2 de julio de 2012

Recuperemos memoria: EL TLCAN Y LA POLÍTICA SALINISTA

México acaba de atravesar un momento sensible: las elecciones presidenciales y los significados portados por sus actores (instituciones, partidos, electores, candidatos) nos exijen revisar, traer a cuentas, la historia de nuestra pretendida democracia.

Es por eso que hoy queremos publicar este texto. "¿La salida del laberinto? El TLCAN y la política salinista", escrito por Irene Álvarez Rodríguez -quien es maestrante en Ciencias Sociales en la UAM- nos remite a los años de la pujante política modernizadora del presidente Salinas de Gortari, mentor no oculto del abanderado actual del PRI.

El TLCAN abrió simbólicamente una puerta hacia el Primer Mundo: México se incorporaría al verdadero desarrollo, jugaría con los países líderes en el patio de los grandes. Sin embargo, las implicaciones del Tratado  (liberación comercial vs. desigualdad social) resultaron menos espléndidas de lo que se anunció con bombo y platillos. Recordemos que una parte de la industria cultural mexicana se vió fuertemente afectada con la firma del Tratado, del que no se excluyó el trato a los productos culturales como si fuesen una mercancía más. Uno de los efectos más devastadores de dicha omisión fue el debilitamiento de las dinámicas de producción y distribución de cine nacional.

Ahora que resulta harto probable que el PRI retorne nuevamente implementando discursos modernizadores, con una imagen presidencial telegénica y de sonrisa triunfadora, deberíamos de recordar nuestro pasado reciente.
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¿LA SALIDA DEL LABERINTO? EL TLCAN Y LA POLÍTICA SALINISTA
(Primera de cinco partes)

Irene Álvarez R.



Acuerdos sin la espada son sólo palabras
Hobbes

Ni la modernización se impone absolutamente, ni la modernización fracasa
Carlos Monsiváis

¿Fue Salinas simplemente la víctima de una racha
espectacular de mala suerte?
Miguel Ángel Centeno


Hace sesenta años Octavio Paz se preguntaba si los cuestionamientos que él se planteaba en relación al carácter de los mexicanos tendrían eco o sentido medio siglo después [Paz, 2004: 2]. Parece que sí. En el Laberinto de la soledad, Paz relataba el ensimismamiento de una cultura nacional mexicana encubierta por la tradición, un rostro tímido que hablaba de soledad y falta de empatía hacía los otros: anhelo de vínculo y origen. Una realidad que, sin duda, contrastaba con la recreación del norteamericano, en donde; "[el] mundo ha sido construido por él y está hecho a su imagen: es su espejo. Pero ya no se reconoce en esos objetos inhumanos, ni tampoco en sus semejantes" [Paz, 2004: 6].

Concuerdo con Paz: las diferencias entre los norteamericanos y nosotros [no] son [puramente] económicas"[Paz, 2004: 6], mas pienso que vale la pena repensar la relación entre ambas culturas a la luz de hechos más o menos recientes. Lo que quiero decir es que aunque la pregunta que interroga por el carácter de lo mexicano sigue vigente, también creo que ha habido cambios en lo relativo a esa actitud ensimismada, así como retornos al espiral de la soledad.

Las preguntas que intenta responder este ensayo son ¿Cuál fue el impacto económico, político y social del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en la vida nacional?, ¿el laberinto de la soledad económica y política en México había sido finalmente vencido por un espíritu abierto, liberal? La hipótesis de este trabajo es que aunque el TLCAN es producto de un espíritu político y económico cooperativista entre distintos gobiernos de países norteamericanos –y que su realización refleja una intención de transformar el modelo económico mexicano— las contradicciones entre un modelo económico neoliberal y las instituciones políticas imperantes han provocado que su puesta en marcha no produzca cambios sustanciales en materia de desempleo o en la distribución del ingreso –por mencionar algunas de las expectativas generadas por la administración de Carlos Salinas de Gortari y compartidas por una parte importante de la población mexicana en la primera década de los noventa del siglo pasado.

Retomando las consideraciones de Douglas North respecto al modo en que el contexto puede configurar a las instituciones(1), el interés de este ensayo es establecer los vínculos entre la implementación de un tratado comercial y el modo en que sus resultados se ven acotados por las instituciones existentes o por el retorno a la soledad.

