20 de mayo de 2008

CONFERENCIA


El próximo jueves 22 de mayo a las 17 hrs. la Mtra. Ishtar Cardona dictará la conferencia Tradición, fusión y mercado: los escenarios del Son Jarocho actual, en el Auditorio de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana.

En esta presentación se analizará el fenómeno de resurgimiento del Son Jarocho y los cambios en las identidades que se han producido al mismo tiempo en quienes practican este género musical. La maestra Cardona propone reflexionar en torno a las transformaciones del sentido y de los escenarios propios al Son y sobre como la tradición se proyecta hoy en día en la reactivación de los fandangos como fiestas comunitarias, hacia la escena del mercado de músicas del mundo, y en su presentación en festivales organizados institucionalmente.


El Programa de Investigación en Artes y la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana invitan a asistir a este evento.
Jueves 22 de mayo a las 5 de la tarde
Auditorio de la Facultad de Música. Unidad de Investigación en Artes.
Belisario Domínguez No. 25, ó
Facultad de Música - entrada por Barragán No. 32, Col. Centro, Xalapa.

19 de mayo de 2008

Miradas al Programa Nacional de Cultura 2007-2012. Promoción Cultural Nacional e Internacional

Acorde con la tónica general de todo el documento, el diagnóstico formulado en el tramo correspondiente a la promoción cultural en el Programa Nacional de Cultura 2007-2012 resulta a ratos incisivo y revelador. De entrada, admite que:
“Es necesario, por no decir urgente, diseñar nuevas estrategias y mecanismos de atracción y generación de nuevos públicos, en particular entre niños y jóvenes, lo que requiere un amplio análisis de los caminos seguidos hasta ahora, la evaluación de técnicas, métodos y resultados y la búsqueda de nuevas vertientes de difusión y motivación”.

Este reconocimiento es importante, desde luego, y podría ser signado por muchas entidades de cultura, tanto públicas como privadas. Llama la atención por ello que, luego de efectuar tan significativa declaración, el Programa se limite a reiterar, una tras otra, las mismas estrategias de promoción cultural de siempre, varias de las cuales han mostrado no sólo su obsolescencia, sino, de plano, su franca impertinencia.

Ocurre que, con frecuencia, el documento se concentra más en lamentar lo dramático de la realidad nacional que en tratar de vislumbrar las “nuevas estrategias” vanamente invocadas al inicio. Tal ocurre, por ejemplo, cuando se trata de la industria cinematográfica. En este punto, el diagnóstico insiste, con tino, en señalar lo pernicioso que resulta el monopolio que ejerce la cinematografía estadounidense en los circuitos de exhibición fílmica en México.

Lo malo es que ante tan duro problema la receta sigue siendo la de siempre: subsidiar a una parte sustantiva de las películas que se producen en México, pasearlas por los festivales del mundo y dejarlas por fin morir en los ingratos circuitos comerciales. En este caso, como en muchos, se deja intacta la raíz del problema al no impulsar las modificaciones legislativas que tanta falta hacen y, sobre todo, al no alentar la creación de circuitos paralelos de exhibición que ofrezcan a los espectadores de toda la república la oportunidad de ver, no sólo la producción fílmica nacional sino, además, la de otros países igualmente marginados.

Conviene recordar al respecto que muchas instituciones académicas, culturales, sociales y privadas han hecho evidente su voluntad de aportar recursos humanos y materiales a la integración de los circuitos antes mencionados. Poco es sin embargo lo que puede hacerse sin la intervención decidida del órgano encargado por Ley de impulsar tal proceso, que es precisamente el Instituto Mexicano de Cinematografía.

Otro ejemplo palpable de la inercia del gobierno federal en el ámbito de la promoción cultural es el relacionado con el tema del fomento a la lectura. En esta área, se insiste en reiterar las medidas ciertamente positivas, pero ya conocidas, como el impulso a las ferias del libro, la distribución por medio de Educal y la operación de salas de lectura, mientras se desaprovechan oportunidades doradas como el establecimiento de ofertas editoriales eficientes dirigidas a públicos por consolidar, como los adultos que han tramitado su credencial en las más de siete mil bibliotecas públicas, o la integración de un sistema único de distribución de libros que aglutinara el acervo editorial del sector público con el de las universidades.

