28 de enero de 2013

Intermedio especial: Tlacotalpan y los jaraneros por Gilberto Gutiérrez

Esta semana inician los festejos de la Candelaria en Tlacotalpan, y Gilberto Gutiérrez, fundador y director del Grupo Mono Blanco, nos ha pedido espacio para publicar en este momento un texto en el que reflexiona sobre lo ocurrido en los últimos años con los festejos y el Encuentro de Jaraneros.

No es un dato desconocido para quienes conocen de cerca el medio jaranero que el Encuentro ha pasado por difíciles momentos. Que la organización se ha visto cuestionada. Que algunos grupos, entre ellos Mono Blanco, han renunciado públicamente a seguirse presentando en ese espacio.

Es por ello que en el Observatorio hemos decidido abrir el Intermedio correspondiente a esta semana al texto de Gilberto, aun si este escrito debería de publicarse en las semanas dedicadas al análisis y no en un mero Intermedio. Pero los tiempos son los tiempos, la coyuntura precisa, y ahora es el momento de dar paso a las voces que intentan poner sobre la mesa un tema de discusión que creemos mucho se ha soslayado. 

El debate está abierto.

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Tlacotalpan y los jaraneros
Gilberto Gutiérrez





En 1979, desde la colonia Mixcoac en la ciudad de México, ya fundado el grupo Mono Blanco, escuchábamos la transmisión del Primer Concurso de Jaraneros en Tlacotalpan, en el marco de las fiestas de La Candelaria.

Escuchamos a Andrés Alfonso en dueto con Antonio García de León y al Conjunto Tlacotalpan de Andrés Aguirre “Vízcola” entre otros músicos. Los primeros tenían los pies en el son tradicional y bien tocado, los segundos estaban ya en el terreno de lo comercial. En ese tiempo en Tlacotalpan, desde hacía mucho, no había fandangos.

Yo conocía a Don Vízcola, como se le conocía, porque viví en Tlacotalpan de los siete a los quince años. A Don Andrés Alfonso lo conocía de nombre, porque fue un hombre de fama, quizá el músico mas exitoso de su tiempo: lo entrevistaba Jacobo Zabludovzky, viajaba con el ballet de Amalia Hernández, fue a Japón con su grupo y acompañó a presidentes y gobernadores a eventos importantes. A Antonio García de León lo conocía por el disco Sones Jarochos de la serie de música mexicana de INAH y que contiene el celebre fandanguito con las Décimas de Arcadio Hidalgo.

Ese mismo año de 1979 se sentaron las bases para que en enero de 1980 naciéramos como Don Arcadio Hidalgo y El Grupo Mono Blanco. Dos semanas de enero las pasamos de gira en el norte de la república y el 31 de enero llegamos al Segundo Concurso de Jaraneros en Tlacotalpan. Ese año destacaron Andrés Vega con su hijo Tereso y su compadre Lucas Palacio, y  Don Talí Rodríguez y sus hijos. Estos últimos a la postre, muy merecidamente, ganadores.

Don Arcadio se llevó el primer lugar del premio para decimeros y le recomendaron que el año próximo viniera “con su gente”. El jurado no entendió el concepto Don Arcadio Hidalgo y el grupo Mono Blanco, esa formación un tanto ecléctica: dos jóvenes jarochos, un mexiconorteamericano y un veterano de la talla de Don Arcadio; para los organizadores suponía un abuso del grupo sobre Don Arcadio. Arcadio respondió: ahora esta es mi gente. Por nosotros, Mono Blanco, el tiempo habla.

Atinadamente los organizadores del evento se dieron cuenta de que el formato de concurso no funcionaba. A partir del tercer año se tranformó en el “Encuentro de Jaraneros en Tlacotalpan”. Desde entonces participamos, con trabajo propositivo, durante aquellos años en que se tocaban tres sones por día. Así que preparábamos a conciencia los nueve sones que habríamos de tocar. La organización física recaía en el personal de Radio Educación, en Humberto Aguirre Tinoco, y colaborábamos integrantes de varios grupos. De esta manera se repartía el trabajo y consensuadamente se tomaban las decisiones sobre la dinámica escenica.

En aquel tiempo, se daba una gratificación a cada músico y versador participante, para que con ello resolviera su hospedaje, transporte y alimentación.

