nos identifica con el fandango. Sin importar procedencia ni origen, quién se acerca a la fiesta fandanguera se siente parte de ella. Esta sensación de identidad repentina con el fandango es más fuerte quizás porque muchos venimos de una sociedad urbana egoísta y sin identidad, y al llegar al fandango nos recordamos y nos reconocemos, aunque sea por un momento, como parte de esta celebración comunitaria.
Entendido así, el fandango jarocho “postmoderno” que hoy se hace en ciudades como Xalapa, Oaxaca, Cuernavaca, México y Los Ángeles California, podría incluso inscribirse dentro del amplio movimiento alternativo y contracultural, que hoy promueve los valores comunitarios dentro de una sociedad eminentemente individualista. Además de difundir y reivindicar nuestra música tradicional, en contra del bombardeo masivo que los medios de comunicación (tele y radio privadas) nos hacen permanentemente de su música basura.

Caso curioso sin duda, producto de este fenómeno de “identidad repentina”, y digno de una investigación antropológica mas amplia, es esta expansión de la comunidad fandanguera, que hoy rebasa sus fronteras regionales y crece en ciudades en donde antes no existía, mientras que desaparece silenciosamente en muchos de los pueblos de donde es originaria.

30 de agosto de 2009

Intermedio




Transgresión, tríptico, acrílico sobre cartoncillo. Obra del artista plástico Aníbal Contreras Jiménez (Coatzacoalcos, Veracruz, 1983).

PRÓXIMO POST: Lunes 7 de septiembre.

24 de agosto de 2009

La tradición en el tercer milenio

Gilberto Gutiérrez
(Segunda de dos partes)

En este momento el resurgimiento de la tradición del fandango jarocho es tomado como ejemplo para otras tradiciones. Es cierto, este movimiento cultural, visto desde afuera es sorprendente e inspirador.

Pero hay que separar el resurgimiento hacia dentro de la tradición y el boom que se ha desatado hacia fuera de la misma.

Como lo ha demostrado el Mariachi y los Jarochos en el pasado, el éxito del género hacia fuera de su contexto no es síntoma de que la tradición goce de buena salud; es más, en muchos casos, un mal manejo del éxito exterior es perjudicial para la tradición en sí.

Del boom del son jarocho me ocuparé poco, solo diré que en este momento es caótico y de trayectoria impredecible. El fandango ha tomado espacios que le corresponderían a otras tradiciones y más aún ha emigrado, sin visa, a los territorios del TLC y no dudo que reconquiste España y regrese a África.

Pero hacia adentro, sin que sea alarmante todavía, hay nuevos riesgos.

Aparecen nuevos actores, que se montan en el tren encarrilado y cuyo único objetivo es lucrar. Grupos “fusionadores” de éxito, hasta ahora efímero, que resultan malos ejemplos para niños y jóvenes; grupos que ya no quieren ser parte de la tradición sino del escenario y no tienen paciencia para aprender el vasto conocimiento del son y su contexto cultural.

Presenciamos también el surgimiento de muchos maestros que en realidad son desparramadores de la mala educación.

Una nueva clase de micro empresario de la cultura tradicional, donde lo importante es el lucro. La aparición de métodos fáciles, de cómo tocar el son, que no sirven pero se venden. Hay que reconocer que estos microempresarios funcionan como difusores. Pero el problema se sitúa en el plano de lo ético.

Si bien cada quien es libre de hacer lo que quiera, la incongruencia de algunos protagonistas es bastante nociva cuando manejan el discurso de la tradición y en la practica se contradicen, pero encuentran eco -con la influencia de los medios- entre gente poco conocedora.

Se trabajó muchos años para formar un público. Ahora hay programas de radio que se dedican a deformar y a alabar trabajos faltos de calidad artística.

El Encuentro de Jaraneros en Tlacotalpan, uno de los pilares de este movimiento, ahora es un espacio que confunde al público sobre qué es lo tradicional, ya que se maneja sin criterio. El cómo se llegó a eso, es de dominio público.

Los grupos hemos sido dueños de nuestro destino, pero actualmente ya hay compañías disqueras que se están interesados en grupos juveniles, a los que están manipulando con una producción dirigida hacia intereses comerciales más que artísticos. Con este panorama, para bien o para mal, no será raro que en los próximos años salga un grupo dirigido desde las televisoras.

Actualmente, hay quienes cultivan el fandango fuera de la zona natural de este, y hay quienes cultivan el género, son jarocho, como base de su desarrollo musical. Así el son forma, incipientemente, parte de los nuevos sonidos de la música popular mexicana.

Lo importante es que las nuevas generaciones practiquen el ritual del fandango, conservando los conocimientos ancestrales que nos han sido legados por los pueblos africanos, europeos y autóctonos y que dieron origen a nuestra tradición. Que la conserven y la enriquezcan como ha ocurrido hasta ahora.

