20 de abril de 2009

El Son Jarocho como Patrimonio*

(Primera de tres partes)
Ishtar Cardona

El Son Jarocho, la música originaria del centro-sur del Estado de Veracruz en México, también llamada música del Sotavento, ha sido considerado durante largo tiempo como uno de los componentes constitutivos de la herencia cultural nacional. No existe un ballet folklórico profesional que no cuente entre sus estampas con un baile jarocho. En las escuelas de educación elemental se montan bailables para los festivales escolares: La Bamba, La Guacamaya o El Jarabe Loco forman parte del repertorio potencial listo para ser escenificado en alguna festividad nacional o evento dedicado a la familia.

Dentro del discurso de los encargados de las políticas culturales estatales o federales, al referirse al patrimonio cultural es difícil que se deje de lado al son jarocho en el repertorio de “lo mexicano”. La fuerza de su representación solamente puede ser comparada con los sones del Estado de Jalisco y su música de mariachi.

Al parecer, estamos hablando de un elemento cultural que no se encuentra en peligro de desaparecer y cuya administración no representa dificultades particulares dado que cuenta con el aprecio y el apoyo de parte de las instituciones culturales, muy por encima de otras representaciones regionales que no gozan de visibilidad y sostén gubernamental para manifestarse. Sin embargo, la historia reciente del son de Veracruz se encuentra cruzada por fenómenos varios que narran la dificultad y los riesgos de considerar una práctica en tanto que patrimonio sin analizar el sentido que ésta guarda para los agentes que la determinan, las interacciones que se juegan en el contexto actual y las transformaciones a las que, por lo tanto, se ve sujeta.

Actualmente, cuando nos referimos a la defensa del Patrimonio Cultural, hablamos del establecimiento de acuerdos entre los diferentes actores involucrados en la creación, reproducción y transmisión de ciertos elementos que poseen un peso simbólico como herencia del conjunto social. El primer acuerdo debe ser la definición de lo que es o no patrimonio: ¿Qué es considerado lo patrimonial y a qué reglas se sujeta? Y para instaurar una defensa adecuada sobre el patrimonio ¿cómo deben considerarse las mutaciones que se operan a lo largo del tiempo sobre lo patrimonial para seguir siendo considerado tal? En el caso del Patrimonio Cultural Intangible, estas mutaciones corresponden en ocasiones con el sentido mismo que le otorgan los creadores a su práctica…

El debate que se desarrolla actualmente en torno a estos temas involucra definiciones conceptuales como Identidad, Región y Nación, Tradición y Folklore, Mercado y Gobierno. Definiciones que desarrollan su propia direccionalidad dependiendo del agente que se las apropie para construir un discurso.

Según el investigador francés Gerard Lenclud, la antigüedad parece conferir un prestigio particular a todo objeto capaz de probar su pasado lejano , y el son jarocho suscribe esta afirmación.

Como lo ha estudiado Antonio García de León, entre otros investigadores, los elementos rítmicos, melódicos y poéticos que conforman el son jarocho como género musical se van lentamente amalgamando durante los dos primeros siglos de la Colonia, pero es a finales del s. XVIII y principios del XIX que podemos rastrear la diferenciación de las músicas y danzas regionales de la Nueva España. Llegado el s. XX, las transformaciones en las formas ancestrales de vida impactaron en la recomposición social de la zona: la extracción petrolera en la zona sur del Estado de Veracruz, el debilitamiento del comercio fluvial y la migración a centros urbanos perfilaron un nuevo panorama donde los antiguos espacios comunitarios pierden centralidad. Por otra parte, los estereotipos regionales, que conforman el rompecabezas de lo nacional, van a ser vehiculado por los medios de comunicación masiva que en aquellos años comienzan a evolucionar de forma acelerada. La radio y el cine de forma particular incorporan la figura del jarocho (el campesino de la costa por excelencia) a su catálogo de representaciones.

La construcción de un Nacionalismo Cultural, puesta en marcha por los regímenes post-revolucionarios, se lleva a cabo mediante la incorporación al repertorio simbólico mexicano de las expresiones populares regionales; expresiones y prácticas que fueron transformadas, sintetizadas y potenciadas –es decir, folklorizadas - con el fin de resultar más asequibles para el conjunto nacional.

Podemos observar, el estudiar este repertorio simbólico que constituye “lo nuestro”, que se ejerció una suerte de patrimonialización sobre las culturas regionales en beneficio de lo nacional. Es decir, se les consideró como parte indisociable de la herencia del conjunto mexicano en general y como tal se les introdujo al juego de escenificaciones a través de las cuales el país se representa. Sin embargo, y jugando con el sentido jurídico del patrimonio, en esta transformación de las tradiciones regionales no se define el elemento pasivo de lo patrimonial respecto a las obligaciones y deudas pendientes con la herencia que se recibe.