En 1987 entró en escena el IVEC, al que me integré para continuar, desde la institución, el trabajo que veníamos realizando desde años atrás. Eso permitió que al año siguiente se doblara la cantidad que se entregaba a cada músico que participaba en el encuentro.

Y yo tuve una parte mas activa en la organización del encuentro.

Fueron años en los que más músicos campesinos, vaqueros y ribereños se acercaron al encuentro. Recuerdo con especial atención el grupo Son de Santiago, con Juan Zapata, Isaac Quezada, Cartuchito y Trujillo; tocaban un son de altura artística, sólo música, porque no traían cantador. Por ahí desfilaron músicos de gran conocimiento sonero. Aparecieron muchos músicos, que retomaron el instrumento y el canto, y regresaron los aficionados al zapateado.

Mono Blanco era en ese momento el único grupo que llegaba con una propuesta. Éramos el único grupo que podía foguearse en el escenario y tocar diariamente juntos por varios meses al año; aparecíamos con sones caídos en desuso y sones poco tocados. Además, con versada nueva.

Éramos profesionales, pero reivindicábamos el son como arte comunitario y compartíamos conocimientos del son con esa comunidad y aprendíamos del mismo son en varias regiones. El Encuentro de Jaraneros funcionaba como un espacio formativo para los músico y para el público.

Para entonces el arquitecto Aguirre Tinoco se había retirado de la organización y faltaban representantes tlacotalpeños en aquel colectivo que de buena voluntad trabajaban para el Encuentro.

Se realizó una junta con el Grupo Siquisirí, representantes, entonces, de “el movimiento” en Tlacotalpan. Se acordó con ellos conformar la asociación “Amigos del Son A.C.”. En aquel Siquisirí destacaban el Dr. Rodrigo Gutiérrez Castellanos y Don Guillermo Cházaro Lagos, hombres de liderazgo cultural y relacionados con el poder político. Con el paso de los años muchos músicos, jóvenes y mayores, han pasado por El Grupo Siquisirí, pero es Diego López el referente principal del grupo, y quien con el tiempo ha devenido referente del encuentro.

Cuando volvimos al año siguiente encontramos la sorpresa que la asociación se había transformado en Siquisirí A.C., y ya con ese logo se entregaron diplomas.

En 1995 Rafael Arías, entonces director del IVEC, y Siquisirí A.C. decidieron dejar fuera de la organización del Encuentro a Radio Educación, fundadora del encuentro y responsable de la dimensión nacional que alcanzó el mismo. La mayor parte de los soneros involucrados en el Encuentro protestamos mediante una carta enviada al IVEC. No hubo marcha atrás. A partir de entonces Siquisirí A.C., y más claramente ahora Diego López, decidieron que el encuentro les pertenecía.

Hace muchos años Mono Blanco dejó de asistir al Encuentro dado este alejamiento de su origen e intenciones primeras, y porque no se ha adecuado al crecimiento, en cantidad y en calidad, del movimiento cultural jarocho.

En 2005 iniciamos los “Fandangos Escénicos” en el barrio de San Miguel y después de trabajar duro la plaza prendió. Nos propusimos responsabilizar del fandango a un grupo por una hora, y en una enorme tarima se zapateaba, de tal manera que el público asistente podía ver el fandango y escuchar bien la música del grupo con el zapateo integrado. Los músicos libres se agregaban al grupo que tocaba sin afectar el liderazgo de éste.

Al año siguiente el grupo Siquisirí decidió tomar la plaza y con apoyo policiaco nos desplazaron. Las razones las explicó claramente Don Fallo Figueroa, integrante de Siquisirí, al periodista de Los Angeles Times que cubrió el evento. Para ellos se trataba de un asunto de intereses.

Pienso que los problemas del mundo empiezan cuando la persona deja de pensar en el bien común y trabaja para su bien particular. Ese pensamiento es el que desgarra a nuestra nación. Ese pensamiento es el que lamentablemente priva ahora en el Encuentro y es la causa principal por la que no deseamos participar en él, porque participar sería caer en la incongruencia de traicionar nuestro origen cultural, nuestro origen como nación, la incongruencia de traicionar el ejercicio democrático del fandango que es incluyente, multigeneracional y sin distingo de clase. En la incongruencia de actuar de forma contraria a lo que públicamente decimos que queremos para nuestra patria.

Cómo soslayar que según los designios de los organizadores del Encuentro algunos duermen en cama y otros en el suelo. Resulta más doloroso cuando los que duermen en el suelo son los viejos, de quienes mucho se vanaglorian aquellos que horas antes entregaron premios.