Para no variar, además, se insiste en confundir la difusión de la cultura con la realización de actividades dirigidas a públicos multitudinarios, tales como ferias y festivales. Tal confusión resulta grave, si se piensa que dichas acciones deben ser, en rigor, el resultado de una labor persistente, cotidiana y diversificada en materia de organización de espectáculos culturales. Así por ejemplo, poco sentido tiene organizar un festival internacional de danza contemporánea en una ciudad que carezca, por ejemplo, de opciones educativas en la materia, compañías estables de cierta calidad y una programación constante de grupos de dicha disciplina. Sin esos ingredientes, podrán transcurrir veinte o treinta festivales anuales sin que la comunidad se apropie realmente de la fiesta.

Otra característica del apartado del Programa que nos ocupa es su preocupación por prolongar la estrategia iniciada en el sexenio anterior, consistente en utilizar la riqueza del patrimonio cultural de México, destacadamente el patrimonio arqueológico, como tarjeta de presentación de la identidad nacional y moneda de cambio para conseguir magnas exposiciones del patrimonio de otras culturas del mundo. Debe reconocerse la importancia de dicha estrategia, sin dejar de advertir que, en ocasiones, ella significa el síntoma más evidente de una incomprensible necesidad oficial de mostrarse ante el mundo para obtener reconocimiento. Sin ignorar que dicha circunstancia es favorable, queda claro que mejor sería para todos que también fuéramos reconocidos por la calidad de nuestra democracia, nuestra justicia social o nuestro apego a los derechos humanos.

En síntesis, podemos afirmar que en el rubro de la promoción cultural el Programa Nacional de Cultura tiene uno de sus flancos más débiles. Podría no ser tan preocupante, si no fuera porque es uno de los que más recursos absorben y más ayudan a la clase política a legitimarse como impulsora de la cultura.

12 de mayo de 2008

6 de mayo de 2008

Miradas al Programa Nacional de Cultura 2001-2007. La infraestructura cultural

Por problemas técnicos de la página, el post de esta semana se publica con un día de retraso. Pedimos disculpas a todos aquellos que buscaron el texto ayer lunes y no lo encontraron...

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En la presentación del Programa Nacional de Cultura 2007-2012 se hizo énfasis en modernizar la infraestructura en la materia. En este sentido, el plan comprende tres grandes rubros, dos de los cuales tienen que ver con el tema que nos ocupa:

En el plan se considera que “La infraestructura cultural comprende el conjunto de instalaciones y espacios físicos, así como su equipamiento y recursos materiales, en que se ofrecen a la población los servicios y el acceso a los bienes culturales: disfrute del patrimonio cultural; espectáculos artísticos; información y lectura; formación artística y cultural; turismo y esparcimiento culturales. Asimismo, incluye los centros y recintos en que los sectores profesionales ligados a dichos servicios o a la actividad cultural del país —artistas, intérpretes, investigadores, promotores, maestros, trabajadores— llevan a cabo sus labores”.

Es importante considerar que la infraestructura cultural se encuentra a cargo de los tres niveles de gobierno, así como de la iniciativa privada, grupos comunitarios o asociaciones civiles de la más diversa naturaleza. Por este motivo, el estado de conservación, las necesidades de mantenimiento, el equipamiento, la operación y el nivel de desarrollo o la actualización de la infraestructura cultural varían considerablemente.

Para la realización del diagnostico de este rubro, se utilizó la información del Atlas de Infraestructura Cultural, elaborado por el propio CONACULTA en 2004, y basado en estos resultados el gobierno federal estableció que la “prioridad de la nueva cruzada descentralizadora debe ser la creación de infraestructura cultural que funcione como detonador del desarrollo comunitario y regional a mediano y largo plazo”. Ante un panorama desolador del estado de la vasta infraestructura cultural, el programa nacional de cultura tiene tres grandes objetivos:

1) Apoyar la rehabilitación, la renovación y el desarrollo de la infraestructura cultural de los estados.
2) Mejorar y mantener la infraestructura cultural bajo responsabilidad del gobierno federal para garantizar la calidad de sus servicios al público, la comunidad cultural y académica y los trabajadores de la cultura.
3) Llevar a cabo proyectos especiales de revitalización de la infraestructura cultural que se vinculen con el espíritu y los objetivos de la Conmemoración del Bicentenario del Inicio de la Independencia Nacional y el Centenario del Inicio de la Revolución Mexicana.

En el funcionamiento de esta vasta infraestructura cultura –considerada una de las más importantes de Latinoamérica- participan el gobierno federal y los gobiernos de los estados y municipios, a través de un gran número de dependencias y organismos, al igual que instituciones y organizaciones del sector privado y la sociedad civil de la más diversa naturaleza. Por este motivo, el estado de conservación, las necesidades de mantenimiento, el equipamiento, la operación y el nivel de desarrollo o la actualización de la infraestructura cultural varían considerablemente.