El son jarocho, al ser desvinculado de su matriz originaria, se transformó en un elemento folklórico destinado al consumo y que se ostenta a través de imágenes estandarizadas en los programas de televisión, los centros turísticos y los programas institucionales. No obstante, esta transformación no elevó el estatus del son sino que lo arrinconó en la clasificación de “popular”, y como tal se le ha tratado.

Es claro que el Estado Mexicano puso en marcha todo un mecanismo de fomento que, a través de las instituciones gubernamentales designadas, otorgaba recursos para la reproducción de las expresiones culturales. Sin embargo, resulta evidente que se estableció una diferenciación valorativa entre lo “popular”, lo “tradicional”, y lo decantado del arte académico y occidental. Esta diferenciación se manifestaba y manifiesta en los presupuestos y en el espacio que se le confiere a cada uno en el esquema estatal: la dicotomía artesanía/arte provoca suspicacia y resquemor en los creadores, y confusiones e incongruencia en los funcionarios encargados de velar por la preservación de las expresiones artísticas.

La división entre lo “culto” y lo “popular” no da cuenta de la complejidad e interacciones que se operan al interior de prácticas que se van transformando con el paso del tiempo, que renuevan su carga simbólica y que incorporan nuevos elemento a sus códigos de representación. Cuando el Estado Mexicano patrimonializa las culturas regionales, no genera marcos de referencia sobre su producción y desarrollo ni se muestra particularmente interesado en entablar diálogo con las comunidades de origen. Por lo tanto, las acciones que se realizan para proyectar estas culturas regionales son coyunturales o de bajo impacto, y en todo caso se vuelven susceptibles de ser aprovechadas, bajo su aspecto folklórico, por los poderes políticos o por el mercado. El patrimonio, en este momento, se vuelve una herencia instrumentada pero no asegurada. Una herencia que pretende ser fijada en el tiempo, no considerada como un sistema mutable. Una herencia que no termina de definirse dado que quienes la crean no han muerto, y aún siguen transformando su sentido.

* El presente texto es un resumen del artículo que se publicará en las memorias del Seminario Internacional "Compartir el Patrimonio Cultural Inmaterial: Narrativas y Representaciones" que se llevó a cabo en la Ciudad de Oaxaca del 22 al 24 de enero de 2009 y que fue organizado por el Consejo Internacional de Ciencias Sociales (ISSC) y el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM para la UNESCO, en colaboración con la Secretaría de Cultura del Estado de Oaxaca, La Dirección General de Culturas Populares (CONACULTA), el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Organización No Gubernamental "Interactividad Cultural y Desarrollo, A.C.".

6 comentarios:

Colectivo dijo...

De parte de Samuel Aguilera, publicado en http://mx.groups.yahoo.com/group/sonjarocho/message/26937

Señorita Cardona:Aproveche su amable invitación, leí su texto y aprovecho para hacer algunas observaciones:
Comencemos por el inicio de su ponencia:
...El Son Jarocho, la música originaria del centro-sur del Estado de Veracruz en México, también llamada música del Sotavento...
1. Este enunciado , focaliza al son jarocho como algo veracruzano; es decir, cercena el espacio histórico llamado Sotavento y lo reduce a una categoría política como es el de entidades federativa (con la agravante de que excluye a otras entidades federativas).Ello en si no es ni malo ni bueno. ni me extraña que asi lo manejen las Instituciones estatales : lo que s me extraña es que así sea manejado por usted.

2. El énfásis en la categoría son jarocho, parece una maniobra distractiva que no quiere poner los ojos en otra categoría mas amplia como es cultura jarocha, de la cual el son jarocho es simplemente uno mas de sus componentes.
3. Esta distracción conceptual es un obstáculo epistemológico para abordar el concepto comunidad jarocha (si es que existe ) pues lo acota a lo estricatamente musical. ¿ estará de acuerdo conmigo que el concepto comunidad es indisoluble del concepto patrimonio cultural?
4. ¿Quizá por esta razón la categoría Patrimonio cultural , en su texto, esboza desde el inicio serias dificultades para su precisión?
Espero leer la segunda parte; de entrada me gustaría mucho saber desde ahora, que es lo que pretende usted demostrar en su ponencia.
Reciba un saludo.

Colectivo dijo...

Publicado también en http://mx.groups.yahoo.com/group/sonjarocho/message/26944

Estimado Samuel,

Muchas gracias por tomarte el tiempo para leer el texto y también para hacer
observaciones. Nos hubiera gustado, en el Observatorio, que tus comentarios se
dejarán en el foro mismo de nuestra página web. Si me lo permites, voy a
reproducir tu correo junto con esta respuesta en nuestro foro.

