10 de septiembre de 2013

El son jarocho como patrimonio... ¿a la lista de la UNESCO? III

En nuestra serie sobre la posible inclusión del Son Jarocho a la Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, lanzamos en el post anterior una serie de preguntas ligadas al debate en tanto que ejes de discusión que comenzaremos a tratar esta semana.

En esta tercera entrega, después de haber hecho un recuento sobre lo que significa el Patrimonio Cultural Inmaterial y los mecanismos de la UNESCO para preservarlos, y de publicar un texto sobre el Son Jarocho y su dimensión patrimonial, tratamos de resolver la pregunta: ¿Para qué sirve que una práctica tradicional sea considerada dentro de las listas del PCI de la UNESCO?

Pregunta que nos ha sido hecha por algunos lectores y decidimos con ella empezar nuestro análisis temático.  En los post anteriores ya hemos discutido ampliamente temas y conceptos para poder abordar asuntos más complicados sin tener que explicar todo desde un principio. Invitamos a nuestros lectores interesados a leer los post de toda la serie.

Ha sido nuestro interés, desde que empezamos esta serie de artículos, provocar la reflexión tanto de los actores involucrados -creadores y funcionarios culturales- como del público interesado en el tema. Esperamos que esta información, esta cadena de análisis contribuya a una mayor comprensión de lo que está en juego.


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Cinco preguntas sobre la nominación del Son Jarocho a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO: 

1. ¿Para qué sirve que una práctica tradicional sea considerada dentro de las listas del PCI de la UNESCO?



Ishtar Cardona 


Cuando se habla de la introducción de un sitio a la Lista del Patrimonio de la Humanidad (Patrimonio Tangible) o de una tradición a la Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial, ambas de la UNESCO, se piensa en términos del aplauso y del honor: una medalla que se ha ganado. 

Sin embargo, la introducción de un elemento a las listas de la UNESCO no significa meramente un reconocimiento. También exige un compromiso para su preservación. Y además, implica el involucramiento de actores en todos los niveles (gobiernos nacionales y locales, comunidad vinculada al elemento, sociedad civil) en la generación de proyectos de salvaguarda de ese patrimonio. La UNESCO así lo pide en los criterios de inscripción a las listas.

Ello, por supuesto, nos habla del espíritu que ha animado el trabajo de las Naciones Unidas en relación a las manifestaciones culturales, la reflexión que ha generado sobre la necesidad y función de la memoria de las comunidades en el equilibrio social, la pertinencia de la visión cultural en la estructuración de planes de gobierno, en el enorme potencial que la creatividad artística-cultural contiene de cara al desarrollo. 

Los documentos que la UNESCO ha generado en la última década (la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial se aprueba el 17 de octubre de 2003) prueban esta visión compleja, esperanzada, analítica, integral que Naciones Unidas trata de impulsar en los países miembros. 

Ahora bien, la UNESCO no actúa unilateralmente. No podría. Como ya se ha dicho, la UNESCO solicita el mayor involucramiento por parte de los diferentes sectores interesados en la preservación de las prácticas tradicionales que puedan ser consideradas en las listas. Es decir, la UNESCO preconiza el principio básico de toda memoria: su generación, su conservación, su transformación, su uso le corresponden primordialmente al ente que la genera; en este caso, toda práctica tradicional está inserta en un contenedor comunitario que debería de ser, en todo caso, el primero en preservarla

La UNESCO así pone sobre la mesa el objetivo de la salvaguarda del PCI: el tejido comunitario se fortalece a través de la practica de sus propios referentes. La comunidad es / debería de ser la primera en valorar sus propias prácticas. La comunidad tiene la capacidad de transformar sus propias prácticas de acuerdo a los contextos actuales. La comunidad puede preservar rasgos ancestrales de esas prácticas porque conservan un fuerte sentido social que las hacen significativas. La comunidad puede -en su propio interés- crear mecanismos de salvaguarda de esas prácticas y tal vez dotarlas opertivamente de un cariz económico que permita que la propia tradición, la manifestación objetiva de lo simbólico, se torne un factor directo de desarrollo económico para la misma comunidad. 

La UNESCO lo que pretende es provocar todas estas reflexiones para que los países, las regiones, los pueblos piensen sobre el valor enorme de su patrimonio inmaterial, el potencial de sanación social y desarrollo que conlleva en sí, para que todo ello derive, más allá de la toma de conciencia, en la toma de acciones. 