En términos generales, sin embargo, los diferentes tipos de infraestructura tienen en común la problemática que se deriva de una insuficiente cobertura social y geográfica; el desequilibro en la distribución territorial de los servicios; las necesidades creadas por los nuevos núcleos de población; el deterioro y el envejecimiento de las instalaciones; la carencia de programas regulares de mantenimiento, así como del presupuesto necesario; y la falta de inversión en renovación y modernización del equipamiento.

Por ejemplo, se aprecia que la mayoría de los museos presentan problemas de distinto nivel en los siguientes tres rubros: equipamiento, mantenimiento de infraestructura o carencia de ella, y anticuados discursos museográficos. Esta misma situación prevalece en las bibliotecas, se detecta un alto porcentaje que requieren acciones decididas de mantenimiento, remodelación, ampliación y renovación de locales.

Se debe considerar que existe una diferencia, que deriva en disociación, entre la infraestructura referida a lo cultural (museos, bibliotecas, librerías, casa de cultura, teatros, bibliotecas, etc.) y los usos y la difusión ejercidos por la comunidad o la administración pública o privada de estos centros culturales.

Por lo tanto, deberían intensificarse los trabajos coordinados entre los gobiernos federal, estatales y municipales de diagnóstico, elaboración de proyectos, asignación presupuestal e inversión, principalmente de recursos municipales, con apoyo técnico y estímulos de las instancias estatales y municipales, para emprender las obras de mejora. Por una parte, sigue haciendo falta un trabajo más amplio en la creación de infraestructura cultural para los municipios; por otra, es preciso establecer sistemas de organización y operación planificados y redes de colaboración nacionales e internacionales.

Se requiere a corto y mediano plazos, un plan que incluya programas permanentes de mantenimiento de los espacios, que preserve las condiciones de estos espacios con óptima calidad, que estos programas impidan el deterioro de los espacios tanto por el uso como por su subutilización, y que el plan en lo general promueva el desarrollo tanto de la infraestructura como la consolidación de criterios, normatividades, esquemas operativos y de procedimientos. Por ello, se hace necesario y urgente instrumentar e implementar un Plan Estratégico de Desarrollo de Infraestructura y Equipamiento, donde se establezcan los procedimientos de operación y gestión, mediante modelos rectores que incluyan una adecuada clasificación, prototipos, manuales normativos, planes maestros, asesoría técnica y financiamiento, donde estén involucrados los tres niveles de gobierno así como las diferentes partes y plataformas del tercer sector, que haga posible la más amplia participación social en aspectos que abarcan desde la conservación hasta el financiamiento para restauración y preservación.

Todo ello, con base en los principios de descentralización, participación y autonomía, de manera concertada con las administraciones correspondientes, como herramienta para afianzar el desarrollo e intercambio cultural de las diversas comunidades del país (y que necesariamente redundara en beneficio de nuestro Estado, como de las demás entidades del país).

Curiosamente dos programas que atienden la infraestructura cultural en CONACULTA no se mencionan. Uno de ellos es el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE), cuyas nuevas Reglas de Operación vigentes a partir del 1° de enero del 2008, se hallan en el Acuerdo No. 146 publicado en el Diario Oficial el pasado mes de diciembre del 2007. El PAICE se encuentra adscrito a la Dirección General de Vinculación Cultural, y ofrece apoyos para construcción, rehabilitación, remodelación, mantenimiento y equipamiento de espacios culturales, bajo esquemas de cofinanciamiento y corresponsabilidad en dos ámbitos de trabajo: A) estatales y del Distrito Federal y B) municipales, delegacionales y de la sociedad civil organizada, actores de una sociedad plural y democrática, financiera y socialmente responsable.

El otro programa es el Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos y Bienes Muebles de Propiedad Federal, que como su nombre lo dice se refiere al mantenimiento de inmuebles de propiedad federal, que en la administración pasada dio apoyo a 171 inmuebles.

El desarrollo de la infraestructura cultural debe estar en correspondencia con el dinamismo intelectual y creativo del país. Aún hace falta mucho por hacer, ya que no es posible responder a la gran activación cultural que se vive en México, ni a los procesos de desarrollo cultural de los municipios, si no se atiende al crecimiento, especialización, equipamiento y mejora de estos espacios en donde se promueven actividades culturales y de creación artística.