Para responder a tus comentarios, voy a comenzar por aclarar que el Observatorio
publica, desde hace algunas semanas, una serie de textos sobre el tema del
Patrimonio evaluado desde la perspectiva de las políticas públicas (en nuestro
caso y para lo que nos interesa políticas culturales) y de los conceptos a los
que generalmente se le asocia.

Estos textos tienen que presentarse resumidos para ser subidos a nuestra página.
No son ponencias. De hecho, al final del texto se indica que se trata de un
resumen de artículo que será publicado. Es por eso que el texto no puede
extenderse más allá de lo que es su centro de atención: las dificultades que
surgen cuando se trata de etiquetar a una expresión cultural como "patrimonio",
en este caso el Son Jarocho.

1. Cuando decimos en el texto "la música originaria del centro-sur del Estado de
Veracruz en México, también llamada música del Sotavento" estamos haciendo uso
de referentes establecidos para ubicar espacialmente al género. Nosotros no lo
bautizamos así: se trata del uso de una convención. Nos gustaría extendernos
sobre las discusiones que existen hoy en día en torno al origen geográfico
exacto del Son, pero esto no es el objetivo del artículo.

2. Tampoco es objetivo del texto hacer una exploración enciclopédica sobre la
cultura jarocha. Desde hace tiempo, y varios de mis alumnos son testigos, he
propuesto la creación de un Centro de Estudios de lo Jarocho (al parecer muy
necesario dada la tendencia a la totalización, a la exhaustividad y a la
generalización cuando se habla de lo jarocho). Yo creo que para poder abordar un
tema, sobre todo cuando es complejo, hay que cortar finito a partir de los
fenómenos densos. Escribimos sobre Son, no sobre Cultura Jarocha. A nosotros nos
interesaba hablar de lo que ocurre con ese pedazo de lo cultural, la música y su
relación con la nominación de patrimonial. No nos interesaba, en ese momento,
hablar de otra cosa.

3. Muchas gracias por la introducción de la frase "obstáculo epistemológico".
Supongo que a lo que te refieres es a la desvinculación que tú percibes entre
una expresión (el Son) y su contenedor histórico (la comunidad). No estoy muy
segura que te refieras a esto, pero en todo caso la frase es una granada
envuelta en celofán para bombardear artículos. Gracias, es un descubrimiento… En
todo caso, nosotros en ningún momento desvinculamos la música de su contenedor.
Que no hablemos exhaustivamente y hagamos descripciones etnográficas sobre la
comunidad resulta de que tenemos la vista puesta en otro lado, como ya dije
líneas arriba. Por otra parte, cuando analizamos la expropiación que el Estado
ha hecho sobre expresiones locales, cuando establecemos la diferencia entre lo
pretendidamente tradicional y la foklorización de la música y cuando decimos que
querer fijar, como se ha hecho en las políticas culturales, las tradiciones como
algo inmutable es negar las transformación del sentido que le dan sus creadores,
estamos hablando, a fin de cuentas de la comunidad: "El patrimonio, en este
momento, se vuelve una herencia instrumentada pero no asegurada (…) Una herencia
que no termina de definirse dado que quienes la crean no han muerto, y aún
siguen transformando su sentido." Nuestra perspectiva le huye a los
enclaustramientos comunitaristas. No nos interesa describir a la comunidad, sino
analizar lo que ocurre con sus manifestaciones simbólicas.

4. Nunca pretendimos definir al Patrimonio en este texto. Para eso están los
otros texto que publicamos semanas atrás y que se encuentran en la misma página
del artículo sobre el Son Jarocho. Como ya dije varias veces, creo, queremos
examinar la relación entre una expresión y su posible nominación como
patrimonio. Sí aludimos, por supuesto, a la definición aceptada por las
instituciones respecto a la defensa del patrimonio: "Actualmente, cuando nos
referimos a la defensa del Patrimonio Cultural, hablamos del establecimiento de
acuerdos entre los diferentes actores involucrados en la creación, reproducción
y transmisión de ciertos elementos que poseen un peso simbólico como herencia
del conjunto social." La última parte de la frase ("elementos que poseen un peso
simbólico como herencia del conjunto social") puede ser leída en secuencia
lógica como una cierta definición de Patrimonio Cultural.

A los que componemos el Observatorio nos hubiera gustado que también nos
hicieras llegar tus opiniones sobre lo que se considera, o no, la tradición con
el fin de preservarlo. Sobre la pertinencia de nombrar al Son patrimonio, de
tratarlo como tal en el corpus de la políticas culturales…
Ojalá la segunda parte del texto te resulte menos confusa.

Saludos.

Neologo dijo...