Para eso sirve no solamente la invitación que hace el organismo a los países para presentar candidaturas a la Lista, sino todos los programas que en torno al PCI ofrece Naciones Unidas para que las naciones los implementen en su territorio. 

Sin embargo, es al nivel de la comprensión y de la aplicación de los principios de la UNESCO y de los programas a nivel nacional / local donde se genera confusión y en el peor de los casos, mera instrumentación...

Es decir, lo ideal sería que estos principios, estas bases, estos objetivos de valoración del PCI se conservaran y se enriquecieran en los diferentes países, generando políticas particulares de acuerdo a las necesidades de cada una de las localidades, regiones, donde hubiera elementos susceptibles de intergrarse a la Lista. Que la Lista sirviese como un detonador de la reflexión a nivel local y que desde lo local se generaran propuestas y dinámicas de preservación. 

Pero si la Lista es vista únicamente como un galardón otorgado desde el exterior y, en el peor de los casos y como ocurre mucho, como una fuente de dinero que fluye hacia la región, pues la Lista nos solamente no sirve porque pervierte sus principios, sino que genera dinámicas viciosas de paternalismo, corrupción, inmovilidad, irresponsabilidad. 

Ya lo hemos dicho en nuestros post anteriores: la UNESCO no da de forma directa dinero para los elementos inscritos en la Lista. Ahora bien, sí existe un Fondo para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial que por supuesto le da prioridad a los elementos que requieren medidas de salvaguarda urgente pero que no excluye a elementos inscritos en la Lista Representativa. Los Estados parte pueden solicitar asistencia internacional para llevar a cabo programas y proyectos de salvaguardia del PCI (formulario ICH-04).

Sin embargo, los programas y los fondos que se implementen para la salvaguarda de las tradiciones, las practicas que sean consideradas elementos de la Lista deben de ser creadas, administradas y supervisadas por el propio país de donde es originario el elemento. 

Si esto no se hace bien desde lo local, entonces en el fondo no sirve de nada incluir una tradición en la Lista Representativa.  

Sobre el asunto de los fondos y las responsabilidades ya hablaremos en las siguientes entregas. Por lo pronto nos interesa que una idea quede clara: la intenciones de la UNESCO no están en duda al crear toda esta estructura de discusión y defensa del PCI. El problema viene a nivel local. "La UNESCO lo que estructura es una serie de lineamientos, deontologías, estándares, etc. Cuando un país signa un convenio o busca una declaratoria (y para ello debe haber signado los convenios de protección del patrimonio material e inmaterial), se compromete a ajustar su legislación (a nivel federal, estatal y local/municipal) de modo que cumpla con lo que se ha comprometido. Y es ahí donde está el quid de la cuestión." (Brenda J. Caro Cocotle).

Entonces, ¿para qué sirve que una práctica tradicional sea considerada dentro de las listas del PCI de la UNESCO?

Como lo hemos tratado de explicar a través de este texto, en el mejor de los casos debería de servir para reflexionar, valorar, impulsar el PCI de una comunidad pensando en que su salvaguarda conlleva enormes beneficios sociales (incluyendo el espectro económico). Pero si esta idea se usa mal, pobremente, gandallamente, entonces, francamente, no sirve de nada. 



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Añadiría que lo que la UNESCO también busca es que la expresión que se reconoce como representativa del PCI de un país, sea mucho más visible a nivel internacional como elemento viable a ser incorporado al repertorio de la creatividad de la especie humana. Recordemos que el PCI no hace énfasis en lo estético, lo singular o lo excepcional; sino que quiere poner el foco en aquellos bienes simbólicos que sustentan una manera de estar en el mundo, una manera creativa de resolver problemas de relación social y con el ambiente, a efecto de que contemos con una mayor diversidad creativa.

Carlos Villasenor dijo...

Añadiría que lo que la UNESCO también busca es que la expresión que se reconoce como representativa del PCI de un país, sea mucho más visible a nivel internacional como elemento viable a ser incorporado al repertorio de la creatividad de la especie humana. Recordemos que el PCI no hace énfasis en lo estético, lo singular o lo excepcional; sino que quiere poner el foco en aquellos bienes simbólicos que sustentan una manera de estar en el mundo, una manera creativa de resolver problemas de relación social y con el ambiente, a efecto de que contemos con una mayor diversidad creativa.

Ishtar dijo...

Gracias por el aporte, Carlos.