Creo firmemente, al menos en este caso, que la familia ha sido y debe seguir siendo preservadora de la tradiciones. Por eso, los apoyos de cualquier origen deben privilegiar a los grupos familiares que hacen trabajo de cara a las nuevas generaciones. La incorporación de nuevas familias a la tradición, me da la certeza de que así debe ser.

Es importante formar también a los relevos no solo de los músicos si no de los promotores de la tradición. Promotores comunitarios que trabajan con o sin apoyos externos. Las instituciones no son de fiar, a veces apoyan y a veces son un lastre para la tradición. En lo personal recomiendo a las instituciones que apoyen los procesos encaminados y que no quieran dirigirlos ni inventar otros procesos donde ya suceden.

En la formación de promotores, en el caso de la cultura jarocha, no ha sido necesario empujar mucho. Existe una disposición natural para ejercer el oficio de tomar iniciativas y juntar banda para llevarla a cabo.

Es por eso que creo que el fandango jarocho está listo para recorrer el tercer milenio.

16 de agosto de 2009

Intermedio


Laboratorio Escénico A.C. bajo el auspicio del CONACULTA y la Universidad Veracruzana

CONVOCA al

Segundo Foro Nacional de Jóvenes Hablantes de Lenguas Originarias

“El encuentro de nuestras culturas”


A realizarse en la UVI-Totonacapan, municipio de Espinal, Veracruz del 24 al 26 de septiembre de 2009.

Este evento es una iniciativa de la sociedad civil organizada, es un espacio de propuesta y expresión para todas aquellas voces jóvenes –no importando la edad- que hablan desde el corazón; por lo tanto es incluyente, pero ajeno a cualquier partido político. La ruta que hemos decidido es la del arte que favorece diversas maneras para expresar la consciencia y las emociones que se tienen sobre el mundo que habitamos y las relaciones que establecemos. De este modo, el foro tiene como fin último vincular las múltiples experiencias jóvenes generadas y casi nunca escuchadas a lo largo y ancho del país.

Considerando que en abril de 2007 se realizó el Primer Foro Nacional Juvenil Náhuatl –en el cual 3000 jóvenes asistentes acordaron darle continuidad a este foro de expresión- y con la finalidad de contribuir al desarrollo de políticas públicas que incluyan a los jóvenes como eje principal del desarrollo, y de acuerdo a la declaración de la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno realizada en octubre de 2008, en la ciudad de San Salvador, El Salvador, cuyo eje temático fue “Juventud y Desarrollo”:

Se organizarán círculos de discusión en los siguientes ejes temáticos: a) Diversidad Juvenil (Derechos culturales, biológicos, sociales y económicos); b) Derecho a la expresión artística; c) Principios de Género; d) Nuevas formas de economía; e) Medio ambiente y sustentabilidad; f) Visiones sobre la sexualidad; g) El arte y su relación con el desarrollo; h) Nuevas tecnologías de la comunicación; i) El papel de la familia en la construcción de una sociedad consciente; j) Lenguas originarias; k) Retos de la Educación Intercultural y, l) Migración y su impacto en los jóvenes.
Cuyos resultados se resumirán en propuestas jóvenes que contribuyan al fortalecimiento y la regeneración de nuestras comunidades.

De la participación

• Podrán asistir todos los jóvenes hablantes de alguna lengua originaria del país, así como los interesados en preservar y fortalecer las culturas originarias y la convivencia intercultural con ánimo propositivo para analizar, discutir y generar propuestas que beneficien a sus comunidades y a otros jóvenes.
• Podrá participar en los círculos de discusión, todo joven interesado en el tema, del país y del mundo.
• Podrán participar también las organizaciones civiles, instancias de gobierno, empresas, organismos, grupos formales y no formales, que trabajen en materia de desarrollo comunitario, cultural y/o artístico, desde una perspectiva juvenil.

Del Registro

La presente convocatoria queda abierta desde su emisión, hasta el 23 de septiembre de 2009, a las 24:00 horas.
Los interesados podrán inscribirse y registrar sus propuestas por correo electrónico a laboratorioescenico@yahoo.com, por correo a domicilio: Calle Betancourt No. 120 Interior 1, Colonia Centro, Xalapa, Veracruz, México, C.P. 91000; en el formato que estará a disposición en la página www.laboratorioescenico.org a partir de la emisión de la presente convocatoria. Se elegirán para su discusión las 15 propuestas más innovadoras de cada eje temático.