De Felipe Ehrenberg, desde Xico, Veracruz:
No conocía el blog Observatorio Cultural Veracruz y como veracruzano (adoptado hace más de 30 años) felicito a sus animadores por su existencia. Estoy contundemente de acuerdo con la afirmación que hace la autoría colectiva del texto ‘El son jarocho como patrimonio’ (1era de 2 partes): “…resulta evidente que se estableció una diferenciación valorativa entre lo “popular”, lo “tradicional”, y lo decantado del arte académico y occidental. Esta diferenciación se manifestaba y manifiesta en los presupuestos y en el espacio que se le confiere a cada uno en el esquema estatal: la dicotomía artesanía/arte provoca suspicacia y resquemor en los creadores, y confusiones e incongruencia en los funcionarios encargados de velar por la preservación de las expresiones artísticas…”
Conviene complementar este concepto con dos consideraciones adicionales. En primer lugar, las excelentes ponderaciones que ha hecho Néstor García Canclini en ‘Arte popular y sociedad en América Latina’, (Grijalbo, México, 1977) y en ‘Las culturas populares en el capitalismo’, (Nueva Imagen, México, 1982), mismas que siguen teniendo gran vigencia. En segundo, la terrible confusión, aun no resuelta, que se desprendió del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007 (Artes y Tradiciones Populares, a “los pintores nahuas del Alto Balsas”, otorgado a granel y con las manitas en la cintura, por un jurado que lo único que logró fue fomentar un peligrosísimo antagonismo entre comunidades enteras en aquella zona del estado de Guerrero.
Asimismo, me parece muy desalentador que a estas alturas de nuestra vida nacional, se tenga que volver a reiterar –como bien lo hace los autores- que “…La división entre lo ‘culto’ y lo ‘popular’ no da cuenta de la complejidad e interacciones que se operan al interior de prácticas que se van transformando con el paso del tiempo, que renuevan su carga simbólica y que incorporan nuevos elemento a sus códigos de representación…”
Quienes buscamos la punta de la complejísima madeja que es el imaginario de México, no podemos dejar de subrayar cuánto de estas confusiones es causado por el racismo que campea con nuevos y muy violentos bríos en nuestro país. Es arte si quien lo cea es de iel clara, es artesanía si Racismo de trazo criollo y asumido plenamente por la ciudadanía mestiza, supura como problema que los mexicanos insistimos en negar y que tal vez se agrave en Veracruz, donde no sólo se discrimina contra los pueblos originales sino también contra los afro-mexicanos. No olvidemos quiénes son exactamente los ‘jarochos’ y de qué maneras nos seguimos los mexicanos apropiando –y sirviéndonos de- su Son, ¡su magnífico Son!
Con un cordial saludo me mantengo a la espera de la segunda parte de su ensayo.

Neologo dijo...

CORRIGIENDO ERRATA:
Es arte si quien lo crea es de piel clara, es artesanía si quién LO crea es moreno.

Anónimo dijo...

Hola, me dagusto encontrar informacion del son jarocho en este espacio y sobre todo que este tan documentada.
Me encuentro haciendo una investigacion sobre el son jarocho tradicional para un trabajo de tesis.
En la presentacion de tengo que hablar sobre el origen del son jarocho y por lo que acabo de ller me llama mucho la atencion la parte en donde se refiere a dicho origen, tengo la misma informacion, pero por los comentarios que se hicieron al respecto tengo dudas sobre la ubicacion geografica de este genero, sobre en que parte surgiò.
Me gustaria tener una informacion mas precisa sobre el tema para que la presentacion de mis trabajo no este errada y sea un "trabajito" mas con informacion incompleta.
Agradecere su respuesta

Saludos.
Sra. Muñoz

Colectivo dijo...

Es cierto que el son jarocho se circunscribe a una región cultural que abarca el centro sur del Estado de Veracruz, parte de la zona del Papaloapan en Oaxaca y una franja en el norte de Tabasco, pero definir su zona de influencia es difícil.
Su lugar de origen se ha ubicado en el sotavento veracruzano, pero tampoco es posible afirmarlo con contundencia arqueológica.
En todo caso, recomendamos cosultar los siguientes libros:

Delgado Calderón, Alfredo, Historia, cultura e identidad en el Sotavento, México, CONACULTA-DGPI, 2004 (Culturas Populares de México).

García de León, Antonio Griego. El mar de los deseos. El caribe hispano musical. Historia y contrapunto, México, Siglo XXI Editores, 2002.

García de León, Antonio Griego. Fandango. El ritual del mundo jarocho a través de los siglos, México, CONACULTA – Instituto Veracruzano de Cultura, 2006.
(este último es difícil de conseguir porque no está a la venta pero lo tienen algunos músicos de son cercanos al autor)

Ojalá te sirva.