El colmo fue entregarle el año pasado una medalla a Don Higinio Tadeo y luego mandarlo a dormir en el suelo a sus 92 años de edad.

No sé qué destino tenga el Encuentro de Jaraneros y Decimistas. Sé que perdió la oportunidad de devenir el gran festival del son que debió de ser. El festival donde se presentarían en tres días lo tradicional campirano, de lo poco queda, y lo que trasciende, tradicional o experimental de los grupos profesionales, jóvenes y veteranos.

La historia nos demuestra que somos un pueblo dado a aguantar que nos den con la misma vara. El Encuentro, ejemplo de ello, repite en pequeño todos los vicios del Estado Mexicano. Ahora nos encontramos ante nuevos riesgos, con la explotación que de la cultura quieren hacer los gobernantes en beneficio de un turismo voraz, pero eso merece otra nota.


Gilberto Gutiérrez Silva

Director del Grupo Mono Blanco

4 comentarios:

Sebastian Rodríguez dijo...

Encuentro muchas coincidencias en toda organizacion social, pero como etnomusicologo mexicano, mas me duele que se este perdiendo esa expresion cultural y que se orille mas a un interes comercial todos somos dueños de un rasgo cultural como mexicanos y es nuestro dever preservarlo, po encima de intereses personales, asi que yo optaria por una organizacion comunal popular, como se ha iniciado todas estas expresiones, desinteresadamente, poniendo e invirtiendo su granito de arena, pero ahora con la diferencia de que se tentran que poner candados para proteger su autonomia, sin un solo lider sino comunal.

Rafael Figueroa Hernández dijo...

Aprovechando la invitación de Ishtar Cardona al decir que el debate está abierto, me permito contestar al texto que este 28 de enero de 2013 Gilberto Gutiérrez publicó en el Observatorio Cultural Veracruz, esperando que me permitan presentar otro enfoque de esos mismos hechos.
• Debo advertir que reconozco y respeto la figura histórica de Gilberto Gutiérrez y Mono Blanco como impulsores fundamentales de esto que hemos dado en llamar “movimiento jaranero”. Su trabajo y su visión fueron imprescindibles para el desarrollo y la consolidación de este movimiento de reivindicación del son jarocho. Sin embargo, una vez establecido como una figura respetada, e incluso idolatrada, por muchos, Gilberto ha querido muchas veces imponer sus puntos de vista como los únicos posibles en este movimiento, ha intentado crear una “única vía” dentro del movimiento jaranero que si de algo se puede vanagloriar es de ser diverso y plural.
• Para nadie que haya estado cerca de la organización del Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan es un secreto que Gilberto Gutiérrez siempre ha deseado tener el control del mismo. Ya fuera desde su posición como figura de opinión en el movimiento o como funcionario del Instituto Veracruzano de la Cultura, él intentó manejar el Encuentro para darle un rumbo acorde a su punto de vista.
• Una de sus críticas reiteradas fue la de la realización de un fandango en donde se le diera un lugar especial a los viejos soneros, por lo que se le propuso que coordinara un fandango en la explanada adjunta a la iglesia de San Miguel, a unas cuadras de la sede del Encuentro. Lo que se realizó no fue un fandango sino un encuentro sustituto. Como no pudo apoderarse de la sede de Plaza Martha, se construyó su propio encuentro, con recursos oficiales, según tengo entendido.
• La organización le pidió en repetidas ocasiones que regresara a su propuesta original y ante su negativa, se decidió que San Miguel se convirtiera, como se pensó inicialmente, en un área para fandango y lo hicieron simplemente con la pura fuerza de músicos y bailadores y no con la policía, como falsamente clama ahora Gilberto Gutiérrez.
• Señalo todo esto porque es muy importante que la opinión pública jaranera entienda que buena parte de la crítica y las acciones de Gilberto Gutiérrez con respecto al Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan no son sino una estrategia de lucha por el poder, por el control.
• Yo soy de los que creen que el encuentro todavía es viable y que puede ser modificado para su supervivencia como un espacio fecundo y creativo tanto para los músicos como para el público, y estoy, por lo tanto dispuesto a colaborar con los organizadores y con otros en su mejoramiento, siempre y cuando, claro, se haga de buena fe y de cara a la comunidad jaranera.

Anónimo dijo...

Mi pregunta es: ¿Por qué el Grupo Siquisirí tiene el control de quienes tocan y quienes no, y por qué efectivamente hay músicos que son tratados como músicos de primera y otros de segunda? ¿ Por qué RTV sólo da espacio a los soneros ¨palomeados" por gente del Siquisirí? ¿ Por qué se graba un disco con RTV y esa convocatoria no fue abierta? Son dudas que quisiera me Despejen entre Rafael Figueroa y Gilberto Gutiérrez. Saludos

Anónimo dijo...

Con saludos, me permito aquí opinar reiterando mi respeto a todos.
Primero doy mis comentarios sobre los puntos que marca Rafael Figueroa en su nota:
Sobre su primer punto, opino que si se reconociera y respetara el trabajo y la visión de Gilberto Gutiérrez en el desarrollo y consolidación del “movimiento jaranero”, lo menos que los organizadores podrían hacer seria escuchar y quizá hasta considerar su opinión para mantener un balance con respecto al beneficio de los músicos y de la tradición.
El segundo punto, que francamente suena acusador, curiosamente tiene el efecto opuesto y revindica a Gilberto como músico que aboga en lo particular por los músicos viejos —esos a los que ya no se les tiene paciencia en una fiesta.
Sobre el tercer punto, creo que si una plaza se dice ser pública es porque realmente debe serlo y no estar a merced de la decisión de nadie, ni siquiera de la fuerza que pueden ejercer músicos y bailadores. En convivencia sí, pero en afán de desplazamiento no.
Sobre el cuarto punto, mi lectura sobre esa “lucha por el control” de que se critica a Gilberto es la interpretación de que los esfuerzos de Gilberto son por reivindicar lo que deberían de ser los objetivos principales de un festival que se jacta de promover a los jaraneros, su música y su tradición.
En su último punto Rafael comenta creer posible la viabilidad para que el festival sirva bien tanto a los músicos como al público. Considero que el intento de muchos organizadores de complacer al público y a los músicos alternativamente a veces es fútil dado que las necesidades y los deseos de los músicos y el público son diferentes. En pocas palabras, con frecuencia en las presentaciones artísticas el público también falla.
Considero que el Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan actualmente se preocupa primordialmente por ofrecer el mejor entretenimiento al público y quizá por ello cae en el descuido de los músicos y en consecuencia de la tradición. Esto en si no habla mal de los organizadores ni del pueblo de Tlacotalpan en general, pero es algo que tiene que reconocerse para no querer llamar algo lo que no es.
La administración del arte popular tiene sus fallas, quizá porque no debe administrarse más que por el individuo que produce ese arte? Pero considerando que la administración es con frecuencia inevitable, opino que es indispensable que los organizadores de cualquier evento cultural se preocupen primordialmente por beneficiar a los artistas y promover el arte del que ultimadamente se nutre y recibe vida y sustento esa organización.
Considero que este dialogo tiene un par de fallas, corregibles:
Primero, me parece necesario clasificar para quizá clarificar el origen de las opiniones de Gilberto y de Rafael para poder tener visión de un objetivo sobre un plano más equitativo y justo para todos. Si me equivoco díganme, pero mi percepción del conflicto apunta a dos facciones diferentes: la opinión de Rafael apunta a querer mantener una organización que pueda conducir el festival de Tlacotalpan a tener cierto éxito (ya sea público, estatal, nacional, etc.) y que de ahi se nutra y beneficie el movimiento jaranero; mientras que la opinión de Gilberto apunta a abogar más bien por mejorías para los músicos locales y probablemente en beneficio de la tradición. Así son los planos en los que yo veo que se discrepa en opiniones.
Segundo, aconsejo que el dialogo no se torne en ataques personales dado que usualmente esos diálogos no llevan a solucionar nada y si a empeorar las situaciones. La objetividad y las ganas de llegar a un punto común satisfactorio pueden ser los mejores lubricantes para poner en marcha cualquier proyecto.
El paso principal, el de comenzar el diálogo —que a veces es el más difícil— ya se dio. Y para continuar la discusión hasta llegar a un punto intermedio de cooperación, sería cuestión de ver cuáles de las necesidades de cada facción y cómo se pueden resolver para poder así intentar ser inclusivos. Saber que necesita cada parte para que las dos facciones puedan comulgar en una fiesta común.
Mis mejores deseos para todos.