Informes a los teléfonos: Xalapa, Veracruz 01(228)8410092// 045(228)1803338// Espinal, Veracruz 01(784)8812357

IMPORTANTE:
a) Este es un foro campamento, trae tu casa de campaña, bolsa de dormir, plato, vaso y cuchara (colaboremos para no generar basura). Habrá comida regional a precios accesibles.
b) Se pedirá un bono de recuperación cuyo monto será voluntario, el cual se empleará en la construcción del Centro de Autoformación Intercultural, en la comunidad de Comalapa II, municipio de Zongolica, Veracruz.
c) Las rutas para llegar a la sede del evento, estarán disponibles en nuestra página de internet a partir del 5 de agosto del 2009.
d) Mayores informes respecto a la sede, en la página de la Universidad Veracruzana Intercultural http://www.uv.mx/uvi/sedes/totonacapan.html
Lo no previsto en esta convocatoria será resuelto por los organizadores.

Consulta nuestra página
www.laboratorioescenico.org
Espinal, Veracruz, a 27 de Julio de 2009.

NOTA: Esta convocatoria es exclusivamente para inscribirse en los círculos de discusión. Durante el Segundo Foro Nacional de Jóvenes Hablantes de Lenguas Originarias se desarrollará un programa de conferencias, paneles, espectáculos artísticos, talleres y exposiciones cuyo programa daremos a conocer oportunamente en la página web.

10 de agosto de 2009

La tradición en el tercer milenio

Esta semana publicamos otra de las ponencias que se presentaron en el evento El Fandango Jarocho, un mundo de vida.

Ahora le corresponde el turno a Gilberto Gutiérrez, fundador y director del grupo Mono Blanco, y quien ya ha colaborado con el Observatorio.
Gilberto nos habla sobre el estado general de la tradición del son jarocho, de las transformaciones que sobre ella se han operado y del relevo generacional que le espera.

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La tradición en el tercer milenio
Gilberto Gutiérrez

(Primera de dos partes)

Hubo un tiempo, hasta mediados del siglo XX, en que la tradición se pasaba de generación en generación. En el mundo rural, las familias vivían agrupadas en caseríos, donde convivían como la gran comunidad que eran y la incipiente migración no repercutía significativamente en las pequeñas poblaciones.

Por esos años, los sesentas, aparecieron por mi rumbo, Tres Zapotes -lugar rodeado de selva en ese entonces- síntomas de que la “modernidad” llegaba. Primero fue el molino de nixtamal, con un taz taz taz que a las cuatro y media de la mañana se oía en todo el caserío; llegó también el radio y el tocadiscos que sirvió para organizar bailes de piezas.

Así más menos fue que empezó a decaer el gusto por el fandango. La nueva sociedad de aquel entonces se entregó, seducida, a las novedosas formas de diversión, principalmente el baile.

Para la generación de Don Arcadio Hidalgo, el fandango, como ellos lo conocieron, se había acabado. Para la generación de Don Esteban Utrera el fandango, como el lo conocía, amenazaba en acabarse con él y aunque el fandango no desapareció, el modo en que él lo conoció, sí.
Así era el panorama en el vasto territorio veracruzano.

Con la modernidad, otras formas de desculturización aparecieron. Los emblemáticos “Ballets Folklóricos” funcionaron como Caballo de Troya al interior de las instituciones culturales, y ya adentro fomentaron su propia repetición, convirtiendo a la sociedad en actores y espectadores de su tradición sintetizada. Los otros músicos se formaron en grupos y encontraron un nicho de trabajo, en las compañías de danza folklórica, en los restaurantes de mariscos y en producciones especiales para el turismo. Creo que ésta fue la primera generación de soneros que se profesionalizó y en este proceso fueron perdiendo nexo con la tradición.

La televisión y la radio representan uno de los mayores desafíos para la tradición. Un jarocho lleva un radio a su casa: éste lo pone en contacto con un mundo que sólo con dinero se alcanza. Entre comerciales de productos varios y destellos de música ese jarocho nunca se vera reflejado en aquel mundo que se le impone seductoramente.

La sociedad jarocha, en pleno proceso de urbanización, disfrutaba de enviar a sus hijos a aprender el zapateado académico, los jóvenes no tenían más interés en tocar son jarocho que para entonces estaba bien identificado como algo de rancheros y de grupos marisqueros, como se les llegó a conocer.

En los sesentas, con Lino Chávez instalado como el máximo representante del son jarocho, apareció el disco “Sones Jarochos” de la serie Testimonio Musical de México del INAH. Aunque el disco es colectivo, destacan en el mismo la participación de Don Arcadio Hidalgo, Noé González y Antonio García de León. El disco fue y sigue siendo un ejemplo del son tradicional, en varios estilos. Particularmente llamó la atención el son El Fandanguito donde Antonio García de León canta las décimas de Arcadio Hidalgo, dándonos un buen ejemplo de que el son podía ser actual. Lástima que ese trabajo hasta ahí llegó. Antonio García de León siguió sus estudios y los Gonzáles, Noé y Benito, ya no regresaron a su tierra: se quedaron en Minatitlán y se adaptaron, como músicos, a vivir tocando en restaurantes y cantinas. Este hecho es interesante: Los González no tenían otra opción porque aún no había mercado para el son tradicional.

