Hemos llegado a la última de las entregas del trabajo de investigación de Iskra Sabino Las cruces de mayo en Alvarado: Evolución o pérdida de una tradición en la época de la globalización.
Siguiendo el desarrollo de la investigación, la autora nos invita a pensar sobre las complejas relaciones que existen entre tradición, identidad y desarrollo histórico en el marco puntual de una fiesta que se sostiene a través de la memoria social, la reivindicación comunitaria y las dinámicas de mercado, también...
Le agradecemos a Iskra nos haya permitido publicar este trabajo, apoyando así una de las líneas de trabajo de este Observatorio: la difusión de proyectos de investigación sobre la cultura en y desde Veracruz. Esperamos que ésta tu colaboración, Iskra, no sea la última.
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Las cruces de mayo en Alvarado: Entre lo tradicional y lo actual, el devenir cultural de Alvarado
Iskra Sabino
Iskra Sabino
(Octava y última entrega)
Capítulo IV.
La inclusión de Alvarado al mundo globalizado y multicultural.
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Cruces de Mayo. Fotografía de Juan Manuel Morales |
4.3 La globalización
y la diversidad cultural
Una
de las características de la globalización ha sido el
neo-liberalismo que se presenta dentro de los ámbitos sociales,
culturales, económicos y tecnológicos; en todas estas esferas, los
países con poder sobre el mundo se han mostrado como supuestos
benefactores de los países que se encuentran en vías de desarrollo.
Entre las naciones que han sido incluidas para ser beneficiadas por
las grandezas que promete la globalización, se encuentran los
territorios que hace poco tiempo fueron considerados como del tercer
mundo, que en el continente americano comienza con México para
después recorrer la larga franja que pasa de centro América hasta
los países sudamericanos. El capitalismo por medio de sus mercados
engloba a los países menos desarrollados, ya sea que su
participación se haya dado de manera libre o condicionada, pasan a
ser parte de los estándares financieros que han sido determinados
por los imperios del mercado mundial. Pero estas nuevas industrias
mercantiles no se dan cuenta, o si lo hacen no le dan mucha
importancia, de los grandes daños que causan tanto en el ámbito
económico, social y cultural, provocando así efectos secundarios
que cada vez son más evidentes y catastróficos. Es real que por
medio de la creación de nuevas formulas político-culturales las
sociedades podrían desarrollar una posible estabilidad entre las
culturas locales y las influencias provenientes de la globalización
y el mercado mundial. En
México, este fenómeno se ha manifestado como un factor importante y
a la vez, preocupante, por la falta de tolerancia ante esa
diversidad. La prueba está en que la migración de ciudadanos
mexicanos y de otros hispanoamericanos a Estados Unidos se presenta
como un efecto secundario que han afectado, gravemente, el desarrollo
cultural en todo Latinoamérica.
Por
otra parte, no se puede culpar de todo a la globalización ya que
también posee elementos positivos como son los avances
tecnológicos y el intercambio de culturas que sitúa a las
sociedades dentro de un retro-aprendizaje hacia otras formas de vida,
así como el progreso de los países menos desarrollados; pero
también pone de manifiesto la importancia de los valores culturales
y cuestiona esa conciencia que nos marca como parte formativa de una
nación. El problema reside en que ni los gobiernos ni las sociedades
han sabido aplicar y aprovechar los beneficios que ofrece este
sistema económico. Los gobiernos únicamente han visto en la
globalización los beneficios financieros que resultan de los
intercambios entre los mercados mundiales. Para las sociedades la
globalización no es más que la práctica del consumo desenfrenado e
inconsciente de la televisión, del internet, de la tecnología, de
la industria publicitaria que nos bombardea todo el tiempo con
imágenes de productos que nos harán felices si los adquirimos y
hasta nos invita a transformarnos en estereotipos de hombres y
mujeres que sólo en nuestro mayor sueño hubiéramos imaginado, pero
que en la actualidad puede ser realizado. Sin embargo, el tema de la
globalización nos lleva a cuestionarnos acerca de cómo sobreviven
nuestros valores culturales ante una época en la que la importancia
de nuestra identidad es menor, dentro de sociedades que siempre han
estado en una perpetua evolución, donde las costumbres poseen un
significado que las determina como únicas, en las cuales los cambios
son casi inconcebibles, porque se piensa, erróneamente, que cambio
es sinónimo de extinción y no de evolución. Pero si no fuera por
ese constante progreso las naciones continuarían inmersas dentro de
costumbres arcaicas, donde las comunidades seguirían siendo
gobernadas por señores feudales, la libertad de expresión no
existiría, seguiríamos luchando contra la esclavitud y
probablemente, los derechos de las mujeres serían inconcebibles.
Somos sociedades dinámicas y cambiantes en las que hemos adquirido
ciertos valores culturales que han sido determinados por sistemas
sociales que ha su vez han sido adoptados de otras civilizaciones.
Por lo tanto, es evidente que poseemos cierta carga de valores, los
cuales están expuestos constantemente ha cambios y que se fusionan
con otros conceptos que provienen de influencias externas. Sino fuera
así las culturas perderían su universalidad dentro de la
diversidad, ya que no se pueden concebir estados homogéneos pues
esto sólo empobrecería a la humanidad. La diversidad es significado
de riqueza cultural, son ideas que provienen de fuera y los países
de todo el mundo se las han apropiado y las han consolidado dentro de
sus sociedades, pero en estos últimos tiempos han sufrido cambios
mucho más evidentes debido a la globalización y el contacto con el
exterior.
CONCLUSIONES
A
manera de conclusión, lo que esta investigación desea poner de
manifiesto es la situación por la que atraviesan las tradiciones en
la época de la globalización, mismas que han estado ligadas,
durante mucho tiempo a una problemática que ha sido clasificada, por
algunos analistas sociales, como la pérdida de la identidad
cultural. El factor que muchos de estos investigadores y estudiosos
han ignorado, y que se niegan a aceptar, es que las tradiciones
siempre han sido parte de procesos históricos y que su
transformación, fortalecimiento o el deceso de las mismas ha
dependido de la actitud de los actores dentro de la historia de la
humanidad, pero también de muchas situaciones relacionadas con el
azar y que las sociedades se encuentran en procesos permanentes de
cambio y transformación, los cuales sería muy deseable que fuesen
conscientes, pero que la mayor parte de las veces se producen por una
serie de condiciones que no son controlables ni manejables, y en
muchos casos, incluso, son incomprensibles. Es así que las
sociedades han integrado a las tradiciones dentro de sus vidas
cotidianas a través de creencias religiosas y al mismo tiempo, las
han dotado de una fuerte carga simbólica, que aparentemente, las
define y las hace distintas de otras civilizaciones. Una tradición
es como el sello que le da autenticidad a un determinado grupo
social, pero también es una condicionante que delimita y en muchos
casos determina sus comportamientos y ese puede ser el caso de
Alvarado y sus “Cruces de Mayo”. Para los pobladores del puerto
alvaradeño, “Las Cruces de Mayo” poseen esa singular
característica que la ha convertido en una tradición única y
diferente, y que a su vez, los identifica como una sociedad que ha
sido parte de un proceso histórico-social en el cual su pasado los
ubica dentro de la modernidad. Pero la reacción negativa de algunos
grupos conservadores, integrado por la gente mayor de ésta región
sotaventina, ante las nuevas formas de expresión, proviene de la
integración de nuevos elementos que resultan de la contemporaneidad,
y que son vistos como una amenaza que pone en riegos sus costumbres.
Pero
existe una cuestión importante que todas las sociedades deben de
tratar de entender sobre los cambios que surgen dentro de la política
y la economía mundial, y es que las tradiciones siempre se verán
afectadas por las situaciones de progreso, pero no necesariamente de
la forma negativa que perciben algunos círculos moderados. Y es que
las costumbres son principios activos que coexisten con otros
factores que son el resultado de la conducta urbana, del desarrollo
de masas y de los nexos con el capitalismo, con su historia y con el
mundo en general, pero que además por estar vivas, requieren cambiar
y transformarse constantemente. La sociedad alvaradeña no es la
excepción, ya que su encuentro con la modernidad no se limita
únicamente al uso del internet, ni a la gran dependencia que existe
por adquirir aparatos que poseen tecnología de punta, la cual vemos
anunciada todo el tiempo en los programas de televisión. Sucede que
la parte de la globalización que muchos han querido ver, es sólo la
que perjudica, la de los intereses financieros de los mercados
mundiales y la que devasta a todas las sociedades y culturas, pero
también es necesario entender que los procesos de globalidad han
permitido la reflexión sobre las diferencias, el conocer los usos y
costumbres de otros pueblos, de otras personas y de alguna manera
también la posibilidad de aprender a respetar esas diferencias en un
proceso de entendimiento de que nosotros también somos los “otros”,
la globalización ha pretendido difundir la chatarra, lo light, lo
superficial, pero en ese proceso se cuelan también actitudes, formas
de pensar, conocimientos, reflexiones e ideologías de profundo
contenido social y cultural que no pueden ni deben negarse por los
prejuicios tradicionalistas que pretenden una supuesta “pureza”
cultural.
Eso
es lo que no ha visto el grupo de adultos mayores del puerto de
Alvarado, ante el nacimiento de las nuevas tradiciones, que tiene ya
más de una década de celebrarse el último domingo de mayo, el
mismo día que se levantan las cuatro cruces y que anuncian el cierre
de un festejo solemne pero que a la vez también convida al
esparcimiento social por medio del baile y el convite de arroz que es
organizado por el ayuntamiento alvaradeño. Por ello la problemática
que se origina entre los adultos mayores y las nuevas generaciones se
debe a que en la celebración del Arroz a la Tumbada están presentes
las compañías cerveceras, que aprovechan la ocasión para promover
y vender sus productos. Pero esta nueva característica proviene de
los mismos cambios que se dan dentro de ésta sociedad, ya que ésta
nueva práctica ha sido incorporada por la misma comunidad como una
función que replantea sus hábitos culturales. El Arroz a la Tumbada
surge como un elemento que transforma las costumbres del lugar y que
va en contra de lo establecido por una sociedad que desea conservar,
sin muchos cambios, una tradición; pero lo que la comunidad
alvaradeña debe tomar en cuenta es que su herencia cultural no sólo
le pertenece a un grupo determinado, el cual no puede decidir sobre
el destino de sus costumbres y opinar sobre qué conductas encajan
mejor con su arquetipo de tradición, pues de alguna manera el
comportamiento de los jóvenes sigue siendo una manera de
congregación social, de compartimentación y de convivencia social.
Las tradiciones son parte de una transformación y de un pacto social
en el que las normas que han regido su pasado, son las mismas que se
imponen en el presente y futuro de una comunidad, pero esta visión
ha cambiado a través de las nuevas formas que va tomando la
identidad social. El Arroz a la Tumbada hace que algunos individuos
se cuestionen acerca de la conexión que existe entre lo viejo y lo
nuevo, entre pasado y presente, he intentan comprender que ésta no
es una ley inquebrantable y que las sociedades se encuentran en
constantes procesos de cambio, por lo que las normas sociales se
encuentran en permanente transformación.
Lo
que intento aclarar con este planteamiento es que entre identidad y
tradición se tienen que reconocer y respetar la posición y la
relación que guarda cada generación con sus celebraciones. Las
comunidades deben aprender a respetar las diferencias ideológicas a
las que se enfrentan los grupos sociales, y tanto ancianos como
jóvenes deberán encontrar la manera de negociar los contrastes
culturales que se manifiestan dentro de la complejidad de sus
conductas ante la forma en la que participan en un mismo evento
socio-cultural. Sin embargo, los jóvenes no pueden ser obligados a
ver su cultura de la manera que los adultos desean, ya que entonces
no existiría ningún tipo de diversidad, cada individuo y grupo
social posee nuevas formas de externar lo que son, lo que sienten y
lo que piensan, siempre y cuando esta manifestación se haga de forma
consciente y respetuosa. El hecho de que para los jóvenes de este
lugar el cierre de “Las Cruces de Mayo” ofrezca otro tipo de
entretenimiento es válido, pero en este caso, el problema radica en
el consumo descontrolado de las bebidas embriagantes, acción que no
es bien vista por los adultos mayores. Aunque cabe señalar que
durante siglos, en diversas tradiciones, la presencia de bebidas
espirituosas ha sido parte importante de las celebraciones, como el
consumo del pulque, por mencionar un ejemplo. El punto es que los
adultos deben aprender a respetar las nuevas formas que poseen las
generaciones modernas ante ésta celebración y al mismo tiempo, la
juventud tiene el compromiso de observar con respeto la forma en la
que sus padres o abuelos tratan de mantener viva esta tradición.
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