II. ANTECEDENTES

Aunque el acuerdo comercial entró en vigor en 1994, fue anunciado por los presidentes Carlos Salinas de Gortari y George H. W. Bush en 1990 –Canadá se uniría al tratado un año después de su anuncio. Desde una perspectiva política el anuncio de una alianza de este tipo dejaba atrás las tensiones experimentadas por los gobiernos de Miguel de la Madrid y Ronald Reagan(2), así como afirmaba la dirección económica que se había venido siguiendo desde la crisis económica mexicana de 1982, tanto por Estados Unidos como por su vecino país del sur. Una década antes de que el TLCAN entrara en vigor, ya había una política económica impulsada por los gobiernos de ambas naciones que buscaba "dar a las fuerzas del mercado una acción mayor en la distribución de los recursos sociales y, por tanto, disminuir el creciente papel que el Estado había desempeñado en ese campo" [Aguilar, 1992: 275].

En el ámbito ideológico, discursivo y político esta orientación económica adquiría nuevos rostros. El Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL), por ejemplo, parecía dirigirse, por lo menos, en dos sentidos: como un modo efectivo de otorgar legitimidad y confianza a la figura presidencial –recordemos lo cuestionados que estuvieron los resultados de las elecciones de 1988 que tenían como principales protagonistas a Carlos Salinas y a Cuahutémoc Cárdenas—; y "como una reedición de prácticas populistas que, además de aquel objetivo, buscaban mejorar la gobernabilidad del proceso de reformas neoliberales" [Vilas, 2004]. La propia manera en que, se decía, Carlos Salinas había llegado al poder cuestionaba el paradigma político modernizador que tendría que caracterizar a su gobierno. Había una clarísima contradicción entre la orientación económica de liberalización de los mercados –puesta en marcha por el régimen priísta a principios de la década de los ochenta del siglo pasado()— y la falta de un sistema político moderno, la ausencia de un espacio que permitiera elegir a los representantes populares de modo efectivo: quedaba claro que en el ejercicio de la democracia no existía la libre competencia [Del Campillo, 1993: 179].

Lo que intento destacar es la manera en que se intentó revertir la ilegitimidad del proceso electoral a partir de la ejecución de maniobras políticas, las cuales –y sobre todo en el caso de PRONASOL— intentaba modificar el estatus de la figura presidencial frente a los más desposeídos y generar así un margen más amplio de acción. Aún así, se efectuaron una serie de acciones que se alejaban del modo de hacer política del histórico Partido de la Revolución Institucional (PRI) y otras que parecían regresar al viejo modelo;

ampliación del espacio institucional de acción de la Iglesia Católica, redefinición de las relaciones con Estados Unidos, acotamiento del margen de maniobra de las organizaciones sociales priístas, sanciones penales iniciales a algunos miembros del establishment financiero incursos en maniobras especulativas fraudulentas [Aguilar, 1992: 289].

Aunque el poder seguía excesivamente concentrado en la figura del presidente constituyendo una cultura política autoritaria y habían un descrédito en las elecciones presidenciales, había también cambios respecto a regimenes anteriores, los cuales se derivaban del posicionamiento en el poder de "una corriente conservadora que pugnaba por modificar el papel del Estado reforzando a los empresarios" [Schmidt, 1996: 59].
(CONTINUARÁ)

Notas
1 "The same institution produces different results depending on the contexts" [North, 2009: 15].

2  Dichas tensiones estaban relacionadas con la política exterior impulsada por el presidente López Portillo, quien pretendía posicionar a México como potencia media internacional a partir de ofrecer, junto con Venezuela, petróleo a precios moderados dentro de territorio centroamericano. Esta iniciativa provocó choques entre Estados Unidos y su vecino latinoamericano más próximo debido a que "abría la posibilidad de una mayor presencia de Cuba y la Unión Soviética", en una zona de influencia norteamericana. Posteriormente, Miguel de la Madrid continuó con una política antagónica a los intereses del país del norte en zonas centroamericanas. [Aguilar:1992, 274].

3 Ya desde el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-88) se buscaba "lograr la transformación estructural de un sistema económico que acababa de mostrar su inviabilidad histórico [la crisis de 1981, provocada por la caída de los precios del petróleo, así lo develaba]. […] La lógica del nuevo proyecto nacional requería, entre otras cosas, que el papel del Estado como productor disminuyera drásticamente, que el de la inversión privada –interna y externa—aumentara en la misma o mayor proporción en que disminuyera el estatal, que el peso del petróleo en el total de las exportaciones fuera cada vez menor y que el de los productos manufacturados y los servicios mayor" [Aguilar, 1992: 279].

1 comentario:

Mauricio Talamantes dijo...

Interesantísimo artículo. Espero ansioso la siguiente entrega.