Con una serie de acontecimientos que se dieron a hacia el final de los setentas, de los que no hablaré aquí pero que están perfectamente documentados, es que comienza el resurgimiento del son jarocho.

Importante fue la relación de esfuerzos individuales con acciones institucionales que dieron como resultado el resurgimiento de una tradición que agonizaba.

Estas fueron algunas de esas acciones:
Primordialmente la realización de fandangos.
Sobre una lista elaborada a partir de los pueblos que gozaban de reputación pasada como fandangueros, el Grupo Mono Blanco propusimos a Promoción Cultural de la SEP, antecedente del CONACULTA, un proyecto al que llamamos Promoción y Difusión del Son Jarocho a partir del Fandango.

Se lograron acuerdos con los alcaldes y se convino con ellos la realización de los fandangos dentro de las fiestas patronales. Aquí comienzan a diferenciarse unos ayuntamientos de otros, y solamente se trabajó con aquellos que mostraron interés y cumplieron con los compromisos pactados.

Al realizar los fandangos detectamos que se había perdido conocimiento de participación. La mayoría de las personas que tenían interés en participar ya no tenían nociones de los pasos y las reglas de participación. Dicho de otro modo, habían perdido la cultura del fandango.
De ahí nació la idea de realizar talleres de zapateado. Estos se organizaban previo a los fandangos y de esta manera se pasaba del taller a la práctica misma.

Una acción mostraba otra necesidad, y a estos talleres se sumaron los de ejecución de instrumentos y posteriormente los de laudería, por que no había suficientes instrumentos para los interesados en aprender a ejecutarlos.

De esta manera se cerró el circulo; al tiempo que se realizaban los talleres se organizaban fandangos.

Aquí es importante mencionar el fenómeno de réplica. Pronto empezaron a surgir otros grupos interesados en la practica del fandango. De igual manera se dieron a la tarea de realizar talleres y de ir con los músicos veteranos que quedaban por sus rumbos, para aprender de ellos y reintegrarlos a los fandangos.

A la vez que se trabajaba hacia adentro de la tradición, se trabajaba también en otros lugares, sobre todo en la Ciudad de México. Esto se debía en parte a que el grupo Mono Blanco, promotor de estos talleres, naciera en esta ciudad y a que los recursos, en ese entonces, emanaban exclusivamente de las instituciones federales.

La realización de talleres y fandangos en la Ciudad de México fueron muy aceptados y quizá eso explique el fenómeno de los fandangos jarochilangos.

Hay que mencionar que en 1986, con la fundación del Instituto Veracruzano de Cultura, al que me incorporé, se adoptó un programa de trabajo que permitió al proyecto de Promoción y Difusión del Fandango se extendiera por todo el territorio Jarocho. Trabajábamos conjuntamente IVEC, Culturas Populares de Acayucan y Mono Blanco. Se aumentó el apoyo para la realización de fandangos y se montaron varios talleres de laudería.

Para ese entonces algunos municipios pedían fandangos para sus fiestas patronales y nos metimos a trabajar en las comunidades Popolucas y Nahuas de la sierra de Santa Marta. Comunidades dispersas, con la tradición decaída y muchos niños con ganas de aprender. Por eso fue que creamos el proyecto de los Campamentos Infantiles de Son Jarocho.

Originalmente pensado para los niños de la Sierra de Santa Marta, este proyecto pronto se abrió hacia los niños mestizo rurales y urbanos. La práctica nos enseño que esta convivencia multicultural, en la que convivían popolucas nahuas y mestizos, era motivante y daba buenos resultados.

Para finales de los noventa ya se hablaba del resurgimiento de el son jarocho. Las juventudes veracruzanas empezaron a ver en el músico jarocho un factor de identidad, tanto en el medio rural como el urbano.

De esta manera, el fandango jarocho llegó al tercer milenio fortalecido en su contexto cultural, así como fuera de él. Los fandangos se realizan dentro y fuera del territorio jarocho. Los encuentros de jaraneros se han multiplicado y algunos han adoptado sus propias características.

Aunque hay grupos que abandonaron el trabajo comunitario y se dedican al escenario, la mayoría de los grupos se dedican a la realización de talleres y fandangos en su propia comunidad y en otras.

3 de agosto de 2009

Intermedio

Amor tóxico, 13 historias de amor con miedo.
Serie en papel cortado de Alec Dempster (se nos acaba de ir de Xalapa a Toronto). Visiten su